Tardamos cuatro noches en llegar a Kíev. Sólo íbamos en busca de una presa en las primeras horas del día antes del alba. Construimos nuestras tumbas en cementerios, en las mazmorras de viejos castillos abandonados y en sepulcros en los sótanos de viejas y dilapidadas iglesias que las gentes profanaban guardando en ellas sus animales y su heno. Podría contarte muchas historias relacionadas con este viaje, sobre las nobles fortalezas que visitábamos antes del amanecer, de las agrestes aldeas en las montañas donde hallábamos al malhechor en su guarida. Naturalmente, Marius veía lecciones en todo ello. Me enseñó lo fácil que era hallar un escondite y aprobaba la velocidad a la que me movía a través del espeso bosque. No temía irrumpir en unos primitivos asentamientos para saciar mi

