A las afueras de la universidad

1488 Palabras
Alexandra Guzmán Hoy tocaba todo el día clases de gestión financiera, por lo que sería un día bastante rápido, pero de igual manera agotador, la cabeza trabajaba demás en clases cómo estas, y no era malo, al contrario, de mucho aprendizaje que algún día me serviría para poder tomar las riendas de la empresa. Sé perfectamente que mi padre no lo aceptará si es que sigo sin sentar cabeza, por lo que tocará demostrarle que puedo sola, que no dependeré de nadie para ser alguien y que eso lo aprendí de él y mi madre, deberían sentirse orgullosos por eso. Me encontré con Dante, algo extraño sentí en el vientre, ¿repulsión? ¿ascos? No, era algo mucho más complicado de entender, cariño. Es como si mi corazón se encontrara en un trance dónde Dante seguía siendo el dueño de él, pero mi mente, bueno… es mi parte más racional y comprendía que nada volvería a ser cómo antes, ni siquiera una relación de amistad, simplemente se mantenía la cordialidad por todos los años que nos conocemos y por la relación que tienen nuestros padres, más que mal, son socios en la misma empresa y amigos de toda la vida. —¿En qué piensas, Alexandra? —preguntó Raquel mirándome con cuidado. Creo que le pasaba algo, pero no quería decírmelo, estaba rara desde que nos volvimos a encontrar el lunes en la universidad. —Cosas sin importancia. —respondí mirándola en medio de una sonrisa para tratar de alejar los pensamientos de mi ex de la cabeza. A lo lejos divisé a Dante acercándose. No, definitivamente no era un buen momento para que conversásemos ahora. No después de lo que vi ayer con Ignacio, su mejor amigo de toda la vida, o bien, su amante durante todo el tiempo que estuvimos juntos. —¡Alexandra, espera! —dijo el hombre acercándose y tomando mi brazo para evitar que me alejase—. ¿Explícame quién es el tipo con el que te fuiste ayer? —preguntó reprochándome. Estaba exaltada y su maldito reclamo sirvió para que me sangre se calentase en todo mi cuerpo. —Primero, ¿Quién te crees que eres para andar preguntando sobre mi vida privada? Segundo, deberías ser tú quién me explique lo que estabas haciendo con Ignacio detrás de la puerta, ¿No lo crees? —mencioné—. ¿Acaso toda nuestra relación fue una farsa para ti? —pregunté enarcando una ceja. —Es diferente. —mencionó, pero en realidad no tenía que más decir al respecto, todo eran simples excusas. —¿Por qué lo sería, Dante? Siempre me dijiste que él era tu mejor amigo, pero ahora veo que eran mucho más. —mencioné sonriendo irónicamente—. Ya no estamos juntos, ahora yo sé cómo resuelvo mi vida, no tienes derecho alguno a intentar reprocharme. —agregué. —Te quiero y deseo tu bienestar, Alexandra. Si veo que algo anda mal no perderé la oportunidad de decírtelo y ese chico… bueno, él parece mayor que tú y no es tu… bueno, tú tipo de amistad. —mencionó—. Aunque desde que te juntas con Raquel puedo esperar cualquier cosa. —agregó. ¿Acaso fue un comentario pasivo agresivo lo que escuché? Claro que sí, cómo cada uno de los que siempre me decía. —Ella me ha ayudado desde siempre y sabes perfectamente que somos mejores amigas desde pequeñas. —susurré—. Ahora vete, suficiente tengo con estar viendo tu cara en clases, y también va para Ignacio, será mejor que no intente explicarme las cosas porque no respondo, Dante. —agregué sonando más drástica de lo que me hubiese gustado, pero surtió efecto. Él se fue dejándome sola, Raquel aún se encontraba parada a mi lado, estática, sin saber que decir, supongo que también era todo un shock para ella saber que mi ex prometido me había engañado con su mejor amigo y no con una chica cómo suele pasar en casi todos los casos. —Lo sé, Raquel, no te lo dije, pero es qué no tenía cómo, también me avergonzaba de que otro hombre me hubiese quitado a mi prometido y más aún ser tan ciega para no darme cuenta de que en realidad era gay. —mencioné con algo de tristeza—. Nadie más lo sabe, aparte de ti y de mi… bueno y las personas que hayan visto aquel beso, pero, por favor, no