Era una mañana cálida y el cielo estaba completamente despejado, así que Magnus había abierto las cortinas para que la luz iluminara su apartamento.
En ese momento estaba sentado frente a su comedor recorriendo la web de las noticias en la pantalla de su laptop y sonriendo como tonto. Habían pasado dos semanas desde que Alexander lo marcó y se sentía tan enamorado y feliz que todavía no podía creer que esos sentimientos existieran.
De pronto, un titular llamó su atención y miró la nota con mucha atención. De inmediato vio que la situación no pintaba bien.
— ¿Se puede saber qué es lo que te tiene tan absorto? —Se escuchó hablar a Ragnor al mismo tiempo que se sentaba a su lado con su taza de café.
Magnus levantó la mirada y se le quedó viendo a su amigo con un poco de sorpresa.
—El New York Times publicó acerca de la fórmula que estamos desarrollando con Alexander —respondió mordiéndose las uñas con nerviosismo.
— ¿Y qué tiene de malo? —Preguntó Ragnor antes de beber un sorbo de su bebida.
—Ya te he dicho varias veces que Alexander mantiene en completo secreto el trabajo que estamos haciendo —respondió pasando una mano entre su cabello—. Acondicionó el laboratorio en el mismo piso que la dirección, es lógico que fue porque no quiere que se sepa de la formula en favor de los omegas en la que estamos trabajando.
—Por favor, Magnus, eres tan paranoico —respondió su amigo cerrando su laptop con fuerza innecesaria—. Deja de angustiarte y ve a cambiarte antes de que llegue tu novio por ti, tienes que lucir muy sexy para él.
Magnus sintió su cara arder cuando su amigo lo miró con burla, Ragnor sabía demasiado de su vida íntima y eso le daba un poco de vergüenza. Cuando la risa de su amigo resonó en la estancia, Magnus, se giró para darle la espalda con su cola muy erguida y se dirigió a su habitación con rapidez.
A pesar del tiempo que había pasado desde que fue marcado, aún no podía quitarse de encima a Ragnor con sus bromas y chistes de mal gusto respecto a su destinado.
Las cosas no mejoraban porque cada noche venía Alexander y tenían sexo de manera tan salvaje que Ragnor se veía obligado a salir y regresar a altas horas de la noche después de que su novio se marchara a su propia casa. Esperaba que su amigo se fastidiara de la situación, aunque se le veía demasiado cómodo, como si hiciera algo realmente interesante en esas horas que pasaba fuera de casa.
Y a pesar de que Alexander no desperdiciaba ningún momento para estar con él, todavía no lo presentaba ante la gente ni a su familia como su novio ni como su destinado. Algo que comprendía porque todavía tenía que resolver el problema que suponía su relación Y para ser franco, no esperaba que él la hiciera púbica.
Magnus le echó una mirada a su guardarropa y finalmente decidió ponerse un traje lustroso y muy entallado. Minutos después salió de su habitación encontrando a Ragnor con su habitual bata blanca del laboratorio.
Su amigo resopló al verlo.
—Vas a trabajar, no a una cita —comentó Ragnor con un bufido, aunque sus ojos brillaban divertidos.
—Hablando de trabajo —dijo acercándose a él—, necesito que dejes a alguien más a cargo del laboratorio que diriges. Quiero que estés a mi lado junto con Cat para terminar de desarrollar la fórmula.
—Ahora sí me incluyes porque tu novio está seguro de que no te arrebataré de su lado —espetó Ragnor entrecerrando los ojos y moviendo su cola con brusquedad.
Magnus desvió la mirada, sabía que en algún punto le reclamaría por dejarlo fuera del proyecto desde un principio.
—Por favor, amigo —siseó con esa voz omega que había aprendido a controlar y usar a su favor—, necesito que estés a mi lado en esto.
Ragnor abrió los ojos de par en par y se echó a reír como un loco y Magnus solo se le quedó viendo confundido.
— ¿En serio crees que me vas a convencer con tu voz omega? —Logró decir él entre sus carcajadas— Vamos, Magnus, no eres tonto, sabes que eso solo funciona con los alfas.
Magnus azotó la cola en el piso y echó sus orejas para atrás, tenía la leve esperanza de que funcionara con Ragnor porque no quería imponerle nada, aun cuando fuera su jefe, quería convencerlo por las buenas.
El sonido de un suave golpeteó en la puerta hizo callar a Ragnor, ambos la veían con las orejas levantadas. Magnus la abrió con cuidado, todavía temeroso a que se pudiera caer a pesar de que la habían mandado reparar después de que Alexander la tirara esa noche que sellaron el vínculo.
—Hola, chico lindo —susurró Magnus viendo a Alexander y agitando su cola como lo hacían los perros cuando estaban felices.
—Buenos días —respondió su destinado tomándolo de la cintura para acercarlo y besar su cuello.
— ¿Te gustaría pasar a tomar algo antes de irnos? —Sugirió con la esperanza de tomar todo menos la bebida que estaba implícita en la propuesta.
—Hoy no —respondió Alexander enderezándose—. Tenemos una reunión importante con los abogados para regularizar el desarrollo de la nueva fórmula.
Magnus suspiró sin dejar de mover la cola con efusividad, Alexander siempre se mostraba tan serio cuando había otra gente alrededor. Sin embargo, cuando estaban solos se convertía en un amante apasionado y tan cariñoso que a veces le extrañaba que existieran ambas personalidades en el mismo cuerpo.
—Buenos días, señor Lightwood —saludó detrás de él su amigo.
—Buenos días, Ragnor —respondió su novio con formalidad y una pequeña sonrisa—. Es mejor que nos vayamos si no queremos llegar tarde a la reunión.
