V - Una que otra mentira

2332 Palabras
Diciembre otra vez, y decidió no darle importancia al cuento que corría por ahí. Aunque ya estaba harta, y aunque buscaba al culpable no daba con el iniciante del chisme. Le daba igual ya, pensaba que la verdad iba a salir, y si no salía la haría salir porque iba a decirla. No se iba a dejar hundir por otro chisme. En lo que respectaba a su amistad con Samuel, seguiría hablándole y lo haría en público. Si querían hablar, que hablaran con ganas. - ¿Canción favorita? -No tengo. Me gustan como cinco, tal vez. ¿Tú tienes alguna? -No, no podría elegir. –Le quitó el celular de las manos y lo miró. –A ver que hay en tu playlist. -La contraseña es GATO. - ¿En serio? Los odias. -Sí. Los odio con todo mi ser, no me gustan los gatos. –Rose puso la contraseña escribiendo la palabra por los números. –Mi playlist no es muy cristiana. -La mía tampoco, es un feo defecto que debo corregir. –Se puso a ver la lista y rió. –Siento que veo mi teléfono, solo le faltan las canciones de doramas y ya. ¿Jonathan Molly? ¿En serio? -Gusto culposo. -Ya veo. ¿Morat? -Me gusta esa canción de “Acuérdate de mi” - ¿Y Havana? -Uh nana. –No pudo evitar reírse y le devolvió el celular. – ¿Qué? -Na na na na. Que buena playlist, pero tienes razón, no es muy cristiana. -Porque no viste más, abajo estaban las de tercer cielo. Como dos. -Dos en medio de ochenta mundanitas. Ay hermanito. –Dijo bromeando con él. -También hay de Jesús Adrián Romero. -Y vi de rap. ¿Escuchar Rap? No te creía ese estilo. -Tú tampoco pareces de ese estilo y sabes que es. -Touché. –Rodó los ojos y al ver entrar a Dayana y a Mabel al salón comedor ese sábado, se levantó rápido. –Ya vuelvo… -Casi se fue huyendo y se estaba quebrando la cabeza por haber sido cobarde. ¿Acaso no había dicho que no dejaría que le importara lo que dijeran? Pues era más fácil decirlo que hacerlo. No estaba enamorándose ¿O sí? –No… No, solo somos amigos. Eso es todo. –Eso quería creer. *** Habló con Richard aquel fin de semana, le contó todo lo que estaba pasando porque necesitaba alguien en quien confiar. –Esto es extraño, ¿Sabes? –Dijo viéndolo por la cámara. –Es que no puede estarme gustando, porque no siento nada. Digo, con anteriores amores se me aceleraba el corazón y era como una avalancha. Es solo un amigo, y… yo… - ¿Tú qué? -No soy tan bonita. -Al demonio con eso. Tú eres preciosa, muy amable y dulce. Así que deja de decir esa tontería, son mentiras, y pendejo el que diga que no eres preciosa, porque lo eres... ¿Sabes? Así me sentía yo contigo. No era arrollador, Rose. Me dabas paz, confianza, tranquilidad. - ¿Así te sientes ahora con Andrea? Espero que sí. -Sí, y tal vez de eso se trata el amor ¿No?, no de quien te mueve el piso, sino de quien te da estabilidad. Tal vez él sea para ti. -No lo sé. Me conformo con tener amigos. No sé si quiero enamorarme ahora. No estoy lista, quiero un tiempo para mí. Es lo más sano. -Bueno, si pasa algo, me dices, quiero toda la historia. -Lo sabrás, aunque de una te digo, NO SUCEDERÁ NADA. Es más, todos los que andan con el chisme están de: “No te ilusiones… bla, bla, bla…” -No lo hagas, eso supone que acabarás decepcionándote. ¿Sabes? Tú lo sabes y yo lo sé, los dos lo sabemos. Te pasó con Erick, me pasó con Zoe… Antes de encontrarnos ¿Lo recuerdas? -Lo recuerdo. Sí. –Se había engañado a sí misma, las ilusiones eran como un espejismo de oasis en medio del desierto. Una mentira sobre otra mentira para poner perfecta a una persona, y cuando algo rompía la ilusión, dolería. -Ya, olvidemos todo esto. ¿Por qué no cantas? - ¿Qué quieres que cante? -Ah, ¿Accedes? –Rose se echó a reír a carcajadas mientras se sentaba con las piernas cruzadas sobre la cama. –Entonces es un sí. -Sí, pedazo de idiota. Elige antes de que me arrepienta. -Ya sé. Canta… ¡No sé! No tengo nada. -A ver, yo elijo por ti. Tampoco sé, pero algo me vendrá a la cabeza. Lo primero que se nos ocurra. ¿Banda o cantante? -Ed Sheeran. –Soltó Richard rápido. –No, no, no. -Listo, lo elegí. –Le sacó la lengua y comenzó a cantar “Shape of you” completamente muerta de risa. –Esto fue