II. LA SOMBRA DE BUDA-3

2278 Palabras

Tenzin se paró cuando no habían hecho sino caminar una corta distancia. Echándose mano al estómago esperó a que el fuerte dolor abdominal se le pasara. Mipam también se detuvo, pero ni siquiera le preguntó por su dolencia, la conocía y sabía cómo curarla. «Amitabha Hri Om»,4 comenzó a recitar a la vez que reanudaba la caminata. «Amitabha Hri Om», repitió entonces el hambriento con tanto ímpetu que cuando lo hubo dicho mil veces su cuerpo dejó de sentir. A Bhawânipur se llegaba por un camino angosto que en su tramo final se ensanchaba y picaba hacia abajo. La vereda transitable estaba repleta de piedras puntiagudas y afiladas que era menester esquivar. La copiosa vegetación de ambas orillas mojaba las togas de los monjes y les enfriaba el cuerpo. Mipam tropezó y ambos levantaron la cabeza.

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