Capítulo 1.
Miro a mi compañera de habitación. El silencio es tan espeso en la habitación que me cuesta respirar. Puedo sentir el camino creado por una pequeña gota de sudor deslizándose por mi cuello, mi cuerpo rígido, pero caliente bajo la atenta mirada de Hannah.
—No, no puedo hacerlo —le digo, negando con la cabeza repetidas veces. La sola idea me asqueaba y no quería decirle eso en voz alta.
—Por favor, Aster… —Hannah se acerca a mí y se sienta a mi lado, tomándome las manos—. Si esto no fuera importante no te lo estaría pidiendo
—¿Pero te das cuenta lo que me estás pidiendo? —le pregunto— Si yo fuera otra persona, yo podría ir y hablar con el decano. O peor aún. Alguien nos vería y ambas seríamos expulsadas porque abandonamos la residencia estudiantil para…
—Lo sé —ella me interrumpe—. Sé que suena muy mal la primera vez que lo escuchas, yo también lo pensé. Pero nada de eso es verdad. Bueno, no del todo
—¡Quieres que sea una dama de compañía! —exclamo, en voz baja.
Una mueca se dibuja en su rostro—Preferiría llamarle Escort
—Como sea, es lo mismo —le digo— ¿Sabes lo mal visto que es eso?
—Aster —ella suspira y yo la miro— Las Escort no son lo mismo que las prostitutas, ¿bien? La frase ‘dama de compañía’ está mal empleada y es normal que se confundan ambas cosas, pero créeme, no es lo mismo
—¿Y cuál es la gran diferencia, según tú? —le pregunto, escéptica.
—Bueno, lo primero es que, si no quieres tener sexo con un cliente, no lo tienes
Suelto una carcajada sarcástica. Claro, como si yo hubiera nacido ayer. Está bien que yo sea una pueblerina, pero eso no significa que yo sea estúpida.
—Claro —digo, rodando los ojos—, y los hombres derrochan dinero solo porque ustedes sean su hombro amigo
—¡Te lo juro! —ella intenta convencerme— Mira. He sido la acompañante de Alessandro por cinco meses y nosotros no tuvimos sexo hasta la cuarta cita. Las primeras tres veces, solo fuimos a eventos sociales o a cenar. Disfrutamos de una exquisita cena y una champán costosa. Y después de eso, él me traía de regreso
—¿Y por qué ellos pagan por algo así?
Hannah se encoge de hombros.
—No lo sé. Tal vez, ellos están aburridos de sus esposas o están pasando por un divorcio difícil y solo quieren divertirse. Lo único que sé es que antes de ser la acompañante de uno, tú debes firmar un contrato de confidencialidad donde se estipulen todos los puntos y ambas partes deben estar de acuerdo.
La miro por largos segundos, sopesando lo que ella me decía. Todo lo que Hannah hablaba parecía sacado de una telenovela nocturna barata. ¿Un hombre te pagaba suculentas cantidades de dinero solo por ir a cenar? Sí, claro.
—No lo sé, Hannah…
—Por favor, Aster
Ella se agacha en cuclillas frente a mí y me observa. Sus bonitos ojos avellana me observan suplicantes.
—Si esto no fuera importante no estaría pidiéndotelo como un favor
—¿Y por qué yo?
Mi compañera de cuarto suspira y deja caer su cabeza sobre mis rodillas. Como un acto reflejo, estiro mi mano y peino los pequeños nudos en su cabello n***o. Ella me mira entre sus pestañas, su frente levemente arrugada.
—Se supone que Olenka iría conmigo, pero su padre está muy enfermo y ella tuvo que salir de la ciudad
—¿Y no se supone que tú y ese tipo son exclusivos o algo así? —le pregunto— ¿Por qué él quiere que vaya una tercera persona? ¿Ustedes quieren hacer un trío?
Hannah se ríe y sacude la cabeza. Ella se coloca de pie de nuevo y sube un pie en la cama antes de sentarse sobre su pierna.
—Alessandro irá con uno de sus amigos. Hay un evento de beneficencia donde subastan cosas y la gente rica derrocha dinero y presume todo lo que tiene —me explica— Lo poco que él me dijo es que este amigo suyo viene saliendo de un divorcio un poco complicado y esta es su manera de decirle al mundo algo como “ya llegué, perras”
Me río por su ocurrencia y suspiro.
—¿Lo conoces?
—No, nunca lo he visto ni siquiera en fotos. Pero sé que es un pez gordo
Trago saliva, sopesando mis opciones.
¿Qué opciones? No tengo ni una maldita opción.
Vivir en un pueblo aledaño a la ciudad es jodido, pero que tus padres tengan que estar enviándote el poco dinero que tienen para que tú puedas sobrevivir en la gran ciudad… eso sí que es doblemente jodido. Me siento tremendamente culpable cuando papá me llama para decirme que me ha depositado dinero en mi cuenta para que pueda comprarme algo para comer sabiendo que ellos se están apretando los cinturones para llegar a fin de mes.
Maldito y asqueroso dinero.
—Y… —vacilo. Me relamo los labios, mirando a Hannah—, ¿de cuánto dinero estamos hablando?
Veo el fantasma de una sonrisa en los labios de Hannah, pero ella se obliga a mantenerse seria.
—Bueno, Alessandro me ha dicho que este tipo no sabe que iremos, entonces te daré parte de mi pago —ella me dice.
Hago una mueca. Si compartimos el pago en dos, el dinero no sería mucho.
—Oye, no te preocupes. Él siempre me da un poco de propinas —ella se apresura a decir mientras mueve suavemente su muñeca frente a mí, enseñándome la pulsera de oro rosado que reposa delicadamente en su piel.
Me río y paso un mechón de mi cabello detrás de mi oreja. Siempre me había preguntado de dónde Hannah sacaba tanto dinero y en este momento, varios puntos estaban cayendo en su lugar. Y es que yo sabía que Hannah venía de una familia más o menos acomodada, pero nunca había visto que ella llamaba a sus padres para pedirles dinero. Además… que una chica joven tenga tanto efectivo es un poco extraño por decirlo menos.
—¿Desde cuando estás haciendo… esto? —quiero saber
Hannah se sienta frente a su tocador y comienza a quitarse el maquillaje con una toallita húmeda.
—Casi un año —dice mientras se quita las pestañas postizas y las arroja al basurero—. Conocí a Alessandro en una de estas aplicaciones de citas. Congeniamos muy bien hasta que él me propuso salir con él. En ese momento, yo estaba trabajando a medio tiempo y él me dijo que me daría lo que yo ganaba en un mes solo por salir con él y… el resto es historia, supongo
—¿Estás hablando en serio? —le pregunto, incrédula. Ella asiente— ¿Y cuántos años tiene él?
—¿Alessandro? Cuarenta y uno
Mi rostro se pone colorado y me tengo que cubrir la boca con la mano cuando una risita estúpida quiere escapar de mis labios. ¿Cuarenta y uno? ¡Él es casi veinte años mayor!
Mi mirada se encuentra con ella a través del espejo y ambas reímos.
—¿Qué? No esperas que vaya a salir con un chico retrasado de nuestra edad, ¿verdad? —ella encoge un hombro— Los chicos de nuestra edad piensan con la polla y eso no es nada atractivo
Bueno, ella tiene un punto ahí. Las pocas experiencias con chicos que he tenido a lo largo de mis veintidós años de vida no han sido las mejores. La primera vez que un chico rompió mi corazón yo estaba en tercero de secundaria y él rompió conmigo frente a todo el salón, diciendo que era más atractivo besar a un sapo que a mí.
El resto de mis romances fortuitos no han sido muy diferentes. Yo me alejo en el momento exacto en que comienzo a sentir cosas. Realmente odio ese sentimiento de angustia que te genera una relación en malos términos.
—¿Y él tiene hijos? —le pregunto.
Más interesada que antes, yo paso de mi cama a la suya para sentarme más cerca de ella.
Hannah asiente, aplicándose un poco de bálsamo labial.
—Él tiene una hija. Creo que se llama Kenia, pero vive con su madre en otro Estado. Alessandro la ve un par de veces al año.
Asiento. Hay tantas cosas que quiero preguntarle a ella. Primero, me gustaría saber cómo es todo ese mundo de las Escort. Ella ya me ha explicado que una Escort no es lo mismo que una prostituta y eso lo entiendo, pero… ¿cuáles son las diferencias? ¿Hay más chicas de nuestra edad trabajando en eso? ¿Es un trabajo legal o solo hay que hacerlo sin ser descubiertos por la policía? ¿Esto tiene algo que ver con la trata de personas?
Doy un brinco cuando Hannah pone su mano sobre mi hombro, sacándome de mis cavilaciones. Ella parece notar mis dudas porque me regala una sonrisa amena.
—Puedes preguntarme todo lo que quieras, Aster —Hannah me dice— Si eso te ayuda a estar más tranquila, prometo que te responderé con total sinceridad.
Tomo una respiración profunda y le hago la primera pregunta: —¿Cuánto cobran?
—Cada Escort tiene su propio precio y es el cliente quien decide si acepta o no. Por supuesto, todo es por mutuo acuerdo —Hannah me explica— Por ejemplo, la primera vez que salí con Alessandro, nuestro acuerdo fue de cuatrocientos dólares.
Mis cejas se disparan hacia arriba. Eso es mucho dinero.
—¿Te has encontrado alguna vez con algún conocido?
—No, gracias a Dios —Hannah se ríe y coloca su mano en su pecho— No sé qué haría si eso ocurre.
Asiento. En el caso hipotético, si yo aceptara la oferta de Hannah, las probabilidades de que yo me encontrara con alguien conocido en uno de esos eventos sociales son de una en un millón. Mi círculo social es reducido, sin mencionar que no cumple ese tipo de estándares.
—¿Quieres ver una foto de Alessandro? —Hannah me pregunta.
Yo asiento sin dudarlo.
Ella toma su teléfono que está conectado al cargador sobre su tocador y desbloquea la pantalla. Hannah teclea un par de veces y luego de unos segundos, ella me entrega su teléfono.
En la pantalla hay una fotografía de i********: de un hombre vestido con un traje de tres piezas. La sonrisa de él es espléndida. Tiene unas cuantas líneas de expresión en el rostro, pero para tener cuarenta y un años… él se mantiene bastante bien.
—Oye… —murmuro y la escucho reír.
—Es caliente, ¿no? —me pregunta y yo asiento.
—¿Qué hace él? Quiero decir, ¿a qué se dedica?
—Es asesor financiero —Hannah responde—. Asesora a clientes con empresas multinacionales y administra sus fondos
Suelto un silbido de asombro, entregándole el teléfono.
—Es un pez bastante gordo, ¿no?
Hannah se encoge de hombros.
Nos quedamos en silencio por unos segundos y mientras yo estoy sumida en mis pensamientos, me doy cuenta de que ella está mirándome mientras se muerde el interior de la mejilla como si estuviera demasiado ansiosa.
Finalmente, asiento.
—Está bien, lo haré
Ella suelta un pequeño grito de emoción y se lanza encima de mi para abrazarme y ambas caemos sobre su cama, riendo.
—Muchas gracias, Aster —Hannah me abraza con sus piernas y brazos y yo le dio pequeñas palmaditas en el hombro— Le avisaré a Alessandro