La luz del alba se filtraba suavemente a través de las cortinas, pintando el espacio de tonos dorados. Ariel lentamente emergió de su ensueño, sintiéndose rodeada por una calidez reconfortante. Durante unos segundos, se permitió disfrutar de esa sensación, aquellos brazos que la rodeaban y la dejaban en aquel espacio tan cómodo, sintiéndose segura, fue como un suave manto que la cubrió de todo lo malo, de todo el dolor, de toda su angustia, antes de darse cuenta de que estaba enredada en los brazos de Norman, recostada a su pecho, durmiendo cómodamente sobre él. La realidad golpeó a Ariel como una ola cuando esos dedos se movieron sobre su cara. Miró hacia abajo y vio el anillo en la mano de Norman, un constante recordatorio de su compromiso, y si era sincera, era el mejor anillo que habí

