IV - Cuentos de terror

3174 Palabras
Noviembre tenía algo bueno. Una salida a la playa. Aniversario de la radio donde trabajaba su papá, así que los invitaban al paseo luego de un fin de semana espectacular. El arroz c***o era lo que más esperaba. Viernes y sábado pasaron de ensueño, sin ninguna molestia y con más conversaciones divertidas junto a Samuel. Y ahora era domingo y ya quería llegar al mar. Iba al lado de otra amiga, Virginia, mientras escuchaban música del teléfono de Dani. –Sin mentir, no puedo darte una personalidad si escucho tu playlist. - ¿Por qué? -Porque de un momento pasamos de Alex Campos a La quinta estación, luego Chayanne, Barbie, y hasta una canción china. -Es de un dorama, así que es coreana. -Como sea. Tu playlist no me dice quién eres. Oye, te quería preguntar, porque escuché algo interesante. ¿A ti te gusta … Elsa? - ¿Elsa? –Vio a Virginia mover sus ojos hasta donde estaba sentado Samuel lo que hizo que Dani captara todo y negó. –Por favor, no. Somos amigos, es todo. -Escuché que sí. - ¿Quién te dijo? -Es lo que dice todo el mundo, hay un chisme de que a ti te gusta. - ¿Qué? No, es imposible, solo somos amigos. Te lo aseguro. Solo echamos broma de vez en vez, no significa que me guste. -Mucha gente dice que hasta se ven bonitos juntos. -Por favor no repitas esas historias porque son mentiras. ¿Si? Y si oyes a alguien más decirlas, dile que las cosas no son así. Los chismes son como cuentos de terror, y para Dani eran lo peor. Siempre acababa metida en alguno, aunque ni sabía cómo. Ya se estaba poniendo cabezota. Recordó esos horribles momentos de su vida que por un chisme había quedado más rallada que pared con grafitis feos. Hacía años que había perdido amigos por una mala fama, incluso su propia prima la había odiado por un tiempo porque según el chisme, se había portado como una calentona y se había querido robar el novio de varias. Siempre que pudiera convencer a Sam que ella no había iniciado el chisme y que si escuchaba algo le preguntara a ella, todo estaría bien. No quería volver a pasar por lo mismo. Llegar a La Guaira fue maravilloso, no se parecía en nada a las playas de Cumaná, pero agua salada, era agua salada. Así que fue pisar la arena y quitarse como loca la ropa para quedar en la licra, la minifalda y la camisa para meterse al mar y nadar un rato. Era como si la playa tuviera la magia suficiente para drenar todas sus preocupaciones. Solo al rato fue que salió para tomar el sol. Se reunió con varios amigos en la orilla que estaban jugando a ganarse unas chupeticas haciendo retos. A uno llamado Carlos lo retaron a cantarle, y cantó una canción llamada “Encontrarte”, cuya letra era increíblemente romántica. Buscó su celular después, tomó fotos, corrió mientras se mojaba los pies y lo estaba pasando de maravilla. –Lo pasas bien ¿Verdad? Samuel. Tenía que convencerlo de que el chisme era mentira, pero estaba pasándola tan bien que no quiso dañar el día de aquella manera. –Sí, es hermoso. Amo el mar. -Yo no tanto, prefiero la montaña. Aquí el agua… es… -Espera, espera. –Rió al verlo dudar. –Lo que te pasa es que no sabes nadar. ¿Cierto? ¿O es que le temes al agua? -No le temo, la respeto. -No sabes nadar. -No, no sé. ¿Feliz? -No. –Se aguantó la risa y se cubrió la cara. –Si tuviera la fuerza te lanzara a lo profundo para que aprendas. -Yo tengo la fuerza, podría cargarte y lanzarse a lo profundo, para ver si nadas. -Por supuesto que sé nadar. - ¿Te cargo entonces? –Sonrisa Colgate peligrosa ¿Se los dije? Dani estuvo a nada de decir que sí para salpicarlo o jalarlo con ella, pero vio a los demás que habían ido con ella en el autobús y negó. El chisme…si la veían le daría alas al chisme. – ¿En serio? -En serio, iré a nadar. Disfruta tu arena y sol. Nos vemos. –Corrió mar adentro y se zambulló para nadar, llegando lo más lejos que podía, a donde el agua estuviera fría. Le ardían las mejillas y pensó por un momento como habría sido si hubiera dicho que sí. Y de pronto pensó… ¿Por qué no dije que sí? Nadó y luego de media hora volvió a la orilla. Había bananas y paseos en bote por la costa. No tenía dinero, pero alguien le pagó un paseo. ¿Quién? No sabía, sus papás no tenían dinero, y