Magnus suspiró decepcionado, pero no replicó. Tomó sus cosas y antes de cerrar la puerta habló en dirección a su amigo.
—Entonces, Ragnor, por favor ve y ordena tu laboratorio. Te espero hoy en el edificio Lightwood.
Un bufido se escuchó antes de que cerrara la puerta tras él.
— ¿Eso quiere decir que aceptó trabajar en mi empresa? —Preguntó Alexander mientras bajaba a toda prisa por las escaleras del edificio.
—Algo así —respondió un poco agitado al intentar mantener el paso de su destinado.
Finalmente llegaron al vehículo de Alexander y salieron en dirección al edificio Lightwood.
Magnus veía con atención la atractiva silueta de Alexander, quien manejaba con tranquilidad en dirección a su corporación. Se le veía tan serio que él mismo se sintió un poco intranquilo.
—No me mires así —pidió su destinado con una media sonrisa—, es muy probable que termine encima de ti si no volteas a otro lado.
Magnus desvió su mirada con una gran sonrisa, en realidad deseaba tenerlo encima todo el día; sin embargo, la reunión que mencionó con anterioridad era muy importante.
El automóvil bajó al estacionamiento del edificio y aparcó en el amplio espacio del lugar correspondiente al director. Magnus desabrochó su cinturón de seguridad y antes de que pudiera abrir la puerta, una mano lo detuvo por la muñeca. Al voltear a verlo, él lo tomó por la cintura y lo jaló sobre su regazo quedando sus piernas extendidas sobre el asiento en el que había estado sentado.
Se sonrojó un poco al ver esa hermosa mirada azul que lo observaba con una mezcla de cariño y felicidad. Un suave ronroneo dejaba la garganta de Alexander al mismo tiempo que su cara era acariciada con delicadeza.
—Todavía no puedo creer que esto esté pasando —susurró Alexander en un tono ronco, y cuando dejó de hablar siguió ronroneando.
Magnus sonrió recargándose en el toque mientras agitaba su cola siendo contagiado por esa felicidad.
Ambos echaron sus orejas para atrás y Magnus besó con suavidad ese rostro que mantenía los párpados cerrados. Se sentía feliz y seguro con ese ronroneo grave como único sonido retumbando en sus oídos. Finalmente, posó sus labios sobre los de su novio y lo besó con sutileza en un intento de expresarle todo el amor que sentía por él.
Por primera vez en dos semanas no estaba desesperado por sexo, solo sentía calidez en su pecho mientras besaba esos firmes labios que le regresaban el beso con dulzura, casi con devoción.
El rugido de un automóvil entrando en el estacionamiento lo hizo brincar para regresar de nuevo a su asiento con la piel erizada. Levantó sus orejas cuando escuchó la suave risa de Alexander.
—Eres muy nervioso —murmuró su destinado tomando entre sus manos su cola atigrada.
Lo vio acariciarla para después dejar suaves besos sobre ella. Magnus casi se funde ante esa acción, así que aclaró su garganta cuando sintió que se cerraba lista para ronronear.
—Creo que ahora sí deberíamos de irnos, ya es hora de que empiece la reunión con los abogados.
Alexander asintió con seriedad y ambos se dirigieron al piso de la dirección. Magnus trataba de comportarse profesionalmente y mantener una distancia física entre ellos, aunque no podía evitar rozar de vez en cuando sus manos. Se sentiría avergonzado de su comportamiento si Alexander no hiciera lo mismo, ninguno de los dos era capaz de mantenerse alejado por mucho tiempo.
El elevador se abrió y ambos se dirigieron con prisa a la sala de reuniones. Por el rabillo del ojo vio a su gente en el laboratorio, aun así, no pudo comprobar si Ragnor ya se había unido a su equipo.
En la sala ya estaba Izzy explicando un pequeño resumen de la fórmula que querían registrar.
Por un lado de la mesa estaban sentados tres hombres que para su gusto parecían todo, menos abogados. Sin tomar en cuenta sus dudas, se obligó a relajarse y ocupar su lugar entre esas personas, pero la mano sobre su hombro se lo impidió y tiró de él hacia la cabecera de la amplia mesa.
—Este lugar no me corresponde, es solo para tu familia —murmuró sobre la oreja de Alexander.
—Tu lugar es a mi lado —respondió su destinado en el mismo tono bajo.
—Así que —dijo un señor de edad mediana parándose de su lugar y dirigiéndose a la cabecera de la mesa—, eso quiere decir que, ¿están trabajando para beneficiar a la comunidad omega, cuando el objetivo de su empresa es desarrollar medicamentos para alargar y proteger la vida de los alfas?
El tono altivo de ese sujeto le parecía bastante molesto, vio de reojo que Izzy lo miraba con pánico entremezclado con vergüenza. Casi se rio por esa reacción, él ya sabía que esa empresa no tenía ninguna preferencia por su género, inclusive todavía se sorprendía que los padres de Alexander no se hubieran negado a aceptar su proyecto.
—Es un nuevo proyecto en el que he decidido invertir —comentó Alexander con tranquilidad—, la comunidad omega merece una vida segura al igual que nosotros.
El señor que ahora se encontraba muy cerca de Izzy bufó con burla.
— ¿No se han puesto a pensar que si fortalecen a los omegas nosotros podríamos vernos en desventaja? —Sugirió el tipo con sonrisa irónica.
Izzy se levantó con brusquedad luciendo molesta.
—Nosotros no desarrollamos productos con la intención de mantener el poder de nuestro lado, solo queremos mejorar la calidad de vida de la gente —espetó ella con furia.
—Veamos si siguen atentando con nuestra comunidad cuando ustedes estén al mismo nivel de peligro —sentenció el tipo tomando a Izzy por el cuello y apuntando un arma en su cabeza.