Su respuesta no es emitida con palabras. Es ventajosa, o al menos para mí. Entre caricias y besos nos conducimos a mi habitación, con la sensación de que el universo se ha detenido, para que él, y yo, podamos tener espacio de materializar lo que sentimos... Mi cuerpo se siente ardiendo... ¡Extasiado! Al lanzarnos en mi cama, donde por regla general he dormido en soledad por unos 2 años sin interrupciones... Me encuentro inmovilizada bajo su peso. Deseosa de más de él, agarro su trasero y lo aprieto con mis manos, clavando mis uñas en el, adaptando la misma posesión que se atribuye Jerry cuando toca mis muslos. Su pene duro y rígido, al cual le cálculo unos 18 centímetros, toca mi vientre a medida que él escala encima de mi vestido, me enloquece y puedo palpar como busca refugio

