Me sentía muy nerviosa me temblaban las manos. No tenía idea de qué podría haber influido en mi padre para impulsarlo a crear una celebración, sabía que seguía enfadado y resentido al respecto de mi escape. Escuché llamar a la puerta del otro lado estaba un caballero de rojizos cabellos con una máscara parecida a la mía, sólo que sin tanto adorno. Veía sus ojos claros denotar alegría. —Me han pedido que venga por usted, majestad. Al escuchar su voz corroboré lo que ya sospechaba se trataba de Joaquín. —Gracias por venir por mí. Me ofreció su mano. —Es un honor majestad. Seguimos andando por el ancho pasillo en dirección al salón capitular. —Sabes, Jon tiene razón con respecto a las formalidades. Es raro que me llames así, durante un largo tiempo viví con ustedes y me hicier

