Cassie lavó su abundante cabello, al igual que su rostro, lo hizo con mucha minuciosidad como si aquello podría reparar lo rota que estaba su alma. Una vez lavado, peinó todo su cabello hacia atrás, salió, con una toalla envuelta en su cuerpo, se observó al espejó y sintió un pinchazo en su corazón, su rostro se veía de la peor manera, demacrado y delgado, unas ojeras enormes del mismo color del que era la noche se aposaban debajo de sus ojos que luz ninguna tenían. Se alejó del espejo, lo que veía no le gustaba como para permanecer allí parada. Se vistió, usando la ropa más holgada que tenía, cuando se sentía triste usaba ropa holgada, gruesos abrigos, independientemente de si en aquel momento, a esa ciudad la azotaba un clima cálido, buscó unas zapatillas sencillas y se preparó para

