II LA SOMBRA DE BUDAPietro se adentró en el túnel ligeramente desengañado. Aquel hombre le había engatusado, y él, sin caer en la cuenta de lo absurdo de su proposición, había asentido como un niño. Sintió un punto de rabia que le llevó a dar un breve pataleo en el suelo con el pie derecho; luego resopló con fuerza, y cuando hubo expulsado la última gota de aire de sus pulmones levantó los ojos y trató de concentrarse en la salida. ¡Qué raro! Parecía como si al otro lado se hubiera hecho de noche de repente, como si no hubiese luz. Se inquietó instintivamente; giró la cabeza y miró hacia la entrada. Nada, oscuridad total. ¿Qué estaba ocurriendo? Parecía que el pasadizo estaba sellado por ambos extremos. Sin embargo, una tenue luz grisácea permitía que se vieran con cierta claridad las par

