Giana Mateo, como siempre, no quería salir conmigo… así que no perdí el tiempo. Le pedí a Alessandro que me llevara a algún lugar para despejarme. Solo quería alejarme un poco del silencio frío de Mateo, de esa distancia que dolía más de lo que quería admitir. Íbamos solos en el auto, y los escoltas venían detrás, como siempre. Afuera, las luces de la ciudad pasaban rápidas, pero adentro todo se sentía lento, pesado. Alessandro manejaba en silencio, con esa seriedad que lo caracterizaba… aunque desde la mañana había notado cómo me miraba más de la cuenta. Respiré hondo, insegura, jugando con mis manos sobre mis piernas recién descubiertas por la falda. —Alessandro… —murmuré, sin mirarlo al principio—. ¿Crees que Sonia es más bonita que yo? Él giró un poco el rostro, lo justo para obs

