—Por el momento pueden disfrutar la velada, se lo merecen—dijo Lucy—. Cortarán los pasteles y harán la demostración del producto dentro de media hora más o menos.
—Genial—susurró Jasper secamente cuando Lucy y Angie se fueron—. ¿Qué se supone que haremos durante media hora?
—Puedes comer dulces hechos con chocolates Wolden—sonreí inocentemente.
Jasper hizo una mueca de asco.
—Si pruebo algo hecho con esos chocolates voy a vomitar. No sé por qué a todos les gusta.
—Jasper, a ti no te gusta ningún tipo de chocolate.
—Por eso, no le veo diferencia a los demás.
Me acerqué a probar los dulces que estaban en la mesa. Su sabor resultó tan esplendido como su apariencia. Amaba comer dulces, estos Brownies con relleno de fresa iban a ser mi obsesión, necesito su receta.
—Primogénito Carpenter.
Casi me ahogo con el Brownie cuando escuché la voz de Alessandro. Jasper rápidamente se acercó a mí y me dio palmaditas en la espalda.
—¿Estás bien Mady? Te dije que esos chocolates son malos.
¿Cómo pudo decir eso justo ahora que Alessandro está con nosotros?
—Estoy bien—contesté cuando logré calmarme.
Me giré hacia Alessandro finalmente, para descubrir que debía ser el hombre con la mejor apariencia en trajes de vestir. Por lo menos para mí. Su traje era n***o, camisa blanca y corbata azul. Todas las veces que lo he visto siempre tiene un traje, y siempre son colores neutros y formales. Eso me hizo recordar que es mayor que yo, por lo que mi sub consciente saltó a decir nuevamente ¡casado!
—Eres el que estaba con mis padres—dijo Jasper con un sutil rastro de aspereza en la voz.
¿Por qué Jasper actuaba así con él?
—Sí—entonces Alessandro me miró—. Señorita Stevenson.
Tragué saliva. Actúa natural, debo actuar natural.
—Señor Woldenberg. ¿Cómo está?
—Ahora muy bien, gracias por preguntar.
—¿De dónde lo conoces, Mady? —inquirió Jasper—. ¿Quién eres tú?
A pesar de que claramente Alessandro es mayor que nosotros Jasper lo tuteaba. En momentos como estos quería darle una cachetada.
—Jasper, el señor Woldenberg es dueño de…
—De los chocolates malos—dijo Alessandro, pero no parecía molesto por el anterior comentario de Jasper sobre los chocolates, al contrario, parecía divertido e intrigado—. Tampoco soy amante del chocolate, señor Carpenter.
—Bien, ahora me agrada un poco—murmuró Jasper, claramente pillado y avergonzado—. Mi nombre es Jasper, usted ya habló con el señor Carpenter.
—Tengo entendido que usted va tomar el negocio de su padre, como socio me gustaría saber cuál es su ideal, sus proyectos para el negocio de su familia.
Para mí estaban hablando en chino cuando resultó que Jasper contestó con naturalidad e incluso un poco de emoción las preguntas de Alessandro. No entendía nada de lo que hablaban, pero estaba feliz de ver a Jasper feliz y cómodo ahora.
—Creo que ahora sí debería ir con mis padres—dijo Jasper. Entonces se volvió hacia mí—. ¿Quieres venir o…?
—Me gustaría conversar con la señorita Stevenson algunas cosas importantes también.
Jasper estrechó sus ojos por un momento, pero cuando asentí finalmente se fue. Entonces me dirigí hacia Alessandro.
—No va a hablar conmigo cosas sobre negocios, ¿verdad? Porque todavía estoy un poco mareada por su conversación con Jasper.
Alessandro sonrió y pareciera que tuviera mi edad.
—No, esta vez es un poco personal la dirección de esta conversación.
—Oh.
—Estoy algo curioso.
—Yo también.
No sé de dónde salió tal valentía, pero su forma de tratarme ha sido muy amena, así que tengo el derecho de actuar en respuesta.
—¿Sobre qué se siente curioso?