divertido. -Otra, ¿Ha-Ash? -Sencillo. Tengo esta canción pegada y no debería. –Luego de cantar “Dos copas demás” y seguir como con cinco cantantes más vio la cara de su amigo como la de un idiota. – ¿Qué ratas te sucede? -Deberías ser cantante. -No. Tengo pánico escénico. -Deberías ser cantante. De verdad, cantas muy bien. Creo que deberías ser cantante. Únete a un coro, una banda, lo que sea. Pero todo el mundo debería escucharte. -No, canto mal. Créeme. -Bobadas, cantas espectacularmente. Y tu cara. - ¿Qué tiene? -Expresa toda la canción porque la sientes, eso… eres una artista, no solo dibujas o escribes… también cantas. -Si bailara sería el combo. -No, pero nadie es perfecto, y tú no bailas ni porque tu vida dependa de ello. Lo sé. –Era cierto, nunca había podido bailar. –pero sé cantante. -Richard, eso es una locura. -Sí, lo sé. Pero tú eres una chica que ama las locuras, no naciste para quedarte quieta. ¿Comprendes? Por eso, sé cantante. -Estás demente. –Lo cierto es que quería hacerlo, pero le daba miedo. Eso era una verdad absoluta. Decidió que lo pensaría. *** Para aquellos días encontró una novela nueva que leer. Se llamaba “Unidos por la tinta”, su autora, una argentina cuyo nombre le causó gracia al instante, (Carolina Herrera), era una chica muy chévere y con quien se podía hablar fácil. Se volvió fan de su historia y de tanto hablar para entonces, se hicieron compañeras escritoras. Y se habían leído mutuamente. –Veo que tus novelas son muy sanitas, no tienen escenas así candentes… -Ah, bueno sí. Porque me da pena escribirlas, así como en tu historia. –Respondió Rose. –Y literal, si fuera a narrarlas, me quedaría en blanco porque yo no sé nada de nada. - ¿Qué? ¿Qué edad dices que tienes? -22… ¿Por? ¿Qué tiene de raro? - ¿Y no sabes nada de nada sobre… relaciones? -No, nunca he hecho nada de nada. Eso no es nada raro. -Mujer, ¡Si eres como una especie en extinción!, ahorita las chicas pierden la virginidad a los 15. ¿Te rezo? -No, jajaja. ¿Solo por eso?, ya, es que yo creo que es lindo reservarte para una sola persona, no andar probando de todas partes… El mundo es injusto, si es un hombre, pues el macho, si es una chica, pues la mujerzuela. Además, es fornicación. Y soy religiosa y creo en eso. Sé que Dios me dará a alguien cuando sea el momento, no me aflijo por eso. -Eso es tierno, eres tierna. Yo pienso lo mismo que tú, solo he tenido un novio y ahora es mi esposo. Tengo tu edad también. Nos conocimos a los quince, y nos casamos con la mayoría de edad, y tenemos un niño. - ¿Cómo la novela? ¿Incluidas las escenas más calurosas? -Está basada en nuestra historia. Más o menos. Las escenas calurosas tienen mucha censura porque no voy a estar escribiendo mi vida privada. ¿Tú no tienes a nadie? ¿Algún pretendiente? ¿Nadie que te pida matrimonio, así como Alex a Ámbar? ¿Algún chico lindo que te llame la atención? -No, soy soltera, ¿Alguno que me llame la atención? –Enrojeció. Eso tal vez, pero no estaba segura. Samuel era lindo, pero eso no era motivación suficiente. –No, no, ninguno. -Mientes. -Claro que no. –Sí, estaba mintiendo. Se comenzó a sentir mal de eso y contestó con la verdad. –Bueno sí. Hay uno, pero somos amigos y ya. –Eso era verdad. - ¿Nombre? Tal vez escriba algo sobre ustedes para que exista la historia de amor, aunque no pase nada. -Samuel, pero no uses ese nombre, ni el mío. - ¿Qué tal… Eleonor? ¿Te gusta ese nombre? - ¿Y el nombre del chico? -Franco. Listo. Eleonor y Franco. El ship lo llamamos FRANOR, ella es una cantante, él, su amigo, guardaespaldas, le ponemos una moto… listo. Ella no había dicho que su chico de la vida real tenía una, y no quiso decirlo tampoco. –Estaré ansiosa de leer eso. -Querida, tú lo escribirás conmigo. Desahógate. - ¿Y Eleonor debe ser cantante? -Sí, definitivamente. Te escuché cuando me mandaste el audio con la canción de Alex y Ámbar y me encantó. Tienes que ser cantante en mi novela. -Okay. –Igual era ficción. Todos los días se conectaba con Carolina a escribir partes de aquella novela de locura con cosas que JAMÁS iban a suceder. Fue divertido hacerlo. Como ella dijo, sirvió para desahogar