No sé cómo es que he terminado sentada en un pequeño duelo de miradas con esta mujer. Me limito a analizarla, alta, piel morena clara, ojos negros grandes, labios también grandes y cabello oscuro rizado. Su postura es recta e incluso intimidante si me lo pienso, es una mujer llamativa y sexy. Nuestras miradas continúan enfrentándose y no entiendo muy bien las razones. A los minutos parece terminar cansándose, se remueve en la banca colocándose el cabello hacia atrás. —¿Que relación tienes con Damascus? —pregunta de golpe con un penetrante acento inglés, no me resulta sexy pero es fuerte. Inevitablemente arqueo una ceja sintiendo la pregunta fuera de lugar —¿A que se debe la pregunta? No nos conocemos. —le sonrío. La mujer me mira con gesto intimidante. —Te he dicho que Damascus y

