Toda la tarde buscando el vestido perfecto, me he probado miles y siempre hay algo que no me gusta; que muy largo, muy ajustado, muy escotado, muy ancho, ¡uf! ¿Seré sólo yo, Señor?
De todas maneras, ha sido divertido gracias a la compañía de mamá. Sin duda, salir a comprar entre mujeres es mucho mejor. De todos los que me he probado hay dos que me gustaron un poco más: uno azul eléctrico, amplio desde la cintura y otro corto con encaje blanco, pero ninguno me convence del todo. Con el azul parezco princesa y con el blanco una novia, y no, ninguna de las dos descripciones me va. Ya casi rendida, entramos a una tienda donde venden, exclusivamente, vestidos de fiesta. Me acerco a la sección de recién llegados y encuentro uno rojo bellísimo y de todo mi gusto. Me lo pruebo de inmediato para ver si mi físico lo luce porque ese es otro problema, un vestido podrá ser el más hermoso, pero si no tienes el físico apropiado para lucirlo es una pérdida de dinero comprarlo. Me miro al espejo y el reflejo me encanta, me queda perfecto... según yo. Es ajustado, pero sin exagerar, lo que lo hace bastante cómodo, primer punto a favor: comodidad. Me llega un poco más arriba de las rodillas lo que permite cruzar las piernas sin temor, segundo punto a favor: seguridad. También tiene unas hermosas aplicaciones en pedrería que le aportan una delicada luminosidad al atuendo sin ser burdo, tercer punto a favor: elegancia. Arriba tiene un escote y lo cubre una fina capa de tul, que le da un toque insinuante sin mostrar demasiado, cuarto punto a favor: coquetería sin caer en lo vulgar. Realmente este vestido me fascina. Salgo de los probadores entusiasmada para mostrárselo a mamá que sigue buscando más opciones para mí. Ella ya compró hace rato el suyo.
—¡Mira, mamá! ¿Qué te parece este?
—A ver... ¡Bello! ¡Ese te queda perfecto.
—Sí, pero mira... —Me giro un poco para mostrarle mi espalda. La parte trasera es la que más me gustó de este vestido; tiene un escote no muy profundo, por los bordes se prolonga la pedrería y tiene dos finas cadenas que cruzan en el centro formando una equis en un detalle femenino y coqueto, y no sé si le agradará a papá.
—Que... ¿el escote?
—Sí, no creo que a papá le guste que muestre tanto.
—Para nada, cariño. Lo que pasa es que no estás acostumbrada a usar ese tipo de vestidos, pero es un modelo elegante y recatado.
La miro indecisa, sigo pensando en papá.
—Amanda, por favor lleva ese. Nos hemos pasado todo la tarde buscando algo que te guste y ya estoy agotada. El vestido te queda maravilloso. Yo me encargo de tu padre si pone algún problema.
(...)
El día de la celebración, la casa es un caos. Las visitas han llegado un día antes y han invadido todo. Entre familiares de papá y mamá he tenido que compartir mi baño. Los que hay en casa no dan a vasto y soy una de las últimas en arreglarme. La mayoría ya se han ido, incluyendo a mis padres que debían ser los primeros para recibir a los invitados. Yo me iré en el auto de unos de mis primos junto a su familia, que al igual que yo, han quedado de los últimos. He combinado mi vestido con tacones dorados y el collar que me regaló Franco. Ricé las puntas de mi cabello y lo recogí hacia un lado para que no cubra el detalle de la espalda. La esposa de mi primo, al verme, queda fascinada con el vestido y lo hermosa que me veo con el. Después de treinta minutos de viaje, llegamos al lugar. Es un salón espacioso, con una hermosa decoración. Del techo cuelgan muchas luces blancas y cruzan telas transparentes de extremo a extremo. Los mesones están decorados con manteles blancos y centros de mesas con rosas de colores y velas. Pasando las mesas, hay una pista de baile con escenario y al fondo de la pista están los baños. El lugar está lleno, creo que ya han llegado todos los invitados. Son familiares, amigos íntimos, clientes con los que papá ha formado lazos y el personal de la oficina. La mayoría me saluda de manera muy afectuosa, me conocen desde pequeña y quedan sorprendidos por lo mucho que he crecido. También las mujeres destacan la belleza de mi vestido rojo brillante y lo bien que me sienta, lo que es un halago para mí, que no acostumbro a recibir piropos tan seguido.
