Engaño

1935 Palabras

Tal como lo dijo me guío al salón capitular donde me despedí de Damián. Nos pidió disculpas al no poder presentarse Inés y Esteban, al parecer ambos estaban ocupados ya a esas horas, y se encontraban en otros asuntos en el pueblo. Mi padre usó la medalla y me asombró que uno de los corredores la interconectó en una abertura sobre la roca que parecía ser del tamaño apropiado, invocando con seriedad a la luz como solía hacerse con la cruz de invocación. La pared se volvió un mapa gigantesco que reveló varias zonas pero sólo brillaba la que contenía el castillo de Halvard, el cual en la inconfundible forma de una fortaleza escondía una perla en forma de lágrima rojiza. Lo supe al ver tanto la forma como el emblema del escudo que se usa en la bandera para representar el reino de Halvard. A

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