ella se había gastado el sueldo en un libro nuevo, pero no era momento de cuestionárselo. –Sube entonces si vienes. -Si voy. –Asintió subiendo en la banana que llevaba la lancha al mar abierto luego de ponerse el chaleco salvavidas, esa era la clase de emociones fuertes que necesitaba en la vida, no enamorarse. El océano estaba precioso, abrir los ojos bajo el agua y ver el fondo, perfecto a su parecer. Disfrutó las caídas en el mar. Definitivamente la playa tenía el poder para drenarle los problemas, porque después de aquello y del helado que tampoco supo quién pagó, ni siquiera se acordaba del cuento que había oído. *** Las charlas con Samuel eran más seguidas, pero, por miedo, había parado de hacerlo en público, hablaban por f*******:, w******p, cualquier medio que evitara estar frente a frente. Pero se volvían cada vez más profundas. Hablaban de sueños, de metas, cosas que les gustaban, series. Incluso trabajo. Hasta que, un sábado, oyó el chisme completo. El cuento de terror. Estaban en la cocina dos mujeres, mientras estaba en las escaleras leyendo un capítulo de la biblia no pudo evitar oír, es que tampoco eran muy sutiles para hablar. -Es que no combinan. Ella es muy niña. Muy inmadura. Samuel ni siquiera debería considerarla amiga. -Samuelito es demasiado amable con ella, se va a venir ilusionando la pobre. - ¿Quién te dice que ya no está ilusionada? Le gusta, es obvio. Se ríe todo el tiempo con él, se pone roja… Pero no me sorprende, ella es así. ¿Sabes cómo era cuando tenía quince?, la coqueta más tonta que hubiera conocido. No quiso oír más, solo le levantó y al pasar por la reja de la cocina vio cómo se quedaban en silencio. Obviamente hablaban de ella… Orgullosa pasó con la frente en alto, ya no era una nena de quince años, sonrió dándoles una inclinación de cabeza como si fuera una reverencia y pasó por la puerta para irse a beber agua. Aunque dolía que todavía se refirieran a ella de esa manera cuando no era coqueta ni tonta. A los quince años no estaba detrás de todos los chicos… Solo le gustaba uno, así que nunca supo cómo había sido creado aquel chisme. Daba igual, ella sabía la verdad. ¿Qué importaba lo que pensarán los demás? Subió las escaleras y entró al baño, se lavó la cara, respiró profundo, al salir, notó algo raro. Samuel la rehuía… Había oído todo el chisme como ella. -Bueno, ¿Y a quién le importa lo que piensen los demás? –Se dijo para entrar al templo a seguir leyendo el capítulo de la biblia donde había quedado. Aunque no pudo concentrarse, porque… había alguien a quien le importaba… Ella misma. Tenía una lucha mental nuevamente, entre que no importaba lo que pensaran y en que no quería que pensaran tan mal de ella. Constantemente en su cabeza iba de un lado a otro con frases como: “Qué se imaginen lo que quieran, Dios y tú saben lo que has hecho y de que cosas eres inocente…”; “¿Realmente les doy la impresión de ser una prostituta o algo así?”; “No te importa lo que la gente hable de ti, importa en tu vida lo que Dios piense de ti.”; “¿Por qué otra vez piensan mal de mí y no me conocen de verdad?”. Más y más seguido oía historias de ella. 99% era mentira. *** Vivía encerrada en el cuarto, si nadie la veía, entonces no habría historias ¿No es así?, los sábados fingía tener alergia, puesto que con cada cosa que escuchaba, se quedaba llorando hasta tarde y su cara era una hinchazón de mocos a la mañana, por lo que era fácil mentir. Cuando Mistral, Alejandra o Virginia iban a verla, solo les decía que tenía alergia. - ¿Qué te da tanta alergia? –Preguntó Alejandra una vez. -La vida, hija. La vida. –Mentira no era. Su lista de cosas a la que era alérgica estaba bastante larga. Polen, perfumes, ace y detergentes, salsa de soja, diclofenac, aspirina, dipirona, polvo, humo… y sigue la lista. –Me quedé dormida luego del antialérgico. -Sí, te extrañamos en el culto. -Presta atención para que no me extrañes, querida. -Oí algo hoy. -Dime que no es de mi porque así sí me muero. -No, de mí. –Suspiró casi a punto de llorar. –Acompáñame a las escaleras, ¿Si? –Asintió. Sabía cómo se sentía Alejandra si había oído un chisme de ella, ella sentía lo mismo. Salió con ella y la acompañó a las escaleras