Desde aquel desagradable encuentro casi no ha coincidido con Valentín. Afortunadamente, el otro alfa no para en la habitación que les tocó compartir, por el contrario, anda por el campus extendiendo su círculo social. Manuel de solo pensar en ello se siente tremendamente asqueado.
Estos días de adaptación le han servido para conocer la universidad, ya que el día lunes inician las clases y no desea llegar tarde a ninguna por extraviarse. De igual modo a podido leer varios de los libros que están disponibles dentro de la habitación para su carrera. Es viernes y ya no tiene nada más que hacer, se siente en exceso aburrido y no desea dormir.
Tiene que admitir que en el fondo de su corazón se siente preocupado por el otro alfa. ¿Dónde se estaba quedando? ¿Se encontraba bien? Ahogó una risa amarga contra la almohada, sientiendose por demás estúpido ante sus propias emociones. Valentín provenía de una familia inmensamente rica, bastaba un chasquido de dedos por parte del alfa para que el director lo cambiara de habitación. Probablemente en cualquier momento llegaría uno de sus amigos por sus cosas.
Lejos de lo que esperaba, Valentín llegó a la habitación. El rubio se veía demacrado, oscuras ojeras se remarcan bajo sus ojos color cielo y se tambaleaba de lado a lado mientras caminaba. Manuel arrugó la nariz ante el hedor a alcohol que despedía el rubio.
— ¿Estas bien?—Se atreve a preguntar para romper el hielo.
—No debería de importarte lo que me pase—, esboza una sonrisa burlesca—, ¿o será qué te gusto?— Con pasos torpes se acerca al castaño.
—No has llegado en toda la semana, pensé que te había sucedido algo—, ante las palabras del rubio se sonrojó violentamente—. No me gustas Valentín, somos dos alfas.
Valentín, se dejó caer en la cama del castaño, notando como este se tensaba ante su cercanía. No tenía intenciones de intimar con él, pero deseaba molestarlo un poco. Sin embargo, culpando los efectos del alcohol se permitió disfrutar del embriagante aroma del otro alfa.
— ¿Qué pretendes?— Con voz temblorosa cuestionó Manuel.
—Solo quiero un poco de consuelo—, cerró sus ojos sincerándose con el castaño—. ¿Te molesta?— Ladeó el rostro para observar el rostro de Manuel, el cual solo reflejaba sorpresa.
—Dudo que te importe lo que yo siento—, tímidamente acerca su mano a la cabeza del rubio comenzando a jugar con su sedoso cabello, enredando algunos mechones dorados en sus pálidos dedos—. Pero acá estoy, dispuesto a consolarte hasta que te sientas mejor—, entre cerró los ojos sin dejar de acariciar.
Ambos se relajaron y Manuel continuó con sus suaves caricias, estar de este modo con Valentín le hacía sentir bastante cómodo. Tenía claro que eran dos alfas, que el rubio fue su verdugo en la época del instituto, aún así, siempre le resultó atractivo. No podía negarlo, era un alfa fallado como todos solían decir. Debería estar tras algún omega, aunque sea para solo follar, sin embargo no era eso lo que deseaba.
Antes de presentarse como alfa, todos sus cercanos estaban convencidos de que sería un omega. Fue una decepción masiva que él no lo fuera, mas aun cuando no cumplía con los estereotipos que un alfa debía cumplir. Siempre supo que era diferente a otros de su especia, principalmente por sus retorcidos gustos.
Las veces en que su celo llegaba, se encerraba en la habitación bajo llave y se retorcía en su suave cama, masturbándose desesperadamente mientras imaginaba a un alfa fuerte y dominante usándolo a su jodido antojo. Honestamente casi siempre, ese alfa con el cual fantaseaba era Valentín.
—Mi mamá murió, ella se quitó la vida—, la voz serena del rubio lo saca de sus pensamientos, ante la confesión lo mira con preocupación.
—Lo siento mucho, se lo que se siente perder a alguien que amas... la mía murió hace bastantes años—. Deslizó su índice por la pálida mejilla del alfa, secando una lágrima que escapó de esos hermosos ojos.
—También lo siento—, esbozó una sonrisa sincera—. Es la primera vez que hablo de esto con alguien, pero ya no puedo más, necesito sacar todo esto fuera— cubre su rostro con el antebrazo.
Manuel no sabía qué hacer, cómo reaccionar ante tal escena. Valentín junto a él en la cama llorando desconsoladamente. No sabía cómo consolar a las personas, cada vez que lloró nadie acudió en su ayuda. Siempre tocó lamer solo sus heridas.
