Cap. 9

1602 Palabras
—Bien Hippie—, dijo Peter, mirando triunfante a la castaña y a la rubia a su lado. —Cállate—, Will dijo detrás de ellas. —No, hablo en serio. Digo, es muy famosa... pero no por lo que hizo con Eric. Igual tu, Tris. Parece que son problemas familiares... - —Te corrijo, Peter—, interrumpió dando un paso al frente, haciendo así notoria la diferencia de estatura. La castaña tuvo que mirar hacia arriba, para poder verle el rostro al nombrado—. Son problemas que no te incumben. Peter la miró fijamente a los ojos y dándose vuelta empezó a leer: —Los recientes traslados de Beatrice y Caleb Prior, hijos de Andrew Prior, ponen en duda la solidez de la enseñanza de valores de Abnegación. ¿Qué los impulsó a escapar? Quizá fue...- —Suficiente—, interrumpió nuevamente la castaña. Haciendo por segunda vez en el día un acto de heroísmo. Casi rodó los ojos por el solo pensamiento. —Oh, lo siento, Valentine. Olvidé que estabas aquí. ¿Quieres que lea el tuyo?—, dijo con una sonrisa socarrona enmarcando su cara—. Bien: "Hija de un hombre digno de resaltar por su bondad y cordialidad, creciendo en el ambiente adecuado para su aprendizaje. ¿Acaso desde pequeña se había desviado lejos de sus orígenes? Su padre nos dice que sí, afirma que era una 'niña problema', muy difícil de controlar". Vaya, te describen a la perfección. Quiso vomitar con solo escuchar a Peter pronunciar esas palabras. "Digno de resaltar por su bondad y cordialidad"; por Dios, si tan solo supieran lo que pasaba en las noches. Si tan solo vieran las cicatrices en mi piel. Por un demonio. —Cierra el hocico—, se acercó peligrosamente a Peter, marcando bien cada sílaba y dedicándole una mirada llena de odio. —Seguro, jefa—, Peter rió aún más. ( . . . ) A mitad de la noche despertó por unos gritos de dolor puro. Era el chico... ¿Cómo se llamaba?... Edward. Al parecer alguien le había enterrado un cuchillo en el ojo. Bueno, alguien no. Peter. Vio a Tris ir a socorrerlo, así que sólo se limitó a mirar por unos segundos, y luego volver a dormir. No era problema suyo y no debía entrometerse en los problemas ajenos; esta vez lo aplicaría, ya que las últimas dos veces, nada había salido bien. ( . . . ) Y hoy nuevamente debía volver a pelear. —Primera pelea: Peter contra Valentine—, Eric rugió y en menos de nada ya habían varias personas rodeando el cuadrilátero. —Es Eric, sigue molesto—, Christina susurró solo para ellos. —Es obvio—, respondió subiendo de un salto al cuadrilátero. Miró sobre su hombro, Cuatro parecía decirle algo al oído a Tris, inevitablemente se sintió enojada. Se negaba a aceptar que aquel enojo causado por la cercanía entre ellos dos, eran realmente celos. No quería creerlo, pero la verdad es que así era. —¿Qué pasa, Hippie? Parece que vas a llorar. Podría compadecerme si lloras. —No necesito tu compasión, imbécil. Pero creo que si te envío al infierno, tú sí la necesitarás—, rió acercándose para lanzar el primer golpe. Peter enojado, se adelantó y lanzó un gancho derecho, ella tomó la ventaja, golpeando su garganta y luego una de sus rodillas para hacerlo caer. Intercambiaron un par de golpes. Uno de ella en la mejilla de Peter, uno de Peter en sus costillas. Después de un rato de estar "jugando" -como le decía Eric-, se empezó a poner fea la pelea. Peter estaba sobre ella golpeándola con sus puños cerrados. Por el rabillo del ojo pudo ver a Cuatro aún muy cerca de Tris, aún hablaban, y nuevamente sintió la rabia agolparse en su cabeza. —Te daré un consejo—, dijo entre jadeos, cubriendo con sus manos los golpes que Peter le lanzaba—. Cuando estés en el infierno, aléjate de mi trono. Peter la miró desconcertado, y fue cuestión de milisegundos, pues ella ya estaba sobre Peter. Dejando caer toda su furia y resentimiento sobre él. El chico ni siquiera tuvo oportunidad de cubrirse o intentar defenderse. Segundos después dejó de sentir los incesantes ataques en su cara, para empezar a sentir un dolor punzante atravesar sus costillas y estómago. Ella lo pateaba con fuerza y no estaba dispuesta a parar. Una idea cruzó su cabeza, ni siquiera pensó en las consecuencias -si es que había- sólo lo hizo. Pateó la cabeza de Peter una, dos, tres veces. Cuando iba a dar la cuarta patada vio