Mientras tanto Paola se siente cada vez más desesperada, ha intentado luchar con todas sus fuerzas contra aquella enfermedad, pero ahora mismo en lo único que puede pensar es en comer, aunque no deja de sentirse fea después de aquella conversación en la que su padre le dejó muy claro que la vida s****l es normal, y que lo único que le pide es que se cuide cuando llegue ese momento. —Hola hija —dice Paolo entrando a la habitación —te traje tus dulces favoritos, sabes que desde hace mucho no pasábamos un tiempo juntos —ella le mira extrañada. —Estuve pensando en que podemos irnos al cine, sé lo mucho que te gusta y bueno… —Estás loco papi —sonríe al ver la cara que su padre hace al ver que no se ha peinado —, no puedo ir a un cine, en una silla de ruedas es casi imposible hacerlo. Y esto