cosas y dejar muchas en claro. Tal vez tenía una atracción muy pequeña pero no estaba enamorada. Estaba feliz por eso. *** -Cuando las personas se enamoran le gustan olores característicos. –Escuchó a Dalvin junto a otros chicos hablando. Uno era su primo Jahaziel, y el otro un chico llamado Jeremy. Terminó por bajar las escaleras sin hacerle caso realmente, se sirvió un vaso con agua y al estar bebiendo casi se ahoga con lo que dijeron. –por ejemplo, a Rose le encanta el olor a aceite de motor e Invictus. ¿Qué ratas? La risa se extendía por el grupo. ¿Tan lejos había llegado la historia? Definitivamente lo sabían todos. Casi podía sentirlo. No dijo nada, dejó el vaso y se dio media vuelta para subir y encerrarse para no volver a asomar su cara por el mundo nunca más. ¿Fecha? Diciembre. -Maldición ¿Por qué no me dejan en paz? –Dijo tras cerrar la puerta tras ella y respirar agitada varias veces. Le estaba matando la ansiedad, le temblaban las manos, se sentía mareada y quería vomitar. Que estuvieran hablando así sobre ella como si fuera la única vida interesante existente le traía malos recuerdos. Quería esconderse, huir, lo que fuera… -NO, ¡No dejes que ganen! –Había pasado un tiempo en terapia por eso. Para su suerte, en su antigua universidad, el psicólogo era gratis. Si quería que pararan, debía ser valiente y enfrentarlos. Desde la raíz. Y ya que no encontraba al autor de los cuentos, tenía que ir con el otro protagonista del mismo. En aquella hora no tuvo valor para hacerlo. Le llevó algunos días armarse de toda la valentía necesaria. Y ya no pudo soportarlo más. Eran demasiadas mentiras y tenía que pararlas como diera lugar. Y no, no se sentía poderosa en lo absoluto, de hecho, estaba vulnerable, con el alma expuesta, y estaba haciendo que algo lindo que tenía, que era una amistad, fuera una burla. Y eso no podía tolerarlo. Iba a decirlo en persona, pero se arrepintió porque la voz le temblaba y comenzaba a tener ansiedad nuevamente. Así que se desahogó haciendo lo que mejor sabía hacer. Escribir. “Hay una historia corriendo por ahí. Todos en la iglesia dicen que estoy enamorada de ti. Pero no es cierto. ¡Somos amigos!, detesto que mi boca ande en nombre de todos, y si ya lo oíste o no, lo desconozco, pero a mí no me gustan los chismes. Se burlan y yo no soy ningún tapete de nadie. Mis sentimientos de todas formas no son asunto de nadie, así que, por favor, si oyes algo, dímelo, ¿Okay?, no pienso seguir oyendo más historias así, voy a poner a todos en su lugar con la verdad. Por favor, tampoco les creas. Si oyes algo que nos incluya, pregúntame. Que yo responderé con la verdad si dije o no dije, o si hice o no hice. A mí me cuesta socializar con las personas, me da mucho pánico… y con chismes así, mentiras que ruedan, me da muchísimo más miedo y terror. No quiero que arruinen la amistad que tengo contigo. Me mudé apenas, conozco a muy pocos, solo quiero estar en paz…” La respuesta fue lo que Rose no esperaba, pero era lo que necesitaba para que sus palabras se volvieran en su contra. “Wow. Lo sabía. Se nota que te cuesta. Ciego no soy. Te pones pálida cuando hay demasiadas personas, te muerdes las uñas y te frotas las manos, totalmente nerviosa. Y sí, oí algo, pero yo no le hago caso a chismes. No soy un niño para creer en cuentos. Somos amigos, Rose. ¿Sabes algo? Eres valiente, porque aún con el miedo que le tienes a las personas, aunque no sé porque, eres capaz de enfrentar y defenderte de las mentiras. Eso lo admiro… No te preocupes, que a los cuentos yo no les creo. Prefiero la verdad.” Quiso llorar de felicidad. Y lo hizo, acabó abrazada a un cojín y una manta llorando, drenando todo el miedo. Había expuesto tantas veces su corazón y había acabado rota, burlada, y hecha añicos. Tenía tanto miedo de exponerse otra vez, que, cuando vio esa respuesta con un voto de confianza, supo que no todas las personas eran iguales. Y entonces Rose deseó con todas sus fuerzas enamorarse de alguien como él cuando se enamorara otra vez. Olvidó que había que tener cuidado con lo que se deseaba.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR