Capítulo 8

1450 Palabras
Todo era tan confuso para ambos alfas, ninguno sabía como lidiar con sus sentimientos y mucho menos sabían lidiar con la presión social. Valentín no lograba entenderse a si mismo, por un lado aborrecía a Manuel y por el otro, deseaba comerle la boca de un beso. No entendía por que su lobo se desesperaba por verlo y como batalla en contra de él cuando buscaba dañar al otro alfa. Este inefable sentimiento que no sabe como definir logra agobiarlo. Le provoca un cansancio mental tan grande que sólo desea cerrar los ojos y dormir por días enteros, al menos mientras duerme obtiene un poco de paz, hasta que Manuel transforma sus sueños en intensos sueños húmedos, que le hacen despertar agitado y con una dolorosa erección. Lentamente camina por los pasillos del edificio alfa, debe ir a su habitación, ya son más de las doce de la noche y se siente cansado, pero el solo pensar en el otro alfa le provoca una abalancha de emociones que no puede controlar. Sin poder dilatar más la situación, abre la puerta de su cuarto con suma cautela y se adentra en la habitación. Dentro todo esta oscuro y evita prender la luz, no desea llamar la atención del otro alfa, no se siente con la entereza mental para agredirlo. Se sienta en su cama para quitarse las zapatillas con parsimonia, mientras su mirada se mantiene fija en la silueta frente a él. Nota que Manuel duerme, su respiración es suave y tranquila. Muerde sus propios labios ahogando un grito de frustración al recordar los sucesos de los últimos días. Unas inmensas ganas por despertarlo lo invadieron y dejándose llevar por sus emociones e impulsos se acercó a la cama contraria meciendo al contrario suavemente. Manuel despertó abruptamente, asustado se sentó en la cama comenzado a mirar en todas direcciones. Aquella escena le partió el corazón y su lobo deseaba rasgar su interior. Él era el causante del sufrimiento de Manuel, lo conocía desde niño y siempre fueron potenciales enemigs. Solían discutir por todo y competían en cada asignatura para demostrar quién era mejor, un día, cuando ya tenían quince años se atrevió a pasar los límites de su enemistad, tornándose mucho más violento. — ¿Estás bien?— Es todo lo que se atrevió a decir, muriendo aquella disculpa en su garganta. —No, no estoy bien— se volvió a acomodar en la cama tapándose hasta la cabeza—, al menos déjame dormir en paz. —Manuel... — sin preguntar siquiera se metió en la cama con el otro alfa, en un gesto desesperado por sentirlo serca lo abrazo con posesividad de la cintura. —Quiero entender a que estas jugando, por que sinceramente no sé que pretendes con tu actitud de mierda—, su voz se quebró—, me estas matando por dentro—. Susurró lo último para luego aferrarse a las grandes manos de Valentín, las cuales estaban posicionadas en su plano abdomen. —Yo tampoco lo entiendo, no puedo darte una respuesta ahora... solo permitamonos sentir sin pensar en nada—, repartió tímidos besos en su nuca—. Dejame pasar la noche a tu lado, por favor. —Solo déjame dormir—, susurró bajito mientras lloraba en completo silencio. Valentín se aferró a él con brazos y piernas y enterró su nariz en la nuca del castaño embriagandose con su delicioso aroma. Las feromonas de Manuel le daban paz y en ese momento la necesitaba por sobre todo. °°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°° Había transcurrido una semana desde aquel suceso y al menos, Valentín había evitado molestarlo durante ese tiempo. Tocaba su clase favorita, filosofía. Adoraba entablar largos debates con su profesor, el hombre era intenso y apasionado en el tema, cosa que a Manuel le fascinaba. Esa mañana pintaba maravillosa, en la entrada no se encontró con ninguno de los idiotas que lo molestaban, durante las clases encontró a algunos, más ni siquiera se dignaron a mirarle. Algo raro pasaba, pero sin importar el motivo, agradecía que le dejarán tener un día de paz. —Vainst—. La voz profunda de su profesor captó su total atención—. Se le ve bastante distraído. Respóndame, ¿qué es el amor?