Nydia
Carlos no ha llegado, me temo que le haya pasado algo, ya los invitados han bebido y comido, sólo esperamos a que llegue para hacer la ceremonia y bailar un poco, pero no sé qué ocurre.
—Hija, voy a llamar a los amigos de Carlos —mi madre informa.
—Ellos están aquí mamá, el que no llega es Carlos, no sé qué habrá pasado.
—¡Nydia! —alguien llama mi nombre desde afuera.
—¡¿Si?! —respondo con el corazón palpitando a toda velocidad, sin parar.
—Es Carlos al teléfono, he logrado contactarlo y quiere hablarte, en privado —informa la Sra. Mendoza, la madre de mi amado.
—¡Pase el teléfono! Mi mamá puede escuchar, el resto por favor espere afuera —salen de prisa las personas que me ayudaban con mi peinado y vestuario.
Una boda a lo grande, con ambas familias ameritaba un buen personal de apoyo para todo, mi maquillaje, peinado, organización, comida, bebidas, en fin, todo. Mi madre y yo hemos tomado dinero prestado con tal de contribuir y ayudar a Carlos y su familia, además yo quería una luna de miel en Italia y lo hemos logrado gracias a eso. Después tocará trabajar en equipo para pagar todas estas deudas, pero vale la pena por el amor de mi vida.
—Carlos, amor ¿Por qué no has llegado? Espero que tengas una buena excusa y que traigas ese hermoso cuerpo aquí en segundos porque estoy esperándote —le digo con tono dulce, pero desesperado.
—Lo siento, Nydia —responde con indiferencia.
—¿A qué te refieres, amor? Carlos, no es momento de bromas ¿Sabes? ¡Es nuestra boda!
—No podré asistir a tu boda, no me puedo casar porque no estoy listo para un paso tan importante. Si quieres podemos seguir juntos y más adelante casarnos, yo no quería una boda, todo ha sido por tu insistencia.
—¿Cómo dices? Carlos tú me has dicho que me amas.
—Y lo hago, pero no creo que estemos listos para el matrimonio.
—¿No vivimos juntos?
—Casarse es algo muy grande, algo serio, yo no estoy para esas cosas y no podrás convencerme de lo contrario.
—Estás asustado, eso es todo, ven, lo hablamos y lo resolvemos ¿Sí?
—No iré Nydia, no me voy a casar ¿Escuchaste? Lo lamento, no debiste hacerte ilusiones conmigo —lo siguiente que escucho es la llamada caerse.
Y pensar que algunos minutos atrás…
—Nydia Caruso ¡Qué hermosa estás, hija! —escuchaba la entusiasta exclamación de mi madre.
—Gracias, mamá — respondía entre lágrimas de alegría.
Martha Caruso, mi madre es una mujer luchadora, incansable, mi motor e inspiración. Hoy es el día de mi boda, estamos muy emocionadas y quisimos a pesar de no tener mucho dinero hacerlo a lo grande, porque precisamente no se trata de cualquier boda, se supone que me caso con mi mejor amigo de toda la vida y mi primer amor, Carlos Mendoza, el hombre más carismático, hermoso y encantador que mis ojos han visto. Él es un año mayor que yo, a mis veintinueve no esperaba que casarme fuera algo tan emocionante, pero me ganó la cursilería ¡Vamos! ¡Es mi amigo de toda la vida! Siempre fuimos novios, pero hacen cuatro años hemos vivido las mejores aventuras.
—Nydia, sólo esperamos a Carlos para que salgas ¿No has sabido nada de él? —preguntaba una y otra vez la organizadora de la boda.
—No, aún no. Debe estar poniéndome nerviosa para sorprenderme con algo ¡Ya sabemos cómo es él con sus bromas! —decía para no levantar sospechas, como último recurso empiezo por ponerme nerviosa, aunque mis palabras trataron de disimular mi estrés.
Es un hecho, Carlos no bromea, él no vendrá. Con la boca abierta, los dos ojos agrandados en total shock, un mar de lágrimas brota de mis ojos, por un momento creo que es una pesadilla, pero cuando siento los brazos de mi mamá abrazarme me doy cuenta de que no es un sueño, el amor de mi vida acaba de plantarme el día de nuestra boda.
