Capítulo 6

2338 Palabras
Hago un escaneo lento desde su torso hasta su cabello, su penetrante mirada me observa sin emoción alguna, su cabello peinado debidamente, su barba castaña cubriendo la línea de su mentón. Es en pocas palabras, exquisito.  —Eres lo más hermoso que han visto mis ojos en mucho tiempo. —digo sin pensarlo.  Damascus no reacciona de ningún manera. Me doy cuenta que he metido la pata incomodandolo otra vez.  ¡Artemis esa boca!  —Quiero decir, es lo que Ricardo le dijo a Olivia y por eso... —me encojo de hombros.  El señor Priest no dice nada y solo me observa. Me quedo en silencio por unos segundos, tengo un problema con este hombre y no puedo dejar de halagarle, Artemis tienes que tener claro que el hombre tiene novia y tienes que respetarlo tanto a él como a ella.  Código de mujeres...  ¡Pero es que estoy enamorada de su rostro!  ¡Artemis, ya!  —¿Qué hace aquí? —preguntó recomponiéndome, frunzo el celó confundida para darle más credibilidad.  El señor Priest se mantiene recto, cuando creo que lo responderá, lo hace.  —Estaba cerca, tus padres me pidieron que pasara por ti y te llevara a casa. —explica y tiene todo el sentido del mundo.  Checo la hora en el iPad y solo han pasado quince minutos desde que hablé con Luca. Mi padre molestando a la gente solo para cuidarme, no tiene remedio.  Ahora Artemis se educada y agradécele por estar aquí.  —En ese caso, gracias, suspendieron mi clase de la tarde y mis padres vendrían por mi a las 4:00pm. Lamento que Luca le moleste por ese tipo de cosas. —Damascus solo asiente.  Paso uno para no incomodarlo es no tutearlo, no le llamaré por su nombre jamás. Artemis por lo menos te habla así que no lo arruines.  Me pongo de pie arreglando las cosas dentro de mi mochila; todo bajo la sería mirada del señor Priest. Bien, Artemis respira profundo y no digas nada estupido que te haga terminar en la cárcel por acosar a un mayorcito.  Le sonrío levemente encaminándome hasta él, sin embargo su mirada verdosa termina llamándome al punto de perderme. Su postura es impresionante, solo puedo ubicarlo como un modelo de ropa masculina, tiene un buen estilo también. Traje completamente oscuro, como un vampiro.  ¡Sexy!  —Vamos. —masculló.  Él asiente, serio como siempre. Nuestras miradas se encuentran y aunque yo no causo ningún tipo de efecto en él, a mi de alguna manera me pone nerviosa porque me rio sin sentido alguno. Son bonitos.  —¿Qué es lo gracioso? —pregunta.  Como una total tonta respondo;  —Estoy nerviosa porque no quiero terminar en la cárcel por acosar a un hombre mayor, eres verdaderamente el hombre más guapo que he visto. —respondo como si fuese lo más normal y obvio.  El señor Priest no parece sorprenderse al escucharme pero no dice nada, me muerdo el labio negando como una tonta. Estoy por decir que no es lo que quería decirle pero soy interrumpida y no por él.  —¡Artemis! ¡Nena! —Wilder viene apresurado hasta mi.  Por un segundo agradezco su intromisión porque el señor Priest parece a punto de decir algo.  Wilder llega hasta a mi haciendo lo de siempre, sujetándome de la cintura para después besarme, esta vez esquivo el beso y el gruñe.  —Nena tenemos que hablar, no me niegues un beso cuando estoy tan arrepentido. —suplica acercado su boca otra vez pero niego.  —Wilder creo que no entendiste lo que dije hoy en la mañana, no quiero... —me planta un beso.  Furiosa lo empujó con toda la fuerza que tengo.  —¡Wilder, maldición! —gruñó limpiándome la boca.  —Oh, vamos, nena.  Trata de acercarse a mi otra vez pero el señor Priest le toma del brazo empujándolo. El movimiento parece leve pero casi le tira, ya he tocado y estado sobre sus fuertes brazos así que puedo asegurar que eso fue solo un leve golpe.  —La señorita ha dicho que no. —espeta con tono ronco.  Wilder se sostiene el brazo y mirándolo furioso se acerca para enfrentarlo. Estoy segura que el señor Priest lo mataría de un solo golpe.  —¿Tu quien eres? Este es un problema de pareja. —Wilder el empuja pero no logra moverle ni un pelo.  Puedo ver como Damascus se tensa al instante, creo que puedo ver un aura negra saliendo de él. Wilder podría terminar muerto, ademas es mucho más grande y fornido que el, mi "novio" definitivamente no logra ver más allá de su narcisismo.  —Está bien, señor Priest, hablaré con él. —intervengo en el momento que Damascus da un paso hacia él.  Pero no me espero la manera en cómo vuelve a verme.  —¡¿Qué?! —espeta con molestia.  Pestañeo sorprendida por la expresión de enojo e incredulidad en su rostro. Creo que se da cuenta de cómo se ha escuchado así que niega recomponiéndose al instante. Se da la vuelta y camina hasta la salida del edificio, supongo que me esperará ahí, le observo alejarse y sin evitarlo corroboro que por un lado me gusta, y por el otro también.  —Nena y ese quién es, ¿por qué estaba contigo? Estuve a punto de matarlo. —gruñe sujetándome.  Le empujo ya hastiada de ese comportamiento tonto que tiene sobre mi. Mis padres tienen toda la razón y quizás no debería de darle más entradas.  —Wilder hay dos cositas que debemos aclarar tú y yo, ya que está mañana parece que no entendiste muy bien lo que dije. No soy tu novia y no soy tuya. —explicó con paciencia que no me queda.  Wilder se pasa una mano por la cabeza exasperando. Comienza a negar como si le estuviera diciendo una locura.  —No, nena quiero disculparme contigo, lo que dije estuvo mal y sé que tus padres no son así, te prometo que no volveré a cometer un error de esos pero no me dejes. —suplica tomándome de las manos.  —No puedo dejarte porque entre tú y yo no hay nada más, nos besamos de vez en cuando pero hasta ahí y cuando digo "nos", me refiero a ti besandome como si te perteneciera.  Se lleva las manos a la cabeza y comienza a negar.  —Artemis, por favor, voy a cambiar pero acepta ser mi novia. Me gustas mucho, mira esto... —dice sacando el móvil de su bolsillo.  Escribe algo y a los segundos mi móvil suena. Lo saco para revisarlo y es un mensaje suyo, le miro sin entender.  —Ábrelo. —sonríe.  Abro el mensaje y es una imagen, de hecho es una foto de unas rosas que en la descripción dice "Te amo". Le vuelvo a ver sin entender.  —¿Qué significa? —preguntó.  Wilder sonríe acercándose más, me toma de las manos y después mi rostro dejando una mano en cada mejilla.  —Te estoy regalando rosas y al mismo tiempo diciéndote lo mucho que te amo. —levantó el móvil para ver la imagen.  —Te estás confesando con un ramo de flores virtuales que descargaste de Pinterest. —no es una pregunta sino una afirmación.  Wilder es increíble.  —¿Te gusta mi detalle? Tú no eres una chica cualquiera así que quise tener un detalle único, ademas la floristería está en el centro y era muy lejos y no quería gastar gasolina, ademas esto es más bonito, ¿cierto? —frunzo el ceño.  Sin embargo, después de analizarlo, no me enojo sino que exploto en una carcajada que parece alegrar a Wilder.  ¡Soy única por eso me ha regalado una imagen de Pinterest! Afortunadamente mi móvil suena y me alejo de él con la incredulidad en el rostro. Luca esta llamándome.  —Hola papá. —digo divertida.  —Hola mi amor, ¿sigues en la universidad?  —Si, todavía pero el señor Priest ya está aquí. Regresaré con él a casa solo estoy arreglando un asunto con Wilder. —escucho como chasquea la lengua.  —Artemis, no quiero a ese chico cerca de ti. Estuve a punto de bajarme del coche y matarlo a golpes. —gruñe furioso.  —Lo sé papá, no te preocupes, te llamaré cuando esté en casa.  Nos despedimos, le contaré después el maravilloso regalo de Wilder.  Wilder espera paciente sonriéndome como si todo estuviera arreglado. Definitivamente esto no está para nada arreglado, es increíble su manera de según él conquistarme.  —Tengo que irme ya, sobre tu "propuesta". —digo entre comillas. —Pasaré de ella, aunque gracias por la foto un bonito regalo compartido por millones de personas. —su gesto de descompone.  —¡Pero te he dado flores, soy perfecto para ti! —grita incrédulo. ¡¿Está de broma?!  —Nos vemos después, están esperándome. —me despido sin decirle nada más.  Se queda gritando mi nombre y prometiendo ir por mi a casa esta tarde, le ignoro pasando de él, también grita algo sobre conquistarme.  Camino rápido para llegar a donde sea que el señor Priest me esté esperando. Lo encuentro del otro lado de la calle recostado sobre el capó de una camioneta negra, la imagen de él es como la de un espía y modelo sexy al mismo tiempo. El hombre roba las miradas de varias chicas que salen del campus.  ¡Quien no lo haría!  —j***r, que afortunada es la mujer que te tiene. —gruñó para mi misma. —Artemis compórtate. —me riño y tomando una buena cantidad de aire camino hasta él.  Está mirando hacia otro lado, por lo tanto no se percata de mi presencia hasta que me planto frente a él. Parece pensativo, no le digo nada esperando a que él lo haga pero también guarda silencio.  Raro...  —Lamentó la tardanza, él es mi... —me interrumpe antes de decir mas.  —Tu vida personal no es de mi incumbencia, ahora vámonos. —dice enderezándose y caminar hasta el piloto.  Uau.  —¿Está bien? —digo pero es para mi misma.  Le sigo hasta el lado del copiloto, me mira como si eso le ofendiera y sin necesidad de palabras me voy hasta la parte de atrás. Él no dice nada y a los segundos pone el auto en marcha.  —Señor Priest... —le llamo.  Me mira desde el retrovisor y por la mirada que me da se que está molesto.  —Nada. —finalizó.  Vale. Me he pasado, ya le he incomodado con mis palabras.  Artemis Schaffer-Pfeiffer de ahora en adelante debes de ser precavida con tu bocota y no decir cosas que incomoden al señor Priest.  Me quedo en silencio durante todo el viaje, la verdad es que la atmósfera dentro del coche se siente bastante tensa e incómoda.  Resignada por lo que he provocado observo la calle desde la ventana, pasamos por la calle principal que da directo al centro de Múnich y después va hacia mi casa.  Mi estómago ruge y él hambre me invade, se me antoja pollo frito en el momento que pasamos por un  KFC. Mi estómago también parece alegrarse pero no me atrevería a pedirle a Damascus que paremos pero el antojo se va conmigo. No obstante, cuando una floristería se deja ver, no puedo evitar recordar las palabras de Aremmi.  "Las flores lo arreglan todo."  —¡Detén el auto! —digo provocando que disminuya la velocidad casi de golpe. —Lo siento, ¿puedes detener el auto unos segundos? Necesito comprar una cosita. —pido con un tono de voz más suave.  Damascus asiente incorporándose a la orilla de la calle donde hay un parquímetro, me apresuro a bajar del coche y solo me recuerdo lo miserable y pobre que soy. Saco un par de billetes de mi mochila y solo espero que sea suficiente para un ramo bonito de flores. Corro hasta la floristería y pido un ramo de flores que muestren mis disculpas. La señora me dice que un ramo de quince rosas es ideal para pedir disculpas, por suerte tengo dinero suficiente para comprar un bonito ramo y la señora también me da una barra de chocolate que dice "Lo siento" en inglés, es ideal y perfecto.  —Debes de querer mucho a tu novio. —me dice y yo sonrío.  Omito decirle que es para el hombre que casi mato con mi auto el día anterior. Vuelvo a ver haciadonde ha estacionado la camioneta y puedo verle salir de ella con la elegancia que lo amerita.  —Oh, vaya, ahora entiendo porque quieres pedir disculpas. Ten, toma esto también. —me dice la señora entregándome un pequeño cartoncito con dos pequeñas pitas que llevan en el medio un corazón.  Eso es demasiado, no podría darle algo así cuando no tiene sentido alguno. Sin embargo, las aceptó agradecida.  La señora me da el ramo de rosas, el chocolate y todo en una pequeña bolsa de papel. Le agradezco por todo y seguido me apresuro hacia él, la señora me da todos sus ánimos deseándome suerte y espero poder disculparme apropiadamente con Damascus.  Me acerco a él quien me observa sin expresión alguna, observa las rosas y solo me abre la puerta de atrás para que entre.  —Espere, señor Priest. Esto es para usted, quiero disculparme por lo sucedido ayer, no soy buena conduciendo en la llovía porque me pongo nerviosa de que algo pueda pasar y me incomoda no tener una buena visión. —estiro el ramo de rosas a él. —Por favor acepte esto de mi parte y discúlpeme por las molestias que he causado. —sonrío, le entrego también la bolsa.  Espero una reacción de su parte, llegó a pensar que no la vería pero por primera vez le veo pestañear confundido, sus mejillas no llegan a sonrojarse pero si veo que se sorprende como si nunca lo hubiese imaginado.  ¿Acaso le estoy incomodando? 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR