Magnus estaba subiendo por el elevador de la corporación Lightwood sintiéndose tranquilo por primera vez en lo que parecieron años, gracias a que se había tomado una semana completa para descansar en casa.
“Cuando habló por teléfono con Alexander para excusarse y avisar que estaría ausente, este se había negado emitiendo ese gruñido dominante que le exigía volver a su lado. Magnus se negó firmemente, aunque no pudo evitar tocarse mientras escuchaba los reclamos de Alexander del otro lado de la línea. Él decía que no importaba como se sintiera que tenía trabajo por hacer.
Magnus se quedó callado cuando su orgasmo lo atravesó con fuerza e intentó disimular su respiración agitada. Pensó que Alexander ya había colgado; sin embargo, una respiración pesada en el auricular le advirtió que seguía allí.
Magnus sintió que su garganta se cerraba, aunque no de una forma asfixiante, era una sensación nueva como si se preparara para ronronear. Así que comenzó a hablarle de una forma suave y melodiosa que no sabía cómo había logrado hacer. Le explicó que Cat continuaría con su trabajo, que ella sabía muy bien cómo elaborar la fórmula.
Al escuchar un suave jadeo supo que Alexander estaba haciendo lo mismo que él había hecho segundos atrás. Así que siguió hablando en ese mismo tono suave y seductor acerca de lo buena que era Cat en su trabajo y que confiara en ella, que por favor le proporcionara la información necesaria para continuar con la investigación. Se quedó callado cuando escuchó que la respiración de Alexander desaparecía de la línea. Esperó con paciencia hasta que su destinado habló con su voz entrecortada para aceptar su petición.
Magnus no quería colgar, pero se obligó a hacerlo”.
Ahora que se abrían las puertas del ascensor aspiró con seguridad y confiando en que el aroma de ese alfa no le afectaría en lo más mínimo. También ayudaba mucho el hecho de que no había nadie en ese piso más que Alexander y su secretaria. Así que caminó contoneándose con sensualidad como siempre lo hacía en dirección a la oficina de Alexander muy consciente del peso de la jeringa que llevaba en el bolsillo de su bata blanca.
Al final había aceptado la propuesta de Ragnor