El tiempo pareció detenerse para Nina mientras esperaba impaciente noticias sobre la salud de Dominic. Taylor seguía allí, deambulando por la sala; la angustia era palpable en cada uno de sus pasos. En su bolsillo, el móvil sonaba de manera insistente, pero él lo ignoraba con fastidio. —Deberías responder, tal vez es tu madre —comentó Nina al escucharlo sonar por quinta vez. —Es ella, y no voy a responder. —Debe estar preocupada... —Ella es la responsable de esto —sentenció Taylor con amargura—. Te llenó la cabeza con quién sabe qué cosas y ahora Dom está ahí dentro. —Taylor... lo siento mucho, pensé que sería lo mejor... —Ya viste que no —le espetó él de manera molesta, aunque de inmediato suavizó el tono—. Disculpa, Nina, estoy muy preocupado. —Lo entiendo. —Nina se acercó

