—¡Pero menudo cerdo está en mis instalaciones!—Exclamo al ver al hombre que me estuvo molestando anoche en el restaurante. —¡Que grata sorpresa verle sola, May!—Exclama en respuesta, haciendo caso omiso de mi mostrado desprecio hacía él. —Oiga señor, no sé qué cree usted, no le he dado confianza alguna para que se sienta con derecho de tutearme. —, la escena en torno a usted fue mendiga y abusiva, le agradezco se limite con respecto al trato hacia mí, o va a tener que marcharse. —Espeto contrariada, de por sí no estoy teniendo un buen día. —Disculpe usted. —, quizás he sido intrépido, pero es poco probable no serlo cuando unos ojos tan bonitos como los suyos merodean en torno a uno. —, soy un hombre, y los límites que he tenido siempre han sido escasos. —Responde y en su rostro se in

