Cuando entré a la oficina, pude ver a Alexander caminando de un lado al otro mientras usaba un audífono en uno de sus oídos y hablaba en un idioma que desconocía. Él al verme movió sus dedos, a pesar de esto me quedé quieta y fue en ese momento en que Alexander se acercó a mí y me tomó de la mano. Me llevó hasta su silla y ahí me sentó; regresó en lo que estaba y luego de varios minutos terminó por colgar. —Disculpa, estaba en negociación con un árabe. He logrado entender la manera en que tu ex trabajaba y tengo que reconocer que el plan que creaste para las negociaciones fue muy brillante. —¿Cómo sabes qué se me ocurrió a mí? —Por dos motivos, el primero es que tú me dijiste que le ayudaste a Álvaro a llevar la empresa. Y el otro es porque a alguien como ese mequetrefe, jamás se le hu

