Ya todos habían subido al tren y sabía que se estaba quedando atrás. Temía no poder subir. Hacía tan solo unos segundos había visto a Uriah subir, junto a Lynn y Marlene, así que no tenía a quién pedirle ayuda.
Eric les había dado pistolas, una caja de bolas de pintura para llenarlas, y un chaleco bastante pesado; su arma colgaba en un hombro y golpeaba su espalda al correr, la caja pesaba en uno de los bolsillos de su chaqueta, casi parecía que esta iba a caer, y el chaleco presionaba su pecho, asfixiándola.
Tomó una fuerte inspiración, decidida a subir al tren de una vez. Para su suerte Cuatro había asomado parte de su cuerpo fuera del vagón. Corrió ignorando en dolor en su tobillo y abdomen, se acercó al tren dispuesta a subir, fue entonces que Cuatro estiró una de sus manos para ayudarla, ella la tomó sin dudar y subió con facilidad; obviamente gracias a la fuerza de Cuatro, pues si él no la hubiera ayudado, seguiría corriendo sin poder subir.
Al estar dentro no pudo ni siquiera ponerse en pie, su tobillo dolía bastante y una punzada de dolor que había atravesado su pecho la había dejado sin aire. Ni siquiera tuvo la oportunidad de recostarse en una de las paredes del vagón, se recargó en el cuerpo de Cuatro, que la miraba extrañado; pero no hacía nada para apartarla.
—Eso no lo hizo Peter—, susurró Cuatro sólo para ellos dos.
—No—, apretó los ojos y respiró profundo una vez más levantando su cabeza del pecho de Cuatro, esta vez recostándose en una pared del vagón.
Él suspiró molesto y caminó a la pared frente a ella. Quedaban mirándose el uno al otro.
—¿Quién te dejó salir?—, Eric se acercó.
Recordó haberlo visto en la enfermería. Cuando Uriah la había llevado para que se quedara allí pues estaba realmente mal después de su pelea con el hombre ebrio; Eric también estaba allí, llevando a uno de los iniciados, seguramente acababa de salir de alguna pelea.
Recordó sentir la mirada de Eric sobre ella, para finalmente verlo salir de la enfermería. Y luego salir ella, escuchando a Uriah quejarse a sus espaldas.
—Umm... yo lo hice—, susurró altanera.
—¿Tu lo hiciste?—, alzó su perfilada y perforada ceja y la miró serio, con superioridad. Luego soltó con simpleza, aún manteniéndose serio: —Okay.
Miró a Cuatro, quien tenía una pequeña sonrisa en los labios. Seguramente los había escuchado.
Eric se fue con su usual mueca de superioridad.
Desde que había subido al tren todas las miradas de los iniciados en el vagón, yacían sobre ella, una que otra mirada caía en Cuatro y luego nuevamente en ella. Ella fingía no notarlas. Ella fingía no escucharlos especular sobre alguna relación secreta entre ellos dos.
Ojalá. Pensó con gracia.
Christina, Al, Will y Tris se acercaron a ella casi corriendo. A pesar de mantener su vista en el suelo, notó su presencia pues las botas de ellos aparecieron en su campo de visión.
—Demonios, te ves fatal—, Will saltó.
—Gracias, Will, a las chicas les encanta que les digan eso—, susurró sarcástica, haciéndolos reír.
—Es la verdad—, Christina rió—. ¿Cómo te hiciste eso? ¿Acaso saltaste del Abismo?
—No... sólo fue... una estúpida pelea.
—Peter no te hizo eso—, susurró Tris.
—Eso mismo dijo Cuatro—, dijo con una sonrisa altanera en su cara. Pero incluso sonreír le dolía, así que esta se desvaneció tan pronto como apareció—. Aunque la pregunta también va para Tris. Quién demonios la dejó salir de la enfermería, escuché que se veía fatal.
—Yo lo hice—, dijo de la misma forma que ella le había dicho a Eric.
Los cuatro siguieron en su conversación, ella sólo aportaba algo cada cierto tiempo, pero luego volvía a mantenerse callada.
—¡Dos equipos! Cuatro y yo somos capitanes—, Eric rugió—. Jugaremos Captura la Bandera.
Todos empezaron a cuchichear como era de esperarse. Vio la cabeza de Uriah sobresalir entre la multitud y aprovechando la distracción de sus compañeros, caminó hasta su amigo. O, mejor dicho, cojeó hasta él.
—¿Qué demonios estas haciendo aquí? ¡Te van a destrozar, pecas!—, Uriah medio susurró, medio gritó al ver a su amiga agarrarse de su brazo para no caer.
—Quería venir—, se encogió de hombros.
—¡Es impar! Uno de nosotros tendrá uno de más, puedes ser tu, Cuatro—, una sonrisa socarrona se plasmó en la cara de Eric.
—Aprecio el gesto, a pesar de no necesitarlo para ganar, lo voy a aceptar—, Cuatro murmuró egocéntrico, haciendo que la sonrisa en la cara de Eric se desvaneciera.
