—Buenas tardes en que puedo servirle —su voz se torna una música automática en los oídos de Eun Ji que se queda sin habla al notar que esa voz ya la había escuchado hace unas horas atrás, los vellos de sus brazos se ponen chinitos.
—Hola lo siento creo que me equivoque de numero —añade soltando un suspiro.
—Hola señorita, ¡Qué bueno que llamas, eres tú, me recibió tu amiga, y te dejé allí, yo misma le dije que me llamaran si necesitaban algo!, ¿Cómo te sientes? —Exclama y hace la pregunta.
Eun Ji parece estar atónica antes la reacción de aquel hombre, aunque ella se niega a preguntar su nombre.
—Bien Señor, estoy al cien por ciento —le dice mientras toca su pansa, y sus mejillas se ponen coloradas.
—Me alegro escuchar, eso necesitas que te ayude en algo más, por ejemplo, alguna merienda que quieras, puedo llevártela a tu casa —le dice sintiendo como dos corazones se conectan de la nada.
—¿Cómo sabias que quiero antes de que te lo diga? —Pregunta Eun Ji soltando el aire retenido despacio y lento.
—La mujeres son más comelonas cuando están embarazadas, dime que quieres y te lo llevare —añade.
—¿Por qué quieres traerme algo de comer? —Pregunta Eun Ji no podía creer lo que estaba pasando, pero la voz del hombre es mas hipnotizante, ella queriendo decir me tengo que ir, pero no podía, su cuerpo no le dejaba, sus oídos aun querían seguir escuchando la voz de él.
—Por que puedo —le dice el mientras el busca papel y lapicero, para anotar por si ella decide pedir comida, mientras ella esta conmocionada de alguna forma.
Eun Ji se congela, para ella es nuevo que un hombre le hable tan sensual, o con esa voz dulce, esta acostumbrada a que le hablen machetero, como lo hacía su ex.
Eun Ji se perdió el color de su voz, dijo algo que jamás se le hubiese cruzado por la mente.
—Crepas con melocotón, fresa, Nutella, caramelo, guineo, manzana, turrón de menta y turrón de chocolate, espero haya tenido algo con que anotar señor y gracias, mi bebé y yo eso se nos apetece —le dice mientras pasa su lengua lamiendo sus labios.
—Perfecto ya lo anoté, te llamare cuando este cerca de tu casa pequeña —añade con un tono agradable.
—Gracias —le dice mientras cuelga la llamada y pone sus manos sobre su pecho.
La llamada se desactiva y Eun Ji siente que todo esto está fuera de control.
—Min Creo que he metido la pata —le dice en tono afligida.
—Bueno y quien me decía que el número no real, Eun Ji, ves que es real todo, veo que estas conmocionada, pero con que voz te salió el ¿Era voz sensual? —Pregunta.
—Si, y fue mi culpa, Min me está haciendo perder la cabeza, eso no debe pasar, de mi boca salieron esas palabras, te das cuenta de que no tuve control de mi boca, debí quedarme callada, no se porque le dije eso, y ahora vendrá a mi casa, y moriré de vergüenza.
—No te mortifiques, tranquila Eun Ji no es el fin del mundo, no todos los hombres soy dundos como tu ex, este hombre se ve trabaja, y que tiene algo amiga, que me hace pensar que el puede estar interesado en ti, te puede ayudar a buscar trabajo —añade.
—Min tráeme una sabana tapare mi cabeza de los nervios, que hare cuando el me vea, no estoy lista para esto — le dice con voz nerviosa.
—Eun Ji tu problema es que sientes la necesidad de tapar el dolor, pero igual yo estoy aquí, y mi consejo es que lo lleves con calma, y pregúntale el nombre, ya hay que romper el hielo con eso —añade mirándola.
—Si lo sé, es que Min no es tan fácil hablar cuando lo tengo de frente, esto que siente es anormal, nunca lo había sentido ni con mi ex, es algo que me quedo atónica y no puedo hablar, acabo de pasarme y lo viste —añade con voz ansiosa.
—Eso veo, oye Eun Ji y si quizá te gusta el —añade.
—No eso no pasara yo me encargare de que no pase, Min recuerda que tengo que pesar en mi bebé —añade frotándose las manos.
—Eun Ji mejor hay que tomarse un tiempo y pensar, sabes que date la oportunidad de conocerlo, eso es lo que pienso yo —añade.
—Está bien, pero quizá el y yo solo seamos amigos, no creo que sea de aquellos tipos que quieren novia, jajajaja, eso no pasara jamás, Min no creo que ese hombre este enamorado, solo tiene compasión de una mujer embarazada y sola —añade.
—Eun Ji la vida te sorprende como no tienes idea, pero tranquila, por cierto, tu madre quizá llame, digo porque tu hermano puede decir algo —añade.
—Min no me recuerdes eso que me angustio —añade.
Ambas terminan de almorzar y Min se pone a ver televisión y Eun Ji se queda durmiendo.
3:00 de la tarde.
El timbre suena y Min apaga la televisión y se levanta del sillón, ella abre la puerta, y mira al puesto hombre elegante, con una bolsa de comida sosteniéndola con sus manos. —Buenas tardes —masculla.
—Bienvenido de nuevo a mi pequeño hogar, pase —añade Min mientras el hombre entra a la casa.
Eun Ji logra escuchar unos pasos de zapatos y una voz que le suena familiar, ella abrió sus ojos automáticamente, ella estaba viendo aquel hombre elegante, el aroma de su perfume aromático, el hombre más sensual que ha visto en su vida, con una bolsa de comida en sus manos.
Eun Ji pensó que estaba soñando por lo que extiende sus manos para estirarse, y cuando ve a Min haciéndole un gesto de confusión ella reacciona y pega el brinco.
—¡Oh dios mío, señor está aquí!, con la comida, lo siento pensé que estaba soñando, pensé que lo de la comida era una broma —añade con una ligera sonrisa.
—Es real, espero le gusté, lo pedí tal cual lo pidió, y traje un licuado extra para usted —añade el hombre acercándose a Eun Ji, y ella podía sentir aun su perfume caro, y embriagador.
—Gracias es muy amable de tu parte, me siento alagada —añade mientras recuerda que debe comportarse como tal, no puede salirse de control, eso sería un pecado mortal.
—De nada, me iré no quiero importunarles con mi presencia —añade el hombre.
Min sabia que su amiga no se atrevería a preguntarle el nombre asi que ella misma se lo tuvo que preguntar y presentarse, aunque Eun Ji se enfadara después.
—Espera, es un gusto conocerle más de cerca, le diré una cosa, yo me llamo Min, y mi amiga Eun Ji ¡No importunas a nadie!, ¿Cómo te llamas? —Añade interrogándole, aquel hombre suspiro y espero diez segundos para responder esa pregunta.
—Me llamo Quiang, mucho gusto a ambas, por cierto, hay cuatro crepas y casi lo óvido traje otro licuado para usted tambien —añade entregándole el otro licuado que está en sus manos.