La frase queda en el aire, Margaret no puede finalizar ya que una fuerte e imponente voz nos lleva a un observar al hombre perfecto que se planta a mi lado con una mirada de pocos amigos. Su aspecto musculoso continúa atrayendo cada uno de mis sentidos. Damascus está ahí, su mirada verde tan clara como un bosque me ahuyenta cualquier otro pensamiento. Tiene los labios fruncidos y una línea recta traza su perfecta mandíbula que está mañana estuvo acariciando mi cuello. —Señor Priest. —saludó sin perder la calma. Damascus no responde, desvía la mirada hasta la mujer que sigue sentada frente a mi. Ella a diferencia de mi, le observa con terror y no es de esperarse, Damascus le mira amenazante por lo que puedo saber que este encuentro ha sido mero pensamiento de ella. —Da... Damascus..