—Elije—, Eric soltó, jugando con el arma en sus manos.
—A la Hippie— miró al suelo, como avergonzado, con una sonrisa creciendo en su rostro. Él alzó la mirada aún sonriendo, para verla junto a Marlene, ella le devolvió el gesto pero con las mejillas sonrojadas.
Uriah notó esto, no perdería su oportunidad para molestar a su amiga un rato.
—Bien...—, soltó Eric—. Peter.
—A la Estirada—, habló Cuatro, desafiando a Eric con la mirada.
—¿Qué pasa, Cuatro? Los escoges débiles para culparlos cuando pierdas—, el rubio se burló.
—Algo así...
Cuatro prefiere a la inteligencia sobre la fuerza. Quiere hacer un buen plan para ganarle a Eric y a su séquito de orangutanes. Pensó, recostando su cabeza en el hombro de Uriah.
Lynn hablaba con ella en voz baja, a veces intervenía Marlene, Uriah solo escuchaba. Estaban distraídas, ya que primero se dividirán a los transferidos y luego a los nacidos en Osadía.
En cuanto escucharon el nombre del primer nacido en Osadía se quedaron callados, poniendo atención a sus nombres. Había sido el nombre de Uriah, por suerte, Cuatro lo había elegido.
—Esta es su bandera—, Eric alzó un gran trozo de tela brillante, de modo que todos la vieran, luego se la entregó a Cuatro e hizo lo mismo con su propia bandera, ésta entregándosela a Peter—. Pueden bajar primero.
Eric le dijo a Cuatro, haciendo presente su altanería. Cuatro se volvió a mostrar sereno cuando dijo: —No necesitamos la ventaja para ganar.
Eric bufó, perdiéndose entre la multitud.
( . . . )
—Cállense—, soltó nuevamente, parecía que no la escuchaban. Tris también intentó callarlos, pero era inútil.
Seguían debatiendo cuál sería el mejor plan de ataque, si la defensiva u ofensiva. Pensaban como los orangutanes de Eric, no como el equipo de Cuatro.
Y a pesar de ser su capitán, él se mantenía alejado, viéndolos pelear por estupideces. Casi podía ver la burla en su cara.
Desde aquí abajo no haremos nada. Quieren a****r pero no saben ni a dónde ir. Pensó a la vez que se levantaba del suelo y caminaba a una rueda de la fortuna algo oxidada y vieja.
Sintió la mirada de Cuatro sobre ella.
Se acercó a la escalera de la atracción y empezó a subir, esta rechinaba y crujía bajo su peso. Subió unos escalones y luego escuchó la voz de Cuatro, miró hacia abajo, donde se encontraba el moreno.
—¿No vas a saltar, o sí?—, le gritó.
—No, busco un punto de observación—, respondió, girándose con la mirada al suelo en donde se encontraba el muchacho. Hizo un gruñido extraño con la boca y con una sonrisa creciente en su rostro dijo: —Aunque le oferta es tentadora.
Cuatro gruñó y empezó a subir junto a ella. Haciéndola soltar una carcajada, esta se apagó cuando una punzada cruzó su estómago.
—No tienes que venir—, dijo entre jadeos, subiendo por la escalera con gran dificultad.
—Con calma. Recibiste una paliza.
—Oh, qué sorpresa, lo notaste—, soltó sarcástica.
—Te vi pelear en el Pozo con ese hombre—, Cuatro soltó sumamente serio—. Aunque de no haber visto la pelea, solo me tomaría ver los moretones en tu cara para saberlo.
"—¿Qué pasó, bocazas?—, rugió el hombre sobre ella soltándole varios golpes.
Ella mantenía su mirada en un punto fijo, allí se encontraba Cuatro, él miraba la pelea fijamente. Parecía que acababa de salir de la sala de entrenamiento, ya que venía por el pasillo que daba directamente con aquel lugar.
Cuando el hombre sobre ella empezó a patear su estómago, Cuatro se fue tan rápido como pudo".
—Te vi—, dijo respirando fuertemente, sus pulmones ardían y su garganta se había cerrado—. Te fuiste.
—No era algo que quisiera ver.
Oh... mierda.
Pisó mal, con un crujido el barrote de la escalera se soltó y ella resbaló, la mitad de su cuerpo quedó colgando. Cuatro la tomó de la cintura, sosteniendo su cuerpo y evitándole una muerte segura.
—Hey—, jadeó Cuatro asustado—, ¿estás bien?
Movió su cabeza en asentimiento, a pesar de que por la poca luz él no la viera. Se sonrojó inevitablemente al sentir la mano áspera de Cuatro tocar la piel expuesta de su abdomen.
Él pareció no notar el escalofrío que la recorrió completa. Dejó ahí su mano ayudándola a subir. La deslizó después a su pierna.
—Sí—, dijo finalmente, con voz temblorosa. Limpiando con la manga de su chaqueta las lágrimas de dolor que se le habían escapado, pues el borde de la escalera había golpeado en el mismo punto en el que el hombre la había pateado.
—Sí—, repitió Cuatro, hecho un manojo de nervios.
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