que el chico estaba inconsciente. Se detuvo, finalmente. Reprimiendo a la adrenalina que había tomado el control de su sistema y sus acciones. Se separó con lentitud de él, y bajó del cuadrilátero. Jamás despegó sus ojos del cuerpo del muchacho. "—Mira lo que hiciste. ¡Eres un monstruo! ¡Le diré a Johanna!" —No, no lo soy—, susurró tan bajito que pensó que había sido un recuerdo y no su propia voz. —Muy bien, Valentine—, aplaudió Eric. No sabía si era sarcasmo o era una felicitación legítima. Pero estaba segura de que si Eric la felicitaba, era porque había sido algo terrible. Lo miró, él tenía una mueca que pretendía ser una sonrisa orgullosa. No pudo corresponder, solo limpió la sangre que salía de su nariz y le hizo un gesto que pretendía ser de gratitud. Caminó hasta sus botas, se las puso tan rápido como su cuerpo adolorido se lo permitió, tomó la chaqueta de su amigo y salió corriendo del lugar. Ya que todos los iniciados estaban en la sala de entrenamiento, aprovechó para pasar al dormitorio, tomar una ducha y cambiar su ropa. Se puso uno pantalón corto y una camisa traslúcida, ambos de color n***o. Colocó la chaqueta de Uriah sobre sus hombros y se puso la botas. Daría un paseo por los pasillos de Osadía. ( . . . ) —Hey. —Hey—, se saludaron como siempre, empezando a caminar acompañados del gran grupo de Osados. —Sabes, hoy vi la pizarra. Ahora te voy ganando—, dijo orgulloso Uriah, haciéndole cosquillas a la castaña. —Bueno. Es genial. Por lo menos entre ustedes, los nacidos en Osadía, no intentan matarse mientras duermen—, gruñó de dolor cuando su amigo pasó un brazo sobre su hombro, el cual le dolía desde la pelea. —Sí... todo se sabe aquí, también escuché algunos rumores de tu familia... ya sabes... —Oh, eso. Hablas de la basura que escriben, sí, también escuché algo—, rodó los ojos. Sentándose en una roca en El Pozo. —Sí, eso. Bueno, yo te iba a preguntar pero creo que no estás...- —, Uriah cayó al suelo, producto de un empujón de un hombre claramente ebrio. —Fíjate, mocoso—, gritó el hombre ebrio que lo había empujado, trastabillando. Este bebió de la botella que tenía en su mano y luego la estrelló contra el suelo. "—No quiero ver ni una mancha en mi suelo—, el señor Reds golpeó con su palma abierta la mesa de madera, el sonido que retumbó por toda la casa hizo a la niña encogerse en su lugar—. Cuando vuelva quiero ver el piso limpio—. Estrelló la botella de alcohol vacía contra una pared, poniéndole más trabajo a la pequeña de diez años". —Mira por dónde pisas, idiota—. Salió a defender a su amigo, que limpiaba el polvo de su pantalón y camisa. —Pecas, no—, Uriah se apresuró a decirle, pues no le parecía algo serio y no quería que se metiera en problemas absurdos—. No es nada, mira, estoy bien. Ella lo miró, sabiendo muy bien que no se había hecho daño. Pero una parte de ella no estaría tranquila hasta enfrentar a ese hombre. Por Uriah, por los Osados, por ella misma. Se enfrentaría a ese hombre, porque en él veía a su padre. ( . . . ) —Eres increíble—, soltó Uriah entre enojado e impresionado, viendo cojear a su amiga hasta la puerta del dormitorio. —Lo sé—, rió a pesar del dolor en su estómago—, dime más, sube mi ego. —Destrozaste a ese tipo—, Lynn saltó emocionada, riendo al lado de su amigo. —Sí y mira cómo quedó—, casi gritó Uriah escandalizado—. No le des alas. A este paso va a terminar enfrentándose a Max por un pedazo de pastel. —Valdría la pena... —Probablemente—, Uriah lo consideró—, si es el pastel de chocolate de Osadía, entonces sí. —Vamos Uriah—, sus amigos lo llamaron, pues ya era tarde y debían ir al dormitorio. Se despidieron y ella entró en silencio. Ni siquiera se quitó las botas de los pies, debido al cansancio. Se acostó con suma delicadeza y cerró los ojos intentando dormir. Agradeció por fin poder recostarse y descansar. A pesar de que no hubiera durado mucho pues varias linternas iluminaron las caras de todos en el dormitorio. —Vías del tren. Dos minutos—, escuchó a Cuatro ordenar, y luego lo vio salir, acompañado de las otras personas que habían iluminado sus caras. Las luces de la habitación ya estaban encendidas y todos se vestían con una rapidez impresionante. -V
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