Al entrar a la sala de juntas soy observada con escrutinio por todos los presentes. El motivo de mi desagrado se encuentra ahí sentado, conversando en árabe de forma amena con una rubia de recursos humanos. Y lo mejor de la situación, es que ya su figura tiene un nombre que le corresponde. Rashad. Más adelante me encargaré de que le den su respectiva remuneración y lo despidan. No quiero que continúe al mando de nada relacionado conmigo. —Buenos días a todos. —, espero estén teniendo una mañana menos ajetreada que la mía y sepan disculpar mi impuntualidad. —, detesto serlo, pero me han movido fuerzas mayores. —Espeto con determinación mientras me ocupo en ponerme cómoda. Todos asienten ante en mi saludo en modo de disculpa. Varios de los ejecutivos importantes explican sus respec

