Abrí mis ojos en demasía cuando vi a Nick sobre mí, con su rostro demasiado cerca del mío. Debía ser un poema, lo sabía con solo sentir el calor que empezaba a subir por mi cara. Wells sonrió, al parecer él estaba disfrutando eso.
—Vaya, no creí que quisieras ir tan rápido —dijo burlesco. Sus ojos viajaron por todo mi rostro hasta parar en mis labios, lo cual me hizo sentir más nerviosa. Me moví para que se quitara y por suerte así lo hizo, no sin antes tocar ligeramente mi cuerpo para sostenerse, haciendo que me estremeciera.
—Estás loco. —Me acomodé el uniforme, seguía sin poder mirarlo a los ojos—. Yo no estoy enojada, ni celosa, ni nada de eso y no me importa que seas el dueño de este hospital, tú no me contrataste. —Quise pasar de nuevo a lado de él para salir de la habitación, pero esta vez Nick me tomó del brazo y me aprisionó sobre la pared, seguía sonriendo.
—Solo acepta que te gusto... —iba a replicar cuando sin prever me besó de una manera que nunca antes lo habían hecho. Mis ojos se fueron cerrando cuando sentí la inexplicable sensación de corresponderle y sin pensarlo mi cuerpo se movió solo aferrando mis manos a su polera. El beso fue lento, pero profundo y asta un poco excitante, tanto que cuando su lengua encontró la mía no pude reprimir un pequeño jadeo haciendo que Nick tomara con más posesión mi cintura.
Todo era normal, dos adolescentes que se gustaban y besaban hasta que un recuerdo doloroso empezó a surgir en mi cabeza, haciendo que el sentimiento de culpa y asco se alojara en mi interior. Nick me miró con sus ojos brillantes, era más que evidente que lo había disfrutado, y yo no podía negar que en un principio me gustó, pero todo estaba mal. Lo que hacía lo estaba y tenía que salir de ahí. Esta vez Nick no se interpuso en mi camino, así pude salir de ahí a toda prisa. No se dio por vencido cuando llegó a mi lado y empezó a hablar.
—No puedes negar que te gusto... —Entorné los ojos.
—Lo haces, pero que te hace pensar que permitiré que juegues conmigo...
—¿Quién dice que quiero jugar contigo? —Tomó mi mano para que parara. Lo miré expectante mientras él se volvía a cercar a mí—. Tú me gustas también y si tú quisieras podríamos ser mucho más que solo amigos. —Sus ojos me miraron hipnóticos, como cuando una víbora ve a su presa antes de devorársela y me quedé totalmente muda.
—Ahí están chicos... vamos, seguiré mostrándoles que harán. —El doctor Ben llegó en ese preciso momento haciendo que la pequeña y sorpresiva conversación quedara inconclusa.
El resto de la tarde pasó sin novedad, no podía dejar de pensar en Nick y sus palabras. ¿Qué estaba pasando conmigo? Él me miraba divagante, con su sonrisita socarrona y se acercaba a mí rozando debes en cuando y con mucha sutileza mis manos, y a la hora de hacer algún encargo, sin dejar de mirarme, no quería admitir que el pequeño momento que tuvimos me gustó, pero al mismo tiempo me hacía sentir mal, era un sentimiento de culpa que no podía explicar.
El primer día había sido productivo, aunque solo estuviera realizando curaciones e inventarios. Los verdaderos traumas los recibían los residentes y titulares como era debido, ya vendría mi turno, por eso no podía tener distracciones. Me despedí del Doctor Black cuando el turno acabó, no vi a Nick por ninguna parte después de que lo mandaran a otra zona, el hecho de que él fuera el dueño no le hacía tener ningún privilegio ahí, pero no era tan tonta al creerle que en verdad el hospital le pertenecía, ni mucho menos que sentía algo más por mí.
Me sobresalté cuando al salir de la clínica, vi a Nick inclinado sobre la pared con un cigarrillo entre sus labios, cerré mis ojos y toqué mi pecho. ¿Qué no podía avisar que estaba ahí?
—¿Ahora si vas a escucharme? —Su voz sonó gruesa y seria. Le dio una calada a su cigarro.
—¿Hablar de qué? —Me tranquilicé y lo miré expectante, mientras él entornaba los ojos y tiraba el cigarrillo al piso para apagarlo con su pie. Si sabía de qué estaba hablando solo me estaba haciendo la occisa, hubiera querido que se olvidara del asunto.
—No quiero más jueguitos del gato y el ratón. —Se acercó más a mí—. Estoy hablando muy en serio cuando te digo que me gustas y sé que yo te gusto a ti. —Alzó una ceja mirándome sugerente.
—¿Qué te hace creer eso? —Fruncí el ceño, no me gustaba la forma tan segura en la que lo decía.
—Tienes miedo. —Su mirada divagó sobre mis ojos, yo negué lamiendo mis labios, a pesar de querer aparentar desdén no podía cuando se trataba de él y me odiaba por eso—. Megan por favor, déjame demostrarte que no soy nada de lo que te dijeron. —Subió su mano a mi mejilla, sentí su tacto tan cálido que me hizo cerrar los ojos y de nuevo lo inevitable pasó.
Besó de nuevo mis labios, en aquel rincón a lado de la clínica, en la fría y desolada noche, su contacto era tan llamativo y embriagante que simplemente me dejé llevar por las sensaciones que empezaron a recorrer mi cuerpo, era algo inexplicable que por un momento me causó temor.