se lo cuentes a nadie más. —agregué. —Soy una tumba, Alexandra. No te preocupes por eso. Pero, ahora necesito contarte algo… el sábado en la fiesta… bueno… —mencionó ella sonriendo nerviosa. —Lo sé, Raquel. Me dejaste ir con un desconocido, pero no interesa, fue algo que pasó y creo que no ha sido tan malo. —mencioné abrazándola—. Haz estado para mí toda una vida, sí, me molesté porque pudo ser un psicópata o asesino, pero no lo es, sigo viva. —dije en medio de una sonrisa burlona. —¿Segura? —preguntó ella sonriendo con timidez—. Tienes todo el derecho a estar molesta. —agregó. —No lo estoy, Raquel. Quédate tranquila. —agregué. Nuestro día concurrió de maravilla y cuando iba saliendo de la universidad, estaba allí, Greco, en su moto, tal cual ayer. Esbozó una sonrisa cuando vio que me acercaba, creo que me estaba esperando, ¿No? Quizás solo buscaba a alguien más o quizás quería matricularse en alguna facultad, estaba con unos lentes oscuros y con una chaqueta de cuero negra que me hizo recordar la que tenía guardada en mi clóset, si mi madre llegase a encontrarla sería mi fin. —Hasta que por fin saliste. —dijo él levantando un poco su lente, el color de sus ojos parecía haber sacudido todo mi mundo y solo sonreí ante ello, cómo una estúpida. —No creo que hayas estado mucho tiempo esperándome. —mencioné poniéndome seria. —Pues un par de horas sí, casi que me hago pasar por uno de tus primos para dar con tu paradero. —mencionó mirándome fijamente, esta vez sin sus lentes, su piel blanca, pero no del todo pálida, contrastaba con la chaqueta haciéndolo lucir más rudo de lo normal, algunos de los risos de su cabello chocaban con su frente y algunos cabellos alborotados trataban de llegar a sus ojos y cubrirlos, cosa que lo hacía ver más hermoso. —Qué bueno que no lo hiciste, hoy teníamos examen sorpresa. —mencioné tratando de mantener un hilo de conversación. —Creo que eres muy aplicada. —agregó—. ¿Quieres que vayamos a algún lugar o no estás escapando hoy? —preguntó, tragué grueso al recordad esa escena en mi mente, creo que aún no estaba preparada para aceptarlo. —Hoy debo llegar temprano a mi casa, sino tendré problemas con mis padres. —mencioné sintiendo temor de que mi respuesta le molestase—. No son tan anticuados, pero sí sobreprotectores, soy su única hija. —me excusé. —Entiendo. ¿Quieres que te lleve? —preguntó mirándome seriamente, pero con un deje burlón en su mirada—. Tal vez hoy si quieras decirme donde vives. —agregó. —Creo que aún no. —mencioné sonriendo. A las espaldas de Greco pude divisar a Dante, estaba con su vista fija en nosotros, pero no me importaba, ¿O sí? No, no lo hacía y no me dejaría llevar por estupideces—. Creo que si quiero que vayamos a algún lugar. —¿Dónde quieres ir? —preguntó mirándome detenidamente, esbozando una nueva sonrisa, o un intento de ello, creo que algo le pasaba. —Dónde me quieras llevar, Greco. —susurré tímida, recordaba perfectamente lo que me había dicho sobre su nombre, pero quería probar suerte. —Vuelve a llamarme así y tendré que besarte para callar tu boca. —agregó mirándome fijamente—. Te he dicho que no me gusta escuchar mi nombre. —dijo provocando que mi piel se erizase. Solo mordí mi labio y él me tendió su mano para ayudarme a subir a su moto, no sé dónde me llevaría, quizás al mismo lugar de ayer, pero no estaba segura de ello. Greco condujo por la ciudad, pero no tomó la misma ruta que ayer, al contrario, nos bajamos en un estacionamiento debajo de un edificio, ¿Qué estábamos haciendo aquí? No quise preguntar, simplemente lo seguí. Caminé junto a él todo el momento. Llegamos hasta el último piso, la vista era preciosa a pesar de que el departamento parecía no ser del todo caro, pero eso era lo bueno que tenían algunos lugares, eran capaz de sorprenderte, al igual que las personas. Sonreí para mí cuando él me dejó en la sala y se dirigió a la cocina, ¿Qué estaba pasando por mi mente en ese momento? Estaba desvariando, cómo casi siempre.
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