—¿Ahora qué mamá? ¿Qué hago?
—Que la organizadora anuncie que coman y beban lo que deseen que el novio está indispuesto…
—No hay manera de maquillar esto, saldré y diré la verdad.
—Eso será peor, todos te verán derrotada.
—¿Y qué hago? Entre deudas y mis sueños rotos no sé qué es peor.
—Deberías…
—¿Qué está sucediendo aquí? ¿Quién murió, Nydia? —pregunta mi mejor amiga, Betty Santos.
—No hay boda, el novio la cancela —respondo entre lágrimas y sollozos.
—¡Oh! —exclama en shock.
—Betty, ustedes deberían irse a Italia.
—¿Irnos de luna de miel nosotras, mamá? ¿En serio?
—¡Si! Bueno, no de luna de miel, pero los boletos y el hotel se pagaron, así que si nadie va será dinero perdido que en parte debemos, así que por lo menos escapa mi niña de esta pesadilla y ustedes descansan por allá. Me iría con ella, pero alguien debe enfrentar todo lo que viene después de este enredo ¡Corran! ¡Salgan ahora por detrás que nadie las vea! Vayan a Italia y descansen ¡Te lo ruego Betty y te la encargo con mi vida, es mi vida la que te entrego!
Lo siguiente que sé es que salgo con Betty arrastrándome de un brazo ensuciando el vestido blanco con cuanto lodo encuentro en el camino. Nos escapamos de mi propia boda el día en el que mi alma se quiebra en pedazos.
A penas respirando pasamos por mi casa, el lugar donde él y yo solíamos convivir, recojo la maleta que tenía hecha, la encuentro colocada justo al lado de la suya, pero una se va y otra se queda.
—No hay nada que yo pueda decir para remediar lo que ese bastardo ha hecho, creí que éramos amigos, no entiendo nada y sé que tu entiendes menos, así que te ofrezco salir a pasear, beber hasta que nos saquen a patadas del bar, llorar y comer cubos de helado, pero sobre todo quiero que luches por sentirte mejor, no quiero que esto te destruya, no soportaría verlo —Betty comenta entre lágrimas.
—Saldré de esto, me duele doblemente, se trata de mi mejor amigo, pero saldré de este dolor que hoy siento.
Narra Alessandro (Italia):
Mis padres me heredaron las empresas de golosinas Bianchi, tengo todo el dinero del mundo y un poco más, pero la mujer que amo me creyó aburrido y se tomó un tiempo para pensar si nuestra relación vale la pena.
Estoy dispuesto a pagar lo que sea por un momento de placer, por sentir un abrazo de una mujer que quiera consolar a un roto corazón, que no sirve para nada desde que se enamoró de una mujer como Nolita Esposito, quien me enamoró con lo que sus manos cocinan en su restaurante y con esas mismas manos me estrujó el alma.
—Amigo, este fin de semana se va a encender la disco, no te puedes quedar pensando en esa mujer que ni su nombre puedo pronunciar —dice Alonso Rizzo, mi amigo y socio en la compañía.
Mis padres me dejaron todo el dinero del mundo, somos Bianchi, una de las empresas más exitosas de golosinas nos pertenece, sin mencionar el patrimonio en casas y terreros, me dejaron todo y a la vez me dejaron solo, fallecieron en condiciones sospechosas, ambos encontrados muertos en un cuarto de hotel y me aferré a una mujer, me aferré sólo Nolita y ella se ha ido también de mi lado. Parece que tengo un repelente para las personas que amo. Mis días de don juan de muchacho inmaduro habían pasado, yo con ella intenté ser el mejor hombre del mundo, pero al parecer no me ama.
Vivimos una relación muy extraña, de vez en cuando pasa por mi casa o yo paso por su restaurante y sostenemos un momento de intimidad casual sin ningún tipo de compromiso físico, pero si emocional al menos para mí. Estoy en un punto en el que no creo estar enamorado de una relación que me daña, pero no sé cómo escapar de ella, parece que estoy preso por sus besos y sus labios. Treinta y tres años, todo lo que una persona físicamente desea en la tierra y solo, sin una esposa o novia para compartir. No hay cine, no hay noches de pasión, sin abrazos cálidos esperando que ella me suelte porque yo no quiero.