Ya ansiosa por ver pronto a Franco, comienzo a buscarlo con la mirada. Puedo ver a muchos de los invitados en grupos de 3 a 4 personas, riendo y disfrutando de una copa mientras conversan. También veo a mis padres junto a uno de sus clientes, pero Franco no está con ellos. Dirigo mi mirada indagatoria hacia la derecha y logro verlo a pocos metros de distancia. Está charlando junto a un grupo de personas cerca de la barra. Me ve enseguida, como si estuviera esperando que me diera cuenta de su presencia. Se disculpa con los invitados y avanza hacía mí. Me quedo inmóvil esperando impaciente que llegue a mi lado, pero se detiene a medio camino con cara disgustada. Mi sonrisa se esfuma y antes que pueda comprender que fue lo que lo detuvo, escucho una voz que me llama desde el costado derecho, cerca de la entrada.
—¿Amanda?
Me giro lentamente en su dirección porque ya sé de quien se trata y finjo una sonrisa lo más sincera posible.
—Alex... hola. —Le llaman: Alex, él arruinador de momentos románticos.
—¡Wau, te ves irreconocible!, El rojo te queda muy bien. —Mi amigo me repasa varias veces con la mirada de arriba a abajo muy sorprendido.
—Gracias, tú también te ves bien. —Doy un vistazo a Franco, que mira con decepción apoyado sobre la barra. Concentrada en sus ojos anhelantes que me llaman silenciosamente, no me doy cuenta cuando Alex me toma de la mano y me hace girar sobre mis pies.
—¡No, Alex! —protesto, pero la altura de mis tacones me obliga a girarme para no perder el equilibrio y caer—. ¡No hagas eso que me avergüenzas!
Ignora mis palabras. Creo que el giro en 360° modelando mi bonito vestido, lo mareó a él en vez de a mí. Con expresión atónita me mira con los ojos muy abiertos.
—¿Qué? ¿por qué me miras así?
—Tu vestido es... te ves... quiero decir...
Se me escapa una risita divertida y complacida a la vez. He llamado mucho la atención esta noche, y apesar de que no me gusta ser el centro de atracción, debo admitir que hay un cierto grado de satisfacción. Le doy un golpecito en el brazo para tranquilizarlo.
—Sí, ya sé que quieres decir.
Con discreción, busco la imagen del único hombre a quien deseo complacer esta noche. Quiero saber si mi atuendo le ha gustado tanto como a los demás. Su sonrisa de lado y ojos de fuego me confirman que está a gusto disfrutando de la vista. Por un breve momento cierra los ojos para hacerme entender cuán complacido está de verme. Le respondo con una sonrisa radiante y él levanta su copa para hacer un brindis silencioso a mi salud. Papá, al verme de lejos, me llama para que vaya a saludar a unos de sus clientes más antiguos con quien tiene una gran amistad. Me disculpo con Alex y me acerco hasta ellos. Provoco el mismo efecto en su invitado. Se asombra de lo mucho que he crecido y de lo bella que estoy. Mi vestido fue todo un acierto, hasta mi padre me mira sorprendido. Orgulloso, cuenta de mis planes a futuro y de la talentosa artista que soy para él y a los pocos minutos llega Franco a saludar.
—¡La chica de rojo! —exclama mientras me mira con un brillo chispeante en la mirada.
—Hola, Franco.
Se acerca para darme un beso en la mejilla y posa brevemente su mano en mi espalda desnuda. El contacto suave de su mano me provoca un delicioso cosquilleo que se expande lentamente por toda mi piel, erizando los finos bellos que la recubren. Mi cuerpo reconoce el contacto, sabe que son las manos del hombre que me ha regalado la noche más maravillosa de mi vida. Me muerdo el labio para no sonreír demasiado delante de los presentes y delatarme a mí misma.
—Estás causando sensación esta noche —Franco se dirige a mí nuevamente, y en su tono de voz se puede distinguir cierto deleite. Se me escapa una sonrisa nerviosa ante su atrevido comentario. Papá carraspea en desaprobación—. Que puedo decir, Enrique, tienes una hija bellisima. —Vuelve a clavar sus ojos en los míos con una mirada penetrante. Estoy tan nerviosa y no sé como disimular, solo atino a desviar la mirada.
—Salió a su madre —le responde papá.
—Eso es indiscutible —agrega el amigo de papá, lo que provoca las risas de los presentes. Franco me sigue buscando disimuladamente y mis mejillas ahora hacen juego con el vestido.
Las mesas están ubicadas paralelas unas de otras y la mesa transversal es la de mis padres que tiene vista a todos los invitados. Los lugares no están designados y con Alex buscamos un sitio para sentarnos juntos. Encontramos uno al lado de la pista de baile. Charlamos animados mientras esperamos que sirvan las mesas. De pronto nuestra conversación es interrumpida por Franco que ocupa el asiento frente a mí. Enseguida capta mi atención y hablamos durante toda la cena, con un Alex no muy contento de que le robaran mi atención. No puedo evitarlo, cuando lo veo quedo como hipnotizada y esta noche yo tampoco puedo apartar mis ojos de él. Franco está más guapo y encantador que nunca. Lleva un elegante traje n***o que le queda a la medida y resalta su amplia espalda. Una barba bien ciudada, que perfila su rostro dándole ese toque masculino que tanto me atrae de él. Su corte de cabello está perfecto y tiene un aspecto húmedo y brillante que resaltan su tono n***o. Pareciera que sus ojos también se han oscurecido, tienen un brillo mas intenso y profundo que de costumbre. El toque final lo da un fino reloj que acompaña sus gestos y movimientos al hablar. La mayoría ha terminado de cenar y mi padre pide la palabra para agradecer a los invitados su asistencia. Cuenta un breve resumen de su vida. Lo enamorado que sigue de mamá, la maravillosa mujer que es y lo feliz que ha sido junto a nosotras. Son palabras tan bellas que emocionan a varios de los presentes, incluyendo a mamá y a mí. Franco se percata cuando seco discretamente una de mis lágrimas y me ofrece el pañuelo que llevaba en su chaqueta. Me encantan esos detalles caballerosos de su parte.
Con la música, el ambiente se vuelve más animado y los mas jóvenes salen a la pista de baile para disfrutar de los contagiosos ritmos musicales. La celebración ha sido un éxito, se nota en el ambiente alegre y entusiasta. Alex aprovecha la oportunidad y me saca a bailar, acepto de buena gana. Esta vez es Franco quien no se ve contento. Tiene la mirada fija en nosotros. No es mi intención sacarle celos, quiero desviar la atención de los demás. Ya me ha hecho demasiados cumplidos esta noche, sin contar las innumerables miradas. Mientras bailo con Alex noto que una de sus orejas está lastimada. Como si la hubiera pasado por una superficie áspera.
—Alex, ¿qué le pasó a tu oreja? —Analizo su herida buscando alguna hipótesis en mi mente y Alex comienza a reír discretamente un poco avergonzado—. No creo que hayas peleado con alguien, ese no es tu estilo.
Niega con la cabeza y esta vez se echa a reír con ganas. Está tan ocupado recordando la causa del porqué tiene la oreja lastimada que no me cuenta nada, lo que despierta más mi curiosidad.
—¡Ya! ¡Dime que te pasó!
—Rodé por las escaleras.
Lo observo incrédula. No sé si está bromeando o no.
—¿Cómo que rodaste por las escaleras?
—Eso, rodé por las escaleras del preuniversitario. Iba apurado respondiendo un mensaje de texto y pisé mal un escalón. Amanda, era la hora de salida ¡dí un espectáculo completo! Y para colmo me llevé una chica por delante. Hubieras visto, parecía mi compañera de ruedo. Ibamamos en cámara lenta mientras todos reían a carcajadas.
Cuando la imagen de su caída se hace visible en mi cabeza, el ataque de risa es incontrolable. Incapaz de contenerme, apoyo mi cabeza en su hombro intentando disimular, pero es imposible, me duele el estómago de tanto reír.
—Amanda, deja de burlarte.
—¡Lo siento! —le respondo entre carcajadas—. ¡Es que la manera en que lo cuentas!
—Después nos dimos la mano con la chica e hicimos una reverencia ante el público —bromea.