traseras, tras un salto, se sentaron sobre el techo que cubría el lavadero. –mi tía, Dayana… Con Mabel. Ding, ding. Las dos chismosas de la otra vez. –Lo siento mucho. –Dijo sin querer saber que habían dicho de la chica de catorce años. –Sé lo que se siente. En serio. -Lo sé, también hablan de ti. Se burlan de tu amistad con Samuel, no creen que puedas ser solo su amiga. -Lo sé, las escuché. Pero no quiero saber más, si él tiene algún problema conmigo sé que no se lo va a callar y me va a decir que tiene en mi contra… Es un odioso solamente, no un patán. -Ten cuidado, si el chisme se riega… -Sé lo que pasaría si se riega, pero… ¿Tú? -Mi tía Rosmary oyó lo que dijeron de mí, de que estaba de coqueta con dos a la vez, y quiere enviarme con mi abuela a Mérida o con mi mamá a Colombia y no quiero irme. No sé cómo convencerla de que es mentira. -Yo no sé cómo ayudarte. -Solo necesito desahogarme. Porque no puedo creer que el chisme venga de alguien que es de mi propia familia. Es lo que no me gusta de esta iglesia. Todos son tan chismosos. Si sientes algo por Samuel, ocúltalo, disimúlalo y no se lo digas a nadie. Pueden hacer que la cosa más bonita que te pase sea un completo infierno. -Gracias por el consejo. –El sol había ayudado a que se le bajara un poco la hinchazón de la cara, escuchó a Alejandra con todo su problema, la vio llorar, la abrazó, intentó ser de apoyo. Era como verse a los quince, rota, sola y con una sarta de cuentos de terror tras ella, siendo la mayoría mentira. *** Decidió que se dejaría de esconder, se arregló lo más que pudo, aunque su cara estaba roja e hinchada, pero entró al templo a ver el servicio de la tarde. Se sentó en las bancas de atrás, porque, aunque no quería esconderse, también quería evitar todo el chisme. – ¿Ya te sientes mejor? Dijeron que tenías alergia. - ¿Ah? –Lo vio de reojo y asintió. –Sí, tengo alergia. –Se sintió extrañamente feliz, porque si estaba hablándole era porque no creía los chismes o no los había oído. –Mucho humo. Hueles a colonia. -Invictus. –Vio a Dani cuando se rodó un poco a un lado para alejarse y alzó una ceja. – ¿Qué pasa? -Soy alérgica a las colonias también. Huele rico, pero eso me haría estornudar. –Dijo cubriéndose la cara con su bufanda fucsia. –Lo siento. -No sabía. –Notó que le veía los pies. Tenía unas nuevas botas. –Bonitos zapatos. -Gracias. –Sonrió, aunque él seguro no lo vería porque tenía la bufanda en la cara. –Me los hizo mi mamá. –Terminó por decir porque las botas que llevaba puestas eran a crochet. -Se ven cómodas. -Lo son. En serio. Y muy cálidas. -Yo las usaría. - ¿Con florecitas y todo? -No, obviamente. –Rió y Dani pensó en que lo más peligroso de Samuel era su sonrisa, seguramente. *** Richard. Entrando noviembre le escribió nuevamente. Honestamente, lo extrañaba, pero no como novio, sino como amigo. Era bonito hablar de todo, ser cómplices y planear historias juntos. Así que cuando le habló, su corazón dio un salto gigantesco de felicidad. “Dani. Lo siento por todo. Todo este tiempo que no me has hablado me hizo darme cuenta de todos mis errores. Debí haber hecho las cosas bien y no mentirte. Tenía tanto miedo de perder tu confianza que preferí callarme. Espero puedas perdonarme, porque sobre todas las cosas, eres mi mejor amiga, contigo podía hablar de todo, y aunque haya conocido un nuevo amor, y todo vaya de maravilla, también extraño tus ocurrencias. ¿Podríamos ser amigos?” En lo que respectaba a Dani, ella lo había perdonado ya. Y también lo extrañaba. Él lo había dicho, eran mejores amigos. Le contestó con un audio, pues, le temblaban las manos para escribir una respuesta. “También eres mi mejor amigo, Richard. En serio, Gordo. Te quiero un montón, y todos nos hemos equivocado alguna vez, no somos perfectos. Ya yo te perdoné. Espero que todo te vaya de maravilla con Andrea. Solo prométeme algo, ¿Si?, no tengas los mismos errores con ella. Háblale de frente si algún día te vuelve a pasar algo similar.” Había pasado página más rápido de lo que había pensado. Cualquiera diría que no había sido amor, pero se equivocaba. Había amado a Richard, seguía amando a Richard, solo que de manera diferente. Ahora era como hablarle a alguno de sus