Casi no pude dormir en toda la noche. Mis pensamientos se enredaban en un torbellino, y el dolor en mi pecho parecía intensificarse con cada segundo. No pude dejar de pensar en Nicolás, en lo que me había ofrecido, en lo que había sido y lo que nunca llegaría a ser. La necesidad de revivir esos momentos, aunque fuera por un instante, me impulsó a ir hacia el cajón de mi mesa de noche. Con las manos temblorosas, saqué una pequeña cajita de terciopelo, y al abrirla, ahí estaban: el anillo que él me dio, nuestras fotos juntos, la pulsera que me regaló en uno de esos días en que el sol parecía no querer caer, y los collares, los mismos que me miraban cada vez que los usaba, como si cada uno de ellos llevara una pequeña parte de mí. "Mi amor, yo jamás te olvidaré. Me estoy muriendo del dolor,

