Mi primer impulso fue sonreír y el segundo fue apretar fuertemente las bragas de la chica sobre mi mano y meterlas en la bolsa de mis pantalones. —Hola. —La rubia me saludó algo tímida. —Pasa, no te quedes ahí. —Me hice a un lado y dejé que pasara observando por detrás como le quedaban aquellos pantalones blancos que amoldaban su figura tan provocativamente. Me mordí el labio al recordar todo lo que había pasado entre nosotros y todo lo que podría pasar en ese momento. No tenía remedio. —No asististe a clases —preguntó mirando a su alrededor y luego su mirada recayó en mí—. ¿Te encuentras bien? Te ves un poco cansado. —Su expresión parecía preocupada, lo cual me hizo fruncir el ceño y negué. No podía decirle que me había embriagado tanto, al grado de acostarme con alguien de la cual no

