Capitulo 33

2368 Palabras

Frente a la entrada del monasterio nevaba chuzos. Los sacerdotes me ayudaron a enfundarme el jubón de cuero y la chaqueta de piel de cordero. Me abrocharon el cinturón. Era agradable percibir de nuevo el olor a cuero, aspirar el aire frío. Mi padre sostenía mi espada. Era una espada antigua y pesada que había utilizado hacía tiempo para pelear contra los caballeros teutónicos en unas tierras situadas al este; las piedras preciosas se habían partido y desprendido de la empuñadura, pero era una magnífica espada de guerra. En éstas apareció a través de la nieve una figura montada a caballo. Era el príncipe Miguel, vestido con una capa forrada de piel y unos guantes, el gran señor que gobernaba Kíev para nuestros conquistadores católicos, cuya fe nos negábamos a aceptar, aunque ellos

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