Voy a enamorarme de Damascus Priest. Ese es el único pensamiento que tengo mientras le veo dormir a mi lado, al final no ha salido de casa y se ha quedado conmigo toda la noche. Hemos dormido, si, pero mi cuerpo está resentido porque las piernas siguen temblándome. Me siento como bambi, no me arrepiento y la verdad es que estoy más que complacida con este hombre dios de los revolcones; lo de su camioneta ha sido toda una nueva experiencia que me ha resultado digna de él. No es que me sienta aburrida del sexo, que va, pero si siento que puede partirme a la mitad en cualquier momento y eso me está quitando el aire, de una manera perversa y abrumadora. En este momento puedo ver su torso desnudo, su sexy y exquisito tatuaje que sigue sin explicar pero que no deja de darle un aspecto arrebat

