Cap. 8

1428 Palabras
Will contó cómo Christina casi cae por el Abismo, ya que Eric la había empujado, la verdad, ni siquiera le sorprendió. Por otro lado la pelea había salido bien, en lo que cabe... no, fue fatal. Edward la destrozó. Había pasado un tiempo y su cara por lo menos ya no estaba inflamada, los moretones y cortes permanecían, pero al menos ya no dolían tanto. Ese día irían a la Valla. Cuatro llevaba un rato hablando. Cuando terminó su discurso, el tren frenó y todos empezaron a bajar. Subieron por una escalera a una especie de plataforma que les daba una perfecta panorámica. Lo único que veían eran los Campos de Cordialidad, algunos camiones cosechando y uno que otro cordial. —¿Qué hay allá?—, preguntó Tris, intentando ver más allá de los campos de Cordialidad. —Monstruos—, rió Christina. —Campos de Cordialidad—, dijo obvio Al. —Lugares que nunca se recuperaron—, dijo Will, mirando hacia el frente. —¿Tu sabes?—, Valentine habló por primera vez en todo el día, mirando a Cuatro inquisidora. —Construyeron esa Valla por algo—, dijo él serio. Touche. ( . . . ) Lanzaban cuchillos; como siempre, Cuatro hizo primero una demostración y luego fue el turno de los demás. Y como siempre, miró bien a Cuatro, su respiración, sus manos, sus rodillas. E imitó sus acciones para lanzar el cuchillo. Practicó primero sin cuchillos, memorizando la forma de lanzar, el movimiento del brazo. —Parece que la Hippie olvidó que estamos lanzando cuchillos—, se burló Peter, lanzando un cuchillo que fue a parar cerca de su objetivo. —Cállate, bocazas. Decidió que quería humillar a Peter. Tomó un cuchillo y finalmente lo lanzó, siguiendo lo que acababa de practicar. Este dio justo en el centro de su objetivo. Tiró otro y éste acabó unos centímetros sobre el primero. Uno más y éste terminó en la cabeza del objetivo. Una sonrisa triunfal adornó su rostro, y Peter solo pudo rodar los ojos y seguir en lo suyo. Al cabo de un rato todos empezaban a acertar al blanco. Todos, menos Al. Eric se acercó a él, amenazante. No le puso atención a su conversación, no era de su incumbencia, siguió lanzando cuchillos. —¡Dejen de lanzar!—, gritó Eric y sólo entonces prestó atención a la conversación. Jugó con un cuchillo en su mano, viendo a Eric explicarle a Al lo que harían. A ese pobre chico le va a dar un aneurisma del miedo que tiene. Rió para sí misma, viendo a Al parase frente a un blanco. ¿Qué mierda es un aneurisma? —Cuatro, dame una mano aquí—, el moreno pareció considerarlo, soltó un suspiro y se levantó de donde estaba recostado, tomó unos cuchillos en sus manos y se paró en la línea de lanzamiento—. Te diré qué va a pasar: tu te pararás ahí mientras él lanza sus cuchillos. Si te veo respingar, estás fuera. No lo hagas. No te incumbe. Es su problema, él se lo buscó. No te atrevas a hacerlo. Se regañó mentalmente, pero al parecer su lado "cordial" ganó. —¡Basta!—, gritó justo a tiempo, evitando que Cuatro lanzara el primer cuchillo. Por qué demonios lo estás haciendo. Se reprendió internamente y aún así siguió hablando. —Pararse ahí no significa nada—, dijo seca, haciéndole frente a Eric, quien pareció realmente fastidiado por aquella muestra de empatía y valentía sinsentido. Quiso convencerse de que no lo hacía por ayudar al muchacho, que lo hacía para mostrarle un punto a Eric. No se convenció del todo. —Si no significa nada, creo que no te molestará tomar su lugar—, Eric habló nuevamente haciendo un gesto con sus manos. Se encogió de hombros, altanera como siempre y tomó el lugar del muchacho. Vio a Cuatro soltar un suspiro cansado y alistarse para lanzar. Respiró profundo e intentó pensar en otra cosa para distraerse. "—Te apuesto ocho manzanas a que puedo darle a ese pájaro—, señaló con un cuchillo que había robado del comedor, al ave que se encontraba sobre la rama de un árbol un poco alejado de ellos. —¿Estás loca? ¡Es un pájaro, demente! El primer cuchillo se clavó en la madera cercana a su pierna derecha. —Vamos, Cuatro—, alentó Eric para meterle miedo a la castaña que seguía en una especie de trance. —¿Quieres que le haga un corte de pelo?