Alessandro estuvo en silencio unos segundos, vi que estuvo dispuesto a contestar a continuación, pero una mujer intervino. Me quedé congelada cuando me di cuenta de que era una de las mujeres que lo acompañaron esa noche en el restaurante, la que parecía lo suficientemente mayor para ser su esposa. Es su esposa, Mady.
—Alex, ¿Dónde te habías metido? Oh…—la mujer me miró—. Lo siento, ¿interrumpí?
—Mariella, ella es la señorita Madeline Stevenson.
Ella abrió sus ojos con fascinación, lo que me dejó muy confundida.
—¿Esa Madeline Stevenson?
Alessandro solo asintió con una sonrisa orgullosa.
—¿Tú hiciste el pastel de chocolate con frutos secos, cerezas y alcohol?
—Sí…
—Oh, mucho gusto en conocerte. Tienes un gusto maravilloso en serio. Amaría tener algo así para mi pastel de bodas, ¿tienes número de teléfono?
¿Pastel de bodas? ¿Todavía no se habían casado? Miré a Alessandro. Creo que estaba a punto de vomitar. Jasper tenía razón, esos Brownies son malos.
—Mariella, cálmate. Madeline, disculpa a mi hermana.
¿¡Hermana!? Después de esta noche necesitaría terapia.
—Discúlpame—dijo Mariella—. Pero en serio me encantó tu pastel. Repartieron el resto en el personal de la empresa y tuve la suerte de probar del tuyo.
—Gracias.
Ella asintió con una sonrisita.
—Aunque no fue nada fácil. Alex quería quedarse con todo él solo.
—Mariella—la voz negativa de Alessandro me causó gracia. ¿Por qué le molestó?
—Nunca lo había visto así por un pastel—continuó Mariella, ignorando a Alessandro por completo—, digo, es el dueño de una empresa chocolatera al que no le gustan los chocolates.
Eso me causó verdadera gracia, tanta que no pude evitar que se me escapara una risita que compartí con Mariella. Ella era todavía más hermosa de cerca, es rubia con el cabello largo y ondulado, sus ojos son de un marrón casi tan caramelo como los de Alessandro. Y viste un hermoso vestido azul hasta las rodillas. De repente otro hombre se acercó a nosotros y se detuvo junto a ella.
¿Por qué los hombres millonarios con los que me encuentro tienen que ser tan guapos? Casi me molestaba eso.
—Lo encontraste—dijo el recién llegado—. Eres bastante escurridizo últimamente. Nunca estás donde dices que vas a estar, nos íbamos a encontrar el lunes y de repente ya no ibas.
El lunes fue nuestra competencia de pasteles en la empresa. Miré a Alessandro con curiosidad, ¿por qué se habrá quedado?
—Es la edad—se burló Mariella.
—Gracias por el innecesario tema de conversación frente a la señorita Stevenson.
Hice todo lo que pude por reprimir mis deseos de reír nuevamente por la incómoda expresión de Alessandro.
—Madeline, él es Dario, mi prometido—me lo presentó Mariella—. Cariño, ella hizo el pastel.
Dario me sonrió.
—No tuve el placer de probar tu pastel pero confío en el paladar de Mariella—Dario miró con un brillo divertido a Alessandro— y el de Alessandro.
—¿Ves Madeline? Dario no pudo probarlo porque Alex se lo llevó todo.
Alessandro se volvió hacia mí y me sonrió casi forzadamente.
—¿Quieres acompañarme?
—Sí, claro—miré a Mariella y a su esposo con una sonrisa de disculpas—. Fue un gusto conocerlos.
Mariella me devolvió la sonrisa.
—El gusto fue nuestro.
Cuando comencé a caminar junto a Alessandro escuché a Mariella entre risitas.
—Acapara el pastel y ahora a la que lo hizo.
¿Alessandro acaparándome? Esa posibilidad hizo que mi corazón gritara que necesita más espacio para bombear libremente.
Atravesamos el gentío hasta salir del salón y llegar a la enorme recepción vacía. Nos detuvimos junto a un par de plantas naturales con maceta.
—Es el único lugar que se me ocurrió para que no interrumpa nadie por el momento.
—Puedo ver lo mucho que Mariella lo quiere—sonreí, recordando a mis hermanitos. ¿Cómo serán ellos cuando crezcan? Ya son lo suficientemente territoriales con 6 años—. Ella es muy linda.
—Espero que mi sobrina no sea como ella—parecía perturbado de verdad, pero había algo en sus ojos que me hacía entender que amaba a su hermana.
—¿Está embarazada?
Por su expresión tuve la sensación de que se le escapó algo que no debió decirme. Y también parecía no estar de acuerdo con eso.
—Sí.
—Vaya, felicidades… por ser tío.
Finalmente, Alessandro volvió a mirarme a los ojos fijamente y cambió de tema.
—Dijiste que tenías curiosidades sobre mí también. ¿Cuáles son?
Ya no tenía estómago ni valentía para hacerle esa pregunta. Además, ¿era prudente hacerla? ¿Por qué él debería contestarme? Es obvio que Mariella no es su esposa, pero, ¿y las otras dos? Aunque una de ellas dos parecía tan joven como para ser menor que yo, era una pregunta muy sugerente y no quería parecer de ese tipo de mujer en frente de Alessandro, quería verme madura e inteligente.
Necesitaba rápidamente una pregunta para reemplazar la que me picaba en la cabeza.
—¿Usted me recuerda? De esa noche en el restaurante. ¿No se acuerda de mí?
Cuando Alessandro sonrió suavemente me transmitió una sensación de alivio.
—Si te mintiera sobre eso te darías cuenta.
—Entonces sí me recuerda.
—Por supuesto.
—También en el ascensor.
Él asintió con naturalidad.
—Sí.
—Oh… está bien.
—¿Está bien? —frunció el ceño con una sonrisa abarrotada de desconcierto—. ¿Sólo un está bien?
—Sí… es bueno saber que no resulté invisible—susurré.
Pero me miró fijamente tan pronto como hablé.
—Ti penso sempre—dijo en otro idioma, podría ser francés o italiano, no soy buena con los idiomas. Fue un susurro rápido pero suave—. Fuiste inolvidable, diría yo.
Tragué saliva compulsivamente. Me preocupaba que la magia de cenicienta se acabara y de repente se diera cuenta de que era una mala idea hablar conmigo en una recepción vacía. Sin embargo, quería saber más.
—¿Usted por qué siente curiosidad hacia mí? —pregunté sin tapujos. Debía usar esta repentina valentía que gobernaba mis venas—. Rixton también ganó y no lo veo acercándose a él ni presentándole a su hermana.
¿Qué te pasa? ¿Estás loca? ¿Cómo puedes hablarle así? ¡Él podría ordenar sacarte de aquí a patadas si quisiera!
Pero Alessandro en vez de sacarme a patadas del hotel, sonrió como si le causara gracia mi descarga de repentina intrepidez.
—¿No crees que sería un poco raro que le dé esta atención a un hombre?
—¿Por qué no es raro que me la dé a mí?
Su sonrisa no desaparecía, y tenía la ligera sospecha de que no me estaba dando cuenta de algo que él sí.
—Respóndame una pregunta primero. Creo que me la merezco ya que anteriormente he respondido todas las suyas.
—Bien…
—¿Jasper Carpenter es tu novio?
Fruncí el ceño, nunca antes me sentí tan ofendida en mi vida, incluso aunque ame a mi mejor amigo.
—¿Jasper? Por supuesto que no. Cielos no. Él es como mi hermano.
—¿Y el cariñoso chico francés en el curso de Lucy?
—No puede estar hablando de Vince—me reí—. No es mi tipo.
Al cabo de unos segundos Alessandro sonrió con sutileza y yo me reí incómodamente para aligerar el silencioso ambiente. Pero espera, ¿por qué me pregunta si tengo novio? Quise preguntarle sobre eso, pero volvió a hablar.
—No es raro que te de mi atención si estoy tan interesado en ti, Madeline.