Exploto en carcajadas otra vez. Alex, divertido con mi reacción, espera a que termine mi ataque de risa. Hemos parado de bailar y cada vez que lo miro vuelvo a reír sin control. Y es que me lo imagino una y otra vez rodando estrepitosamente por las escaleras, llevándose todo a su paso.
—Perdón, jajajajaja... perdón ya... ya no me voy a burlar más... jajajajajajaj.
—Amanda, te vas a hacer pipí.
Intento dominarme e inspiro profundo y frunzo los labios para obligar a mi boca que deje de reír, lo consigo con dificultad.
—Admite que ha sido muy gracioso —me excuso.
—Sí, y muy vergonzoso también.
—¡Espero que nadie te haya grabado y te hagas viral a nivel mundial jajajajajaj!
—¡Ojalá! esa no es la idea de fama que tengo en mente.
Nos miramos divertidos. No me he dado cuenta que Alex me tiene por la cintura mientras yo apoyo mis manos en sus hombros en una actitud íntima y cómplice. Al darme cuenta me siento incómoda. Cualquiera diría que somos novios disfrutando de un baile, y mi corazón piensa de inmediato en Franco. Es obvio que nos ha visto, si llevo riéndome como desquiciada casi media hora. Busco una excusa a toda velocidad y aprovecho que tengo la boca seca para ir a buscar algo de beber. Alex también aprovecha para ir al baño. Apoyada en la barra bebiendo mi refresco, miro hacia donde está sentado Franco, pero ya no está en su lugar. Repaso con la vista el salón y nada. Espero que no esté enojado y se haya marchado en un arranque de celos. ¿Sería capaz de hacer algo así? No me gustaría para nada. De pronto, el ambiente es invadido con la música de Umberto Tozzi y su canción "Te Amo". Enseguida dirijo la mirada hacia mis padres porque sé de que se trata. Es la canción que él le dedicó cuando eran jóvenes. Veo a papá ponerse de pie y sacar a bailar a mamá. Me adelanto un poco para verlos mejor y los invitados aplauden espontáneamente. Los han rodeado y todas las miradas están puestas sobre ellos. Yo les contemplo desde mi lugar con cariño y una sonrisa en los labios. Acerco la copa a mi boca para beber otro sorbo, pero alguien me toma de la mano y me arrastra a la pista de baile. Apenas alcanzo a dejar el vaso en una de las mesas y una dulce voz llega a mis oídos:
—Es mi turno de bailar con la chica de rojo.
Miro a Franco sorprendida. Él, con una sonrisa que derrite corazones, ya puso una mano en mi cintura y con la otra toma mi mano acercándola a su pecho y me guiña un ojo seductor.
—Franco... —Dudo un momento, me ha pillado desprevenida—. Estás muy osado esta noche.
—¡Y tú más irresistible y hermosa que nunca! El rojo te queda increíble, cariño.
—¡Pero nos pueden ver! —le advierto entre risitas coquetas. Estoy encantada de que me haya sacado a bailar de este modo.
—No te preocupes, están todos pendientes de tus padres. Además, nadie podrá vernos aquí.
De hecho, Franco nos sitúo en un lugar apartado de la vista de los demás. Detrás de mí no hay nadie y su amplia espalda me cubre de los ojos de los invitados. Las ventajas de ser bajita y menuda. Moviéndonos al ritmo de la música, me observa con devoción repasando varias veces cada facción de mi rostro. Sus ojos siguen tienendo un brillo distinto, profundo e intenso. Siento que me hablan y me dicen miles de cosas...
¿Será amor...?
La romántica melodía nos va envolviendo suavemente. Nos miramos en silencio como dos enamorados y ninguno de los dos se atreve a confesar lo que sienten nuestros corazones. Yo, porque no estoy segura de que siente lo mismo. Él... no sé. Y la letra de la canción pareciera que lo dice a los gritos:
...Yo te amo me siento te amo
un hombre sobre ti
con fuego dentro del alma quemando en la cama
más yo tiemblo
sintiendo tus senos
te odio y te amo
mi mariposa que muere agitando sus alas
haciendo el amor en sus brazos
piel de mi propio fracaso
h
oy necesito tenerla
voy hablarle con coraje
yo te amo
y ahora perdóname
solo recuérdame
Te amo, te amo, te amo
Te amo, te amo...