—, dijo burlón. Eric respondió serio con un dejo de burla en su voz. —Sí, un poco de arriba. «—¿Entonces no quieres las manzanas? Bien, lo haré gratis—, acomodó su cuerpo y estiró su brazo. El niño de pelo oscuro tomó sus manos con fuerza intentando evitar que ella lanzara el cuchillo. —¡No! ¡Estás loca! —Suéltame, tonto—, a pesar de tener nueve años y él once diez, lo empujó con fuerza, alejándolo de su cuerpo. Con un extraño movimiento, hizo un gran corte en el brazo del niño. —¡Loca! ¡Suéltame, maldita loca! ¡Mami! El siguiente cuchillo quedó sobre su cabeza. Eric levantó una de sus cejas, impresionado por la falta de emociones de la chica. «—Otra vez aquí, señorita Reds—, Johanna miró sobre su hombro, hacia la silla en la que la niña estaba sentada, mirando sus manos fingiendo estar arrepentida. —Él empezó—, se justificó. —Toma—, le tendió un vaso con agua. Pero la pequeña ya sabía que éste tenía suero de la Paz. —No—, tiró el vaso lejos, éste quedó hecho pedazos. Johanna la miro severa y le tendió otro vaso. El cual sufrió el mismo destino que el primero. —Intenté por las buenas, Reds. No me dejas alternativa—, y antes de que lo notara dos manos grandes la atraparon y sostuvieron con fuerza. Lo siguiente y último que sintió fue una aguja inyectarse con fuerza en su piel". El tercero y último cuchillo quedó junto a su oreja, éste había hecho un pequeño corte en su piel. Fue esto lo que la despertó de su trance. Un dolor agudo. —Puntos por valentía—, dijo Eric al verla finalmente reaccionar—. Pero los pierdes por haber abierto la boca. Miró a Eric fijamente, su mirada bailó entre él y Cuatro por unos segundos. Deteniéndose finalmente en Eric que parecía que hablaría otra vez. —Cuídate. Creamos soldados, no rebeldes—, habló fuerte y severo. Sentenciando al final: —Es todo por hoy. Pueden irse. Todos giraron y se fueron. Quedando solos Cuatro y ella. Caminó hasta la mesa para dejar el cuchillo con el que había estado jugando antes. —Me cortaste—, soltó de golpe, viendo a Cuatro organizar los cuchillos en la mesa. —Fue a propósito—, dijo serio pero con un tono burlón—. ¿Creíste que te dejaría ir sin un rasguño? Seguirías ahí si no lo hubiera hecho. —Umm... ¿Gracias?—, escupió sarcástica. —De haber querido hacerte daño—, la miró a los ojos fijamente—, lo habría hecho. Y él también se fue. Por qué demonios eres así. Te hubieras quedado callada. Imbécil. Giró sobre sus talones, finalmente tomando la decisión de irse. Caminó hasta el dormitorio tomándose su tiempo. Retrasando lo que sabía que venía. Sabía que al entrar a ese lugar lo primero que recibiría serían felicitaciones y aplausos, sonrisas y agradecimientos. No quería nada de eso. No ahora. "De haber querido hacerte daño, lo habría hecho". Se repetía una y otra vez. No lo creía posible, Cuatro parecía que cada día la odiaba más. En el lugar de Cuatro, yo me habría lanzado el cuchillo a la cabeza. Rió, pero la sonrisa que se había formado en sus labios se desvaneció al estar frente a la puerta del dormitorio. Entró. Y como era de esperarse. Aplausos, gritos, silbidos, adulaciones, sonrisas... Blah, blah, blah. —Hey—, la chica con la que había luchado la primera vez la llamó—. Genial. Christina, Tris, Will y Al estaban eufóricos. No pudo evitar sonreír un poco, su alegría era contagiosa. Pero esta no duró mucho, pues Peter llegó con su mala energía listo para soltar alguna burla hacia alguno de ellos. -V
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