Nigromante atravesó con el ave un inmenso claro y al cruzarlo ambos aparecimos sobre una gran costa que no conocía. Un valle, que dejaba hechizada la vista hacia donde sea que se posara. Un lugar precioso salido del mejor lugar de ensueño. El ave descendió a una parte de esas llanuras, nos bajamos y todo ese lugar estaba lleno de criaturas que jamás antes había conocido. Los observaba boquiabierta, sin creerlo. —¡Bienvenida a Pernagan o Caelum! Un mundo entre el mundo. Todas aquellas criaturas al notar mi presencia se acercaban con curiosidad. Me llamó mucho la atención un pequeño hombrecito que se asomó entre unas flores. —¿Dónde queda esto Nigromante? Parece el bello ambiente de un sueño perfecto. Amablemente sonreía a las criaturas que nos rodeaban, luego apareció Galimatías, entr