hermanos. “¡Dani! No pensé que fueras a contestarme. ¡No pensé que…! Me alegra saber de ti ¿Cómo estás tú? ¿No estás deprimida ni nada?” “No, nada. Los primeros días, sí. Estuve triste, pero comprendí que solo necesito a Dios y a mí misma. Y el amor vendrá solo…” “Me alegra leer eso, Dani. De verdad. Oye, te quiero presentar a Andrea… ¿Puedes?” “Mala idea, Richard. ¿La nueva y la ex?, tal vez con más tiempo. Creo que no le caería bien, pero por supuesto que la quiero conocer.” Y era cierto, quería su ex amor, por siempre amigo fuera feliz. Él le había regalado momentos felices, si había alguien que le estuviera regalando apoyo y felicidad, él lo merecía. Estaba con la mirada perdida en la nada, sonriendo, cuando alguien le hablo y se sobresaltó. –Dios mío. ¡Sánchez! -Cálmate. ¿En qué pensabas? -En nada. Hablaba con mi mejor amigo. Tiene una nueva novia, ella estuvo celosa de mí, y lo cierto es que yo una vez lo estuve de ella. -Suena a que estás enamorada de él. -No. Para nada, Samuel. ¿Qué se te ofrece? -Me dijeron que tenéis una serie que yo quiero. - ¿De qué serie hablas? -Avatar. Ya no tengo nada que ver y me dijeron que tú siempre tienes cosas nuevas, películas, series, recomendaciones. - ¿Quién corrió el chisme? –Rió y abrió la laptop. –La tengo completa, todos los libros. - ¿Descargarías una para mí? Recomiéndame una serie. -Juego de tronos me encanta. Tengo los primeros capítulos… ¿Tienes a donde pasarlo? -No, lo cierto es que no. –Ella solo sacó su pendrive y pasó algunos vídeos y se lo dio. –Gracias. Oye, recordé algo, el día de mi cumpleaños, cuando iba en la moto, tú ibas grabando. ¿Me pasas ese vídeo? -No sé dónde está, lo buscaré. ¿Para qué lo quieres? -Nunca me he visto manejando y quiero verlo. -Ah. Bueno, te ves bien. - ¿En serio? -Sip. En serio. Lo buscaré y te lo enseñaré. Pero hablando de series, yo te dije una, dime tú una… Porque es lo justo. -Sherlock. Con el mismo actor que hace Doctor Strange. ¿Te gusta Marvel? -Tengo todas las películas que han salido hasta ahora. –Presumió orgullosa. - ¿De verdad? ¿Me las pasarías? -Por supuesto, solo que son muy pesadas, tendrías que traer algo donde llevártelas. -Traeré la laptop, sales luego de las cinco ¿No? -Sí, como hoy, como siempre. -Perfecto, o tal vez un domingo, con calma las pasamos. -Okay. Está bien para mí. No hablaron más, él se terminó yendo, aunque de nuevo, con una sonrisa de esas matadoras que ya le estaban derribando las barreras. Buscó el vídeo que le recordó, lo vio, y prefirió guardarlo. ¿Fingir haberlo borrado era buena idea?, estaba demasiado nítido y en ningún momento enfocaba a otro conductor en la pista y eso que no era el único motociclista que iba en la avenida. ¿Y si mal pensaba y creía que estaba enamorada de él? -Ya vas a pensar mal, reacciona Dani. –Guardó la laptop y entró al cuarto donde se quedaba con su familia. Hacía ya varios meses que no veía ninguna comedia romántica y se le antojaba una. Se puso a ver “El stand de los besos” y fue una mala idea. Se conectó al f*******: después, y encontró un mensaje de una amiga que ni siquiera estaba en Caracas. “Me dijeron que te gustaba Samuel ¿Es cierto? Si es así, olvídate de eso. ¿Quieres?, es por tu bien… Hablaré con él para que deje de ilusionarte” -Al ca… -Estuvo a dos segundos de decir una grosería, ¿Quién rayos regaba el chisme? ¿Y por qué tendría que hablar con él? ¿Por qué todo el mundo quería meterse de pronto en su amistad? ¿Por qué todo el mundo decía que no? Estaba harta de que le dijeran que debía olvidarse. Eran amigos y eso no tenía por qué importarle a nadie. Existía la amistad entre hombres y mujeres. Podía tener una amistad con Samuel y nadie tenía porque meterse. La estaba dominando la ira, y para evitar decir algo impropio, simplemente, decidió salirse del internet. Puso alguna de sus canciones para relajarse. Como quien dice: “La música amansa las fieras”, y en ese momento estaba FURIOSA. Como supiera quien estaba con el chisme lo iba a poner en su lugar, porque ya era el colmo que la historia hubiera salido de Montalbán y hubiera llegado a Guarenas. Si seguía así, en cualquier momento llegaba a Cumaná.
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