Capítulo 7

1678 Palabras
— ¿No piensas decir nada?— Steven se deleitaba con la expresión horrorizada de Manuel. —Déjenme en paz...— masculló débilmente. Se sentía tan humillado, tan vulnerable, tan herido. —Esta es una universidad prestigiosa, no deberían de admitir tipos tan retorcidos y asquerosos como tú— habló de pronto otro chico que no logró distinguir. —Es cierto, las putas como tú deberían de estar en las esquinas. ¿Valentín, no te da asco compartir habitación con él?— Preguntó con cierto tono de ironía otro de los alfas que componían el grupo. — ¿Asco? Esa palabra queda chica para lo que siento... él me provoca repulsión, un alfa como este sólo insulta nuestra r**a—, se acerca a Manuel y aprovechando que Steven lo sostiene del cabello le golpea con fuerza en la boca del estómago. Manuel se retuerce ante el golpe que el rubio le propina, Steven suelta su cabello y él aprovecha de correr dentro del edificio. No le importaba el dolor que sentía, tampoco las estrepitosas risas de los alfas, solo deseaba llegar a su habitación y fundirse en su cama. En ese momento, lo que más dolía era su corazón que salió herido una vez más por su ingenuidad. ¿Como había podido confiar en alguien como Valentía Schuster? Transcurrió una semana, larga y tediosa. Las clases eran de su agrado, siempre se caracterizó por ser muy inteligente por lo que estudiar no era un problema. Una semana fue suficiente para que cada alumno del establecimiento viera aunque sea una vez el vídeo que aquellos imbéciles se encargaron de viralizar. Inclusive algunos profesores lo habían visto. Valentín y sus amigos se encargaron de arruinar su reputación y cualquier intento de su parte por tener un amigo. Nadie le dirigía la palabra, mucho menos tenían intensiones de ser su amigo. No faltaban los comentarios desagradables en el salón de clase o las miradas despectivas de sus profesores. Nunca comprendería porqué las personas juzgaban sin antes conocer. Como si las cosas no pudieran ir peor, compartía varias clases con Valentín. Los viernes compartían matemáticas aplicadas, los martes lenguaje y comunicación y los miércoles física. Suspiró pesadamente, era viernes y le tocaba matemáticas. Tomó su mochila y salió del aula encaminándose a paso lento al salón donde se llevaría a cabo la siguiente clase. Valentín ya estaba ahí, conversaba animadamente con una joven omega, su olor a rosas la delataba. La chica era hermosa, estatura mediana, una sedosa melena rubia, ojos miel y largas pestañas, labios abultados y siempre los pintaba de carmín. Vestía a la moda y presumía sus atributos físicos. Manuel los observó de reojos y en completo silencio caminó hasta el final del salón, acomodándose en un banco apartado. Desde donde estaba observaba a la alegre pareja y su lobo aulló de dolor al ver a Valentín dejar un rápido beso en los labios de la joven. — ¿Qué tanto me miras? ¿Acaso te gusto?— No se percató del momento en que Valentín se acercó. —Ya quisieras— murmuró entre dientes desviando la mirada completamente avergonzado. —Realmente poco me importa— se encogió de hombros—. A la salida queremos hablar contigo— posó su gran mano sobre el castaño— más vale que no faltes. No respondió nada al respecto y el rubio se alejó a paso rápido para volver a su puesto junto a la omega. En ese momento deseaba llorar, sabía perfectamente lo que significaban las palabras del alfa. Como nunca la clase transcurrió de prisa, cuando menos lo esperaba el profesor dió por finalizada la clases, sin perder tiempo Manuel tomó sus cosas y abandonó el salón con prisa. Pese a sus esfuerzos por evadir la paliza que planeaban darle, Steven lo esperaba a la salida y sin más se hecho a correr, no dejaría que lo golpearan.Corrió lo más rápido que sus piernas le permitieron, con destreza evadió los obstáculos que se presentaban en su camino. Cada ciertos segundos giraba su cabeza para mirar a esos malditos depredadores que deseaban cazarlo. Su tórax dolía a causa del esfuerzo sobrehumano que hacía para liberarse de sus captores, poco a poco su cuerpo comenzaba a ceder al cansancio, aun así se resistía a caer. Corrió fuera de la universidad, corrió tanto que se alejó bastante de la residencia. Dobló por una calle que desconocía, casi ni se veían personas transitando por estas, y las pocas casas que ahí habían tenían un aspecto horrible y terrorífico. Se adentró en un oscuro y estrecho callejón con la finalidad de ocultarse. Recargó su espalda contra la pared intentando controlar su agitada respiración, cada uno de sus músculos temblaba con intensidad, resultándole difícil poder mantenerse en pie. Oyó pasos de diferentes pisadas, inmediatamente supo que eran ellos. Para su suerte, no se percataron de su escondite y continuaron de largo. Ahora solo bastaba esperar un rato y luego emprender