Si el objetivo era robarme la paz creo que lo ha logrado, he pensado en todas las posibilidades y no comprendo las razones por las cuales esa mujer blanca, pelo oscuro y rostro perfectamente definido se dirigió a mí dándome a conocer que maneja informaciones mías. Mi nombre y apellido, el nombre de mi novio, no me parece una coincidencia. —Es hora del desayuno —avisa la oficial de turno. —Prefiero no desayunar. —¿Hace algún tipo de ayudo religioso o algo así? —Así es —miento en mi respuesta, prefiero no salir para evitar el roce con las demás reclusos. —Puedo permitirle no desayunar, pero el almuerzo tendrá que comerlo. —Le agradezco. Debo rezar, necesito salir de aquí, necesito un milagro, no quisiera enfrentarme otra vez a la posibilidad de que una de esa mujeres me haga daño. —

