Los tres caminamos hasta la entrada principal donde como es de esperarse nuestra presencia es una insólita revuelta de cámaras, saludos y sonrisas, no puedo decir que todas son sinceras; para muchas personas seguimos siendo la familia rara. No me importa, mis padres son excepcionales. Busco con la mirada a cierto hombre británico que se supone no se despegará de mi esta noche pero no le encuentro por ningún lado. ¿Esto es dejar algo en paz de mi obsesivo y secreto amor? Vas por mal camino Artemis. Muy mal camino. Concentrándome en regalar sonrisas a todo el mundo que hagan quedar bien a mis padres, decido dejar de lado a Damascus Priest. Mi cerebro no lo logra procesar del todo porque sigue buscándolo furtivamente. —¡Artemis! —escucho como halcón que alguien está diciendo mi nomb

