Como cada mañana Marissa se levantó al salir el sol, se puso uno de sus vestidos más bellos y se dirigió a la ciudad para visitar a su pueblo. Una costumbre que ella formó para así tener más cercanía con su pueblo, y poder ayudarlo en lo que realmente necesitaban. Como siempre Elijah la acompañaba, él y Tain eran como su sombra, pero aquella mañana faltaba la presencia del dragón, a pesar de eso ella sabía y sentía como contaba con apoyo en cada travesía. Sonrío al ver a todos los habitantes prepararse para el próximo solsticio de primavera que llegaría en una semana. Aquella imagen quedaría grabada en sus recuerdos, porque sin duda el amor a su pueblo y el que este sentía hacia ella, era una de las razones que le habían dado la fuerza suficiente para vivir. Caminó por los basares y tie