Por suerte mi celular empezó a sonar.
—No contestes —dijo Nick entre susurros, pero no podía ignorar la llamada y menos cuando vi el nombre de mi hermano en la pantalla, si no le contestaba sería capas de tomar un vuelo con tal de saber de mí.
Me alejé de Nick y me miró extraño al contestar casi con urgencia.
—Alex... —musité dándole la espalda al azabache.
—¿Sabes que día es hoy? —Cerré los ojos cuando supe cuál era la causa de su llamada— ¿Megan?
—Si, lo sé... —Ese día me tocaba cita con Han.
—Tu psicóloga me dijo que no quieres poner de tu parte. —Sonaba acongojado y no quería que se preocupara por mí—. Me preocupas, no quiero que esto te siga afectando, espero que al menos no hayas dejado de tomar tu medicamento. —Me mordí el labio. No lo hacía y ayer había tenido que pagar las consecuencias de ello. Sin embargo, no me arrepentía, esas cosas me hacían sentir cansada y sin ánimos, no quería estar drogada todo el tiempo. Escuché como soltó un bufido exasperado, había podido interpretar mi silencio—. Te advierto que si no veo que pongas de tu parte, abriré un proceso para ser tu tutor legal, ya que tú no puedes cuidar de ti misma.
—¡¿Qué?! —No podía hacerme eso—. Sé que ahora me odias, pero prefiero eso a perderte, no voy a pasar otra vez por lo mismo... no pienso dejarte ir.
—Alex por favor, escúchame, estoy bien, mejor que nunca. —Me giré para ver a Nick quien esperaba paciente donde lo dejé. Me miraba curioso—. Quieres que viva, lo haré, te lo prometo. No tengo más esas ideas suicidas, quiero salir adelante y nadie me está ayudando más que yo misma, así que mantente tranquilo.
—Prométeme que al menos intentaras ir con Han, no estás loca, solo necesitas sacar todo lo que te pasó. —Suspiré cansina. Sería imposible razonar con él, así que solo le diría lo que quería saber.
—Está bien, te lo prometo. Adiós Alex. —Colgué. Siempre que hablaba con Alex me sentía mal, todo mi pasado se removía en mi cabeza y no me gustaba en lo absoluto.
—Tengo que admitir que me muero pro preguntar quien es Alex. ¿Tu novio? ¿Un ex? —Nick se acercó a mí con pasos desinteresados, con sus manos metidas en los bolsillos de su pantalón, mirándome curioso. Sonreí ante sus conjeturas.
—Era mi hermano. Jamás he tenido novio. —Alzó una ceja sorprendido y se acercó otro poco más, tomándome de la cintura. ¿Desde cuándo teníamos tanta confianza?
—Eso significa que. ¿Eres virgen? —No sabía por qué lo preguntaba, pero negué.
—Es una historia complicada que quisiera no recordar. —La mirada de Nick se endureció y asintió—. Debo irme, ya es tarde y...
—No te vayas aún. —Me pidió tomando mi mano. Bajé la mirada hacia nuestras manos entre lazadas.
Nick era la primera persona que me gustaba, la cual me hacía sentir cosas que jamás en mi vida había experimentado, cosas totalmente nuevas para mí y cuando nos besamos era mucho peor, una inexplicable sensación recorría mi cuerpo cuando sus manos me tocaban como alguna vez lo hizo mi padre, pero lo sentí diferente, sabía lo que buscaba los chicos como él y para mí sorpresa lo quería también, ¿Eso era posible? Que yo también quisiera lo que tantas veces con mi padre aborrecí. Era una sensación abrumadora que aparecía cada vez que me volvía a besar y no sabía como lidiar con todo eso.
—Debo irme... —Alejé mi mano de su agarre, era mejor ir lento y no aventarme al precipicio en la primera oportunidad.
—Al menos dime que me darás una oportunidad de conquistarte. —Lo sopesé, esto era muy complicado.
—Solo como amigos. —Nick torció el gesto, tenía que poner límites de una buena vez por todas.
—¿Con oportunidad de llegar hacer algo más? —Sonrío socarrón y yo lo seguí negando con la cabeza mientras bajaba la mirada avergonzada.
Nadie nunca me había dicho algo como esto, en mi antigua escuela todo mundo se alejaba al verme y simplemente me ignoraban. Algo me decía que mi papá tenía mucho que ver con eso, ya que era un hombre poderoso en Nusajaya, ahora todo era distinto y a pesar de que me moría por Nick lo más correcto era ver que pasaba y si en realidad era lo que decía ser.
—Ya lo veremos. —No borre mi sonrisa en ningún momento, ahora fui yo quien me acerqué a él para despedirme—. Nos vemos mañana en la universidad, espero verte allá. —Le di un pequeño beso en la mejilla y Nick me miró curioso, casi divertido, era un juego de atracción que no sabía en qué momento había empezado, pero que me gustaba y al parecer a él también lo hacía.
—¿Dónde quedó la Megan tímida que conocí? —exclamó un tanto sorprendido.
—No todos somos lo que aparentamos ser, hay muchos secretos que ocultamos que nos hacen ver tan inocentes cuando en realidad no somos nada de eso... —Mis palabras las dije en doble sentido y le habían calado a Nick, porque de pronto dejó de sonreír—. ¿Te asusté?
—No, en lo absoluto. Incluso ahora más que antes quisiera conocer a la verdadera Megan que escondes...