Ha pasado un mes desde que acepté ser su esposa. En este momento, estoy usando mi vestido blanco y largo, del brazo de mi padre. La familia Chrysler y mamá organizaron toda la fiesta, yo no he hecho nada. Mientras camino con papá, me siento muerta en vida. Siento que estoy yendo al matadero. Veo a Logan en el altar y no dejo de pensar en Nicolás, en mi Nicolás. —¿Estás segura? —pregunta papá, su voz llena de preocupación. —Mi amor, ya te lo he dicho, no me importa el prestigio ni nada. Podemos huir ahora mismo —añade, apretando mi brazo suavemente, ofreciéndome una salida que ya no sé si quiero tomar. —Sigamos, papá... —digo con voz apagada, sin mucha fuerza. Aunque en mi mente las palabras "huir" suenan tentadoras, el peso de la realidad me obliga a seguir adelante. Mis pasos se hacen