el camino al campus. Necesitaba controlar sus emociones, era peligroso liberar sus feromonas en un momento como ese, ya que los otros alfas podrían percatarse de su desagradable olor a miedo y encontrarlo. Si eso pasaba todos sus esfuerzos serían en vano. Todos sus sentidos se alertaron al oír nuevamente pasos, en esta ocasión era solo una persona y los pasos se oían cada vez más cerca de él. Tragó saliva mientras se pegaba un poco más contra la pared, asustado rebuscó en el piso algún objeto que le fuera de utilidad a la hora de defenderse, sin embargo, solo encontró una botella rota, cortándose el índice con uno de los vidrios. Mordió sus labios para no liberar un estruendoso chillido, de pronto, una silueta apareció frente a él. —Tú aroma se percibe hasta en la esquina. Eres pésimo escondiéndote, Manuel—. Valentín avanzó hasta quedar pegado al cuerpo del castaño—. Al.parecer te gusta hacerme enojar, te pedí que te quedarás después de clases, pero te fuiste sin siquiera avisarme—. Posicionó ambas manos a los costados del otro alfa. —Tengo muchas cosas que hacer, Valentín—. Masculló débilmente mientras apartaba la mirada. — ¿Qué cosas tienes que hacer?—Inclinó su rostro rozando con su nariz la nariz del otro alfa. Inevitablemente cerró los ojos disfrutando del calor que el cuerpo contrario emanaba, embriagándose con ese aroma a mandarinas que lo volvía completamente loco. —Necesito ordenar la habitación.. —cerró violentamente los ojos conteniendo las ganas de suspirar ante el revoltijo de emociones que las acciones del mayor provocaban en su interior. Lo que Valentín provocaba en él nadie lo sabía, ese era su más oscuro secreto. — ¿Ordenar la habitación? No hay mucho para ordenar—Comenzó a deslizar su nariz por la mejilla de, Manuel. —Si, yo... Ahora debo irme... —Jadeó suavemente por las extrañas cosquillas que el rubio ocasionaba en su vientre. — ¿Te gusta esto, verdad?— Posó sus labios contra la tibia piel del cuello de Manuel—. Yo sé que te gusta—. Lamió aquella zona, sintiendo como el cuerpo ajeno se estremecía entre sus brazos—. A los tipos como tú les gusta demasiado que se las metan por el culo, ¿pero sabes cuál es el problema?— Deslizó sus manos por los costados del chico hasta aterrizar contra sus bien proporcionadas nalgas—. Eres un alfa, un alfa sucio y enfermo—. Hundió sus dedos contra la carne del menor—. Te odio por eso, pones en ridículo nuestra especie y... —apartó sus manos para luego proporcionarle una sonora nalgada, provocando que Manuel brincara en su sitio—. Me das asco, demasiado asco, eres repugnante. Se apartó bruscamente de Manuel. Sin decir nada más se dió la media vuelta y salió con prisa de aquel callejón. Estaba tan jodidamente confundido, no comprendía por qué carajos había actuado de ese modo con Manuel, con otro maldito alfa. Tampoco entendía por qué su lobo actuaba de ese modo estando con él. En ese momento solo deseaba comerle la boca de un beso, hacelo suyo y reclamarlo como tal. Por suerte tuvo un instante de lucidez logrando salir de tan asquerosa y repugnante situación. Necesitaba a alguien para tener sexo y sacarse esa calentura que el otro alfa dejó en su cuerpo. —Eu, Valen, ¿lo encontraste?— Steven lo observaba con curiosidad. —No, pero olvidémonos de ese imbécil. Ahora tengo unas ganas de follar con alguien—. Resopló molesto mientras caminaba junto al otro alfa tratando de alejarlo los más rápido posible del escondite en donde Manuel estaba. —Bueno, avisemos a los chicos y organizamos algo rápido con las hermosas omegas del club de porristas, hay una que está buenísima y te tiene unas ganas locas—. Mientras hablaba tecleaba eufóricamente en la pantalla táctil de su teléfono celular. —Dale, avísales que en una hora en mi pieza. Dudo mucho que Manuel se aparezca por ahí—. Trataba de mostrarse sereno, sin embargo, no podía apartar de su mente la imagen de Manuel. Aún sentía impregnado el aroma del alfa en sus fosas nasales. Cuando Valentín abandonó el callejón, Manuel lloró. Al verse completamente solo, se dejó caer contra el húmedo piso sin importarle la suciedad de este. Las palabras del alfa se proyectaban en su mente como una película y cada una de esas veces dolía un poco más que la anterior. Realmente no debería de importarle la opinión de otro alfa, mucho menos, de uno que se encargó de hacer su vivencia escolar una puta mierda. Pero dolía, dolía tanto. Dolía que le hablara de ese modo, que le tocará de ese modo, dolía desearlo de ese modo. Lloró hasta el cansancio, hasta que sus ojos escocieron, hasta sentirse en paz consigo mismo. Secó las huellas de sus lágrimas con el dorso de su mano, se levantó del piso tambaleándose ligeramente a causa del entumecimiento de sus piernas y emprendió un lento viaje a su casa.
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