La doctora comenzó a revisar uno tras otro, ella luego de unos minutos eternos nos miró con una sonrisa de lado a lado. —Muchas felicidades, tendrán dos varones y una niña. Cuando Alexander se dio cuenta, él me dio un beso en el vientre y luego se fue a mis labios. Podía ver la felicidad que ese hombre tenía en su mirada y lo mucho que le alegraba ser papá. —Gracias por este maravilloso regalo, te juro que voy a velar por los cuatro y nunca nada les va a hacer falta. Salimos de la clínica después de que la doctora dejará en claro que podía seguir mi vida con normalidad. Y cuando pensé que íbamos a ir a la casa, Alexander dio vuelta en sentido opuesto. —¿Adónde vamos? —Iremos a buscar las cosas para nuestros hijos, hay que comenzar de una buena vez los arreglos para sus habitaciones.