—¿Por qué me miras así? —le pregunto sin dejar de apreciar sus hermosos ojos cafés. Insondables como un mar sereno.
—Quisiera decirte tantas cosas en este momento...
Espero anhelante a que pronuncie lo que tanto deseo escuchar, pero sólo se limita a apreciarme con dulzura.
—Dilas... —lo animo ansiosa.
—No puedo decirtelas aquí... —Hace un pequeño gesto incómodo—. Además, ¿Qué tanto reías con tu amiguito ese? —Cambia drásticamente de tema. Ya me extrañaba que no hiciera comentarios al respecto.
—Tuvo un accidente a la salida del preuniversitario. —Río cuando la imagen de Alex rodando por las escaleras vuelve a pasar por mi cabeza. Esa imagen quedará grabada a perpetuidad en mi memoria.
—¿Y qué fue lo que te causó tanta gracia?
—Rodó por las escaleras junto con una chica.
—No parece ser alguien muy despierto. —Eleva una de las comisuras de su boca y un destello malicioso aparece en sus pupilas.
—En cambio tú, eres demasiado celoso.
—Tú, eres mía.
—Y además posesivo.
—Con una mujer bella como tú, sí, lo soy. Eso y mucho más. —Me aferra contra su pecho como si no quisiera dejarme escapar—. No dejaré que nadie te arrebate de mis brazos.
Sonrío complacida y lo miro desafiante. Quiero provocarlo un poco. Tener a tus pies a un hombre atractivo como él, maduro y con experiencia es realmente halagador para una chiquilla como yo.
—Yo no soy de su propiedad "Don Franco Campos" —Utilizo, intencionalmente, el modo formal para recordarle nuestra diferencia de edad.
—¿Ah no? —responde seductor. Me rodea con el brazo que tenía en mi cintura y su mano recorre mi espalda desnuda con suavidad. Sus caricias provocan una intensa oleada de placer que inunda mis sentidos. Y el fuego que nace en mi vientre llega hasta mis mejillas.
—¿Qué haces? —musito en un hilo de voz. Franco se acerca a mi oído para susurrar:
—¿Quieres que te recuerde la noche que fuiste mía, no una, sino, dos veces? —Se acerca peligrosamente a mi boca, mientras sigue acariciando mi espalda. Una vez más, gana el juego de seducción, me tiene a su merced. Estoy casi hiperventilando, y al recordar nuestra primera noche juntos siento un cosquilleo en lugares no muy convenientes en este momento.
—Franco, no sigas por favor —le suplico cerrando los ojos a punto de desmayarme de la tensión. Sería un desastre que alguien nos viera.
—No, hasta que admitas que eres solo mía.
—Ya lo sabes, por favor apartate un poco que alguien nos puede ver.
—Lo haré cuando digas: soy tuya, mi amor. —Sonríe con picardía.
Suspiro rendida.
—Soy tuya, mi amor.
El gesto de su sonrisa se expande ampliamente. Como disfruta jugando conmigo.
—No sabes lo feliz que me hace escucharlo.
Pareciera que estamos en una nube, sólo él y yo bailando sin dejar de sonreír. Su molesto celular vibra varias veces en el bolsillo de su chaqueta, él lo ignora por completo.
—¿No vas a contestar?
Niega con la cabeza sin cortar el contacto visual.
—¿Y si es algo importante? —insisto. Cuando vuelve a vibrar suspira resignado y lo saca para mirar la pantalla. En su frente aparece un arruga que desentona con su atuendo y su linda sonrisa y se excusa a regañadientes:
—Disculpa, vuelvo enseguida.
Alcanzo a escuchar algunas palabras que escupe malhumorado "te dije que no..." Va molesto dando grandes zancadas hacia la salida. Me quedo inmóvil asimilando lo que acaba de pasar. No se porqué tengo una extraña sensación y no es la primera vez. Ya había recibido antes esos llamados misteriosos. ¿Quién será esa persona que insiste en llamar y que lo pone tan molesto? me intriga...
Perdida en mis pensamientos, una mano brusca me toma del brazo con firmeza y me arrastra a una de las salidas laterales. No tardo en protestar por esta falta de cortesía
—¡Oye, suéltame!