—¡Tienes razón! A mí también me gustaría pensar que el Mediterráneo se postra a nuestros pies. ¿Qué haría falta? —Poder, solo poder. Si yo lo tuviera lo administraría con cordura y mano diestra. No permitiría deslices ni consentiría arbitrariedades que hicieran peligrar mis objetivos. Los romanos creamos el imperio, pero también lo destruimos, y eso es algo que no se volvería a repetir. Caracalla fue el gran culpable. Él otorgó la ciudadanía a cualquiera que estuviera dispuesto a pagar impuestos y convirtió la burocracia en algo imposible de comprender. Todo el mundo quería mandar, y esta ambición sin control paralizó la administración. Luego estaba el ejército, que no conforme con este ni con aquel emperador, no hacía sino poner a uno y quitar a otro sin que ninguno de ellos pudiera llev