En este trabajo soy el empresario, la cabeza principal, el amargado también soy porque desde aquel día que comencé a notar indiferencia en ella no he podido ser feliz ¿Por qué una persona mantendría a otra en un constante sueño amoroso sin pasar a otro nivel? No comprendo cómo es eso de que me ama sin compromisos, cómo es que estamos bien así cada uno por su cuenta sin compromiso alguno. Tal vez Nolita tenga razón, quizás lo mejor opción es no enamorarse demasiado, tal vez sea mejor algo casual, de una noche, nada de bodas ni cosas para atarme, pero no seguiré con ella, debo escapar de esa mujer, ya me ha consumido unos años y me ha roto el corazón más de una vez.
Para evitar que ella me deje plantado al momento de salir una noche lo mejor es no acordar nada, me está enseñando a cerrarme porque soy un tonto, siempre lo he sido. Lo que tengo que hacer es salir con Alonso, embriagarme y olvidar mi existencia en este planeta, irme con la primera chica que vea dispuesta y al día siguiente no esperar que amanezca para irme, que sea algo de una noche ¡Si! Eso debería hacer, aunque no sé cómo conquistar, son tantos años sin salir, sin pensar en otra mujer, sin tocar otra piel que no sabría por dónde comenzar, sin embargo, la vida se me irá detrás de una relación que me consume, o dejo que me mate o empiezo por vivir la vida y aprender a pagar con la misma moneda.
Mi siguiente conquista no me verá débil, tendré que cuidarme de que no juegue conmigo, debo evitar comprometerme emocionalmente, ese Alessandro tonto tiene que morir y nacer uno fuerte y en control de sus emociones.
Todo un seductor, sin ataduras ni dejar que me usen.
—Ring, ring —suena el teléfono, en la pantalla veo el nombre de Nolita.
Empezaré por no contestarle, seguro quiere algo y no sabré decir que no.
—Sr. Bianchi, debemos colocar en el periódico un anuncio de empleo, está costando trabajo encontrar a alguien calificado que nos ayude con las ventas —me informa mi secretaria.
—Pongamos el anuncio y ofrezcamos un salario llamativo, publícalo para llamar un poco la atención, no podemos permitirnos disminuir las ventas por falta de estrategia. Creo que me tomaré libre el fin de semana, necesito un descanso.
—De acuerdo señor, no se preocupe y descanse, necesita hacerlo.
Antonella ha estado con nosotros durante mucho tiempo, ronda los cuarenta, pero nadie sabe exactamente su edad.
—La única persona en esta empresa a la que respetas y no le regalas tu mal carácter es a ella —Alonso siempre me recuerda lo bien que trato a la señora Antonella.
—No tengas envidia, tal vez algún día te trate bien.
—Amigo, soy hombre y decirte que eres apuesto no es algo tan común entre los masculinos, pero me parece que tienes buena cara, no se espantarán las mujeres, así que te deseo que una mujer te haga cambiar de opinión con respecto a la loca de ya sabes quién, sólo una loca no pasaría su relación al siguiente nivel.
—No exageres, una persona no, la verdad ella no me quiere como yo a ella, no es más que eso.
—Basta de tragedia, vamos a salir, a buscar chicas, no seas tan aguafiestas y di que sí.
—Descansaré este fin de semana, pero diviértete.
—Pasaré por ti y te arrastraré a la calle si es necesario.
—Pienso constantemente en una mujer y por momentos hasta decido que lo haré, pero la verdad no creo tener fuerzas para pasar por la esquina del amor otra vez.
—Da una vuelta por esa esquina, no es a quedarte, sales, conoces a alguien y al otro día decides si pasó o no.
—Suena tan fácil.
—Te buscaré y nadie me detendrá de sacarte de tu casa. Estoy seguro de que habrá una mujer que querrá estar con un exitoso empresario, joven y apuesto.