VIII - Los problemas de ser imprudente

809 Palabras
Dani no sabía que hacer. Los rumores se habían acrecentado y ya nada importaba. Estaba tan triste y con el corazón tan roto que no se reconocía. Aquel sábado tenía alergia porque había revuelto un poco el polvo al limpiar su habitación y no podía con los estornudos. Pensó en Sam, y en los chismes que corrían entre los dos, y que no había pasado nada. Y deseaba más, al menos saber que pensaba él de ella. Así que salió a buscar esas respuestas. Se vistió luego de tomar un antialergico, y esperó en la iglesia donde se veían cada fin de semana, se ocultó para que nadie más la viera porque no quería seguir escuchando los rumores y, al escribirle, se reencontró con él y le sonrió. -Hola. -Dani. -Él le sonrió y se sentó a su lado en las escaleras. -¿Cómo estás? No te ves bien. -Quiero saber algo, es que siempre las cosas entre tú y yo han sido tan fluidas que no sé como asimilarlo. -Dijo mirándolo a los ojos y tomando valor suspiró. -¿Tú me amas? Él no contestó y solo se levantó, y Dani sintió un vacío bajo sus pies que la estaba haciendo caer a lo más profundo. Sam negó y sacudió la cabeza antes de caminar de un lado a otro totalmente anonadado. -¿Quién te hizo pensar tal cosa? -Yo no lo escuché de nadie, pero yo he sentido tu cariño en tus palabras y en tus acciones, solo quiero saber si es solo amistad o es algo más, yo no quisiera que haya ninguna mal interpretación. Ya estoy harta de eso. -Sam la miró y suspiró. Dani sentía sus nervios en su pecho, latiendo con fuerza, desbocando su propia respiración aunque estuviera sentada. -Ya he sufrido mucho, Sam, y si eres mi amigo debes decirme la verdad, has escuchado lo que dicen de mí y no lo soporto. Y es horrible porque todo el peso cae sobre mí y no sobre ti. -Lo que sientas nadie debe porque hacerte sentir menos. Es algo tuyo y nada más. Lamento no haberte correspondido, eres una mujer muy preciosa, y dulce, y... también inteligente. Yo solo sé que mereces amor, pero no puedo dártelo. Yo estoy enamorado de alguien más. -Y le dio la espalda antes de irse, y ella volvió a sentir el corazón roto. Y por amor a Dios, creyó que eso sería lo único. Pero no. Cuando se fue vio que había algunos cerca de aquellas escaleras. Creyó que estaba sola con Sam, pero se dio cuenta de que no. Había sido imprudente, debió manejar aquella conversación por teléfono. -Si alguien dice algo, se las verán conmigo. -Había una extraña fuerza en su interior creciendo. Vio los rostros, algunos burlones y algunos con pena. -No quiero que se hable de esto. Pero no pudo contar con eso pues los días pasaron y ella era objeto de historias, de burlas, de toda clase de bromas por haber sido rechazada. No sabía como estaba Sam y quería saber que estaba pasando él. Seguro estaba mejor. *** Sam por su parte estaba definitivamente mejor que Dani, solo habían bromas en algunos momentos de parte de Dalvin y nada más. Y para aquellos momentos comenzó a salir con la chica que de verdad le gustaba, una preciosa mujer llamada Mily. Dani los tuvo que ver cuando iba de salida con los de la iglesia, el problema de aquella relación es que ella estaba casada con alguien más. -¿Todo está bien? -Míralos. Ojalá ella fuera libre para que él pudiera ser feliz del todo con ella. -Le dijo a Virginia mientras estaba sentado en la arena y veía hacía el mar donde estaba Sam junto a Mily. -Cuando la gente se entere los harán sentir muy mal. Los van a rechazar. -Es su elección, ¿No lo crees? -Dijo Virginia mirando a Dani quien estaba pensando en que podría volver a ser imprudente. Estaba con la envidia carcomiendo sus huesos y su corazón. Ella quería ser Mily, quien reía y paseaba por la orilla de aquella playa de Vargas con el chico que amaba. -¿Dani? -Tengo que hacer algo. -Se levantó y fue al mar a nadar un rato. Quería refrescarse las ideas y mantener la mente fría. Tenía que dejar de pensar en venganza. Sam no tenía la culpa de no corresponderle el amor, ¿Por qué ella iba a vengarse? Pero aunque se dio mil razones para no hacerlo, decidió ser imprudente y comenzar a esparcir un rumor. Uno capaz de destruir y hundir, pues en la religión en la que estaban el adulterio sería muy mal visto. Y así aquella tarde comenzó a correr el chisme imprudente de que Sam y Mily habían tenido sexo. Y se sintió de puta madre decirlo.
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