Mateo Santoro Estaba realmente enojado con Giana. Se encerró en la habitación como una niña caprichosa y dejó todo hecho un desastre. Marina tuvo que lavar mi ropa empapada en sopa, vino y quién sabe qué más. No dormí casi nada… entre el dolor del puntapié que me dio esa salvaje y el maldito estrés de la Ouffits. Me levanté temprano. Tenía mil cosas en la cabeza: cargamentos que proteger, policías husmeando donde no deben, familias enteras temblando por lo que pasó con el senador, los Harrington cayendo uno por uno… un infierno. Takumi extermino a casi toda la familia y ahora la Dea está siguiendome él rastro como perro. En las nuevas elecciones hay un nuevo preso mucho peor que los demás. Me duché rápido y bajé a desayunar. Ni bien probé el primer sorbo de café, Marina se plantó del