— El hombre se recargó en el escritorio del chico. En ese momento la profunda mirada de Valentín, se clavó en la silueta de Manuel, poniéndolo demasiado nervioso. Filosofía era un taller extra curricular que les tocaba compartir, al parecer un ser superior lo odiaba. Valentín, no podía evitar sentirse jodidamente celoso, detestaba la confianza con que el profesor le hablaba, la manera en que le revolvía el cabello y esas sonrisas cargadas de morbosidad que le dedicaba. Detestaba a cualquier individuo que se acercará al pequeño alfa, a cualquiera que no fuera él. Manuel era suyo y jamás permitiría que otro hombre pusiera sus asquerosas manos sobre él. Lo que más le molestaba era la sonrisa boba y la mirada ilusionada que el castaño le dedicaba al estúpido profesor. No podía negar que el hombre era joven y atractivo y media universidad suspiraba por él. Desgraciadamente en ese porcentaje de personas imbéciles se encontraba Manuel. —Profesor—. La voz de Valentín Schumacher retumbó dentro del salón de clases—. Dudo que Vainst entienda los conceptos del amor, gatos como él no aman, solo mueven el culo para ver a quién se le apetece follarlo—. En aquellas palabras expulsó todo el veneno que llevaba atorado en su garganta. Ante las palabras dichas por Valentín, todos en el salón de clases se echaron a reír, algunos alumnos acompañaban sus risas con comentarios despectivos hacia, Manuel. El hombre indignado con el comportamiento del joven se puso de pie y se encaminó hasta el puesto del rubio. Con rudeza golpeó el pupitre logrando sobresaltar a Valentín. —No me agradan este tipo de comentarios, Schumacher—. Carraspeó suavemente—, en este mismo instante tome sus cosas y salga de mi clase, no quiero volver a verlo en lo que resta del semestre. Hágase a la idea que está reprobado—. Intentó mantener la serenidad en cada momento, no estropearía su imagen frente a los alumnos. —Pero profesor, solo era una broma. ¿Verdad, Manu?— Con desesperación buscó la mirada del afectado, encontrandose con las orbes oscuras de Manuel, que le observaban con un profundo dolor. En ese momento se odió, se odió tanto, cada maldito día que pasaba se parecía un poco más al bastado de su padre. —No es necesario todo esto, profesor— tenía en claro la postura social de la familia Schumacher, si el profesor seguía con su plan terminarían destituyendolo de su puesto de trabajo. No permitiría algo así—. Con Valentín somos buenos amigos, solo que no mide sus palabras y olvida que no es bueno hacer bromas en el salón. No le haga caso, al menos sus palabras no me afectan—. Volvió a acomodarse en su puesto fijando la mirada en la pizarra—, dicen que por la boca muere el pez. —Por esta vez se salva, Schumacher—. El hombre volvió al frente—. Escuchenme todos, el respeto es fundamental en cualquier relación, es bastante melesto tener que explicarles estas cosas, se supone que sus padres deberían darles está educación en casa—. Se recarga contra su escritorio— vamos a hacer un trabajo semestral, para reforzar sus valores y ética—. Tomó un marcador del escritorio encaminándose a la pizarra—. Investigarán respecto al respeto, solidaridad, amistad, amor—, apunta el tema en la pizarra—. Quiero un trabajo completo, extenso, esta noche subiré a la intranet la pauta del trabajo. Cada clase deberán mostrar sus avances—, esbozó una tétrica sonrisa— el trabajo es en parejas, son libres de escoger a quien les acomode, a excepción de Valentín y Manuel, ustedes trabajaran juntos—. Sentenció el hombre. Ambos chicos se miraron fijamente, Valentín sonrió de manera forzada, no deseaba demostrar cuánto le afectaba la situación. Realmente no deseaba tener que verse obligado a compartir tiempo a solas con ese imbécil. Al menos no a plena luz del día. Manuel, pese a estar dolido por sus palabras se sentía satisfecho con la desición del profesor. Quizás, si compartían más tiempo a solas podrían conocerse a fondo y entablar una buena relación.
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