Su lobo interior rugía de puro gusto, exigiéndole que se entregara a los brazos del otro alfa y le proporcionara el consuelo que tanto anhelaba. Por primera vez dejó salir a flote los deseos de su lobo y con seguridad retiro el brazo de Valentín notando las abundantes lágrimas que empañan sus ojos azules.
Con delicadeza y cariño limpió cada una de sus lágrimas para luego repartir castos besos sobre sus húmedas mejillas. En ese momento, Valentín sintió un huracán dentro de su vientre ante las acciones del otro alfa y por primera vez no cuestionó sus emociones, se entregó a los deseos de su alfa permitiéndose sentir.
Manuel no detuvo sus besos hasta estampar sus gruesos labios contra los finos de Valentín. Fue un beso suave, cargado de ternura y en tan simple gesto el rubio encontró el consuelo que tanto anhelaba. No fue solo un beso, fueron tantos que perdieron la cuenta de ellos. Se besaron hasta que sus labios ardieron, hasta que ambos cayeron rendidos a causa del cansancio y el sueño.
A la mañana siguiente, Manuel abrió los ojos y Valentín ya no estaba a su lado, tampoco dentro de la habitación. Era sábado, y durante el día los alumnos de último año organizarían una feria donde se realizarían juegos, concursos, se daría información de cada carrera y se serviría comida típica. Por la noche, se realizaría una gran fiesta de bienvenida, donde al igual que en el día regalarían comida y bebida.
Algo desilusionado por la actitud del otro alfa se levantó de la cama y se dió un baño ligero. Del cajón sacó una sudadera ancha color rojo y unos jeans negros ajustados y rotos en ambas rodillas, culminando su outfit con sus infalibles botines negros.
Recorrió el campus de principio a fin, aprovecho de degustar diversos platillos y refrescos quedando momentáneamente satisfecho. En uno de los puestos de stand divisó a Patrick y aguantando su timidez se acercó a saludar, era hora de cambiar y poner de su parte.
— ¡Hola, Patrick!— Saludó con fingido entusiasmo.
Su patético intento de vida social fue un total fracaso, Patrick no le devolvió el saludo y lo ignoró completamente. Frustrado ante la acción del otro chico continuó con su camino. Se sentía algo incómodo entre tantas personas, ya que muchos de los presentes fijaban su mirada en él para luego cuchichear y reír. ¿Acaso se estaban burlando de él? ¿Pero por qué?
Bastante avergonzado con la situación se encaminó a su habitación con prisa. No entendía que estaba pasando, pero al parecer todos los alumnos se pusieron de acuerdo para burlarse de él sin un motivo aparente. Al llegar al edificio alfa se encontró con Valentín y su grupo de amigos. Trato de ignorarlos, no deseaba problemas, al menos no en ese instante.
— ¿No te vas a quedar a la fiesta, Manuel?— La voz profunda de Valentín logra estremecer cada célula de su cuerpo.
—No—, es todo lo que se le ocurrió responder, solo deseaba encerrarse en su habitación y evitar cualquier confrontación.
—Que pena, hay muchos alumnos que desean conocerte. Te has vuelto bastante popular en estos días—. Habló de pronto un chico alto, fornido y de piel morena—, no es nada común ver a un "alfa"— simula las comillas con los dedos— que le guste ser sometido por otro alfa y que le rompan el culo.
De pronto todos comenzaron a reír, incluido Valentín. Además de reír se posicionó en la entrada del edificio impidiendo el paso a Manuel. Steven, era el nombre del Moreno, jefe del equipo de fútbol americano y estudiante de tercer año de ingeniería civil industrial. Era un alfa totalmente arraigado a las costumbres y estereotipos, por lo que Manuel le resultaba una maldita abominación.
— ¡Déjenme pasar! ¡No sé de dónde has sacado semejante estupidez, pero no me fastidien más!— Su lobo interior arroja un gruñido de advertencia.
—Yo no soy ningún mentiroso, tampoco me intimidas—, Steven tomó a Manuel del cabello y jalo con tanta fuerza que el castaño chilló por el ardor en su cuero cabelludo—. Refresca su memoria, Valentín.
El rubio con una gran sonrisa plasmada en su rostro desbloqueo su costoso teléfono celular y colocó un vídeo para luego acercarse a Manuel y mostrárselo. Apenas vió las imágenes recordó aquel momento, fue un día en el instituto, donde Valentín y su grupo lo golpearon en los vestidores y luego, semi desnudo en las duchas comenzaron a grabarlo mientras le obligaban a decir que los alfas lo calentaban y otras cosas igual de desagradables.
En ese momento su mundo se desmoronó, no esperaba que Valentín le hiciera algo así, no después de lo que pasó entre ellos durante la noche. Su lobo comenzó a aullar de dolor, sientiendose completamente traicionado y Manuel no podía con la pesadez que se instalaba en su pecho.