La noche llegó con rapidez, tanto que Nina no la sintió llegar. Su mente estaba dispersa y no solo por la cuenta que encontró, sino por la conversación con Dominic y el tema del departamento. Durante esos quince días de relación, él había intentado tocar el tema en varias ocasiones. Nina se seguía negando, pero esta vez él no intentó convencerla de ceder; él ya había buscado y tomado opciones, y por el tono de su voz, Nina supo que no le iba a dar opciones de seguir negando aceptar. —No estarás pensando trabajar horas extras hoy. La voz de Dominic la hizo despegar la mirada del computador. Él estaba allí, recostado al marco de la puerta. Su saco estaba colgando de su mano, la cual reposaba en su hombro. Su camisa estaba recogida, dejando a la vista sus antebrazos, y los primeros botone

