Contemplé esas imágenes en bronce con una visión vampírica tan aguda que no pude por menos de suspirar de gozo. Recuerdo ese momento con toda claridad. Creo que en aquel instante comprendí que nada podía herirme ni entristecerme de nuevo, que había descubierto el bálsamo de la salvación en la sangre vampírica, y lo curioso es que ahora, cuando dicto esta historia, sigo pensando lo mismo. Aunque ahora me siento desdichado, y quizá siempre lo sea, creo firmemente en la extraordinaria importancia de la carne. Mi mente evoca las palabras de D. H. Lawrence, el escritor del siglo XX, quien en sus relatos sobre Italia recuerda la imagen de Blake de «Tigre, Tigre, que ardes en los bosques de la noche». Lawrence lo expresó así: Esta es la supremacía de la carne, que lo devora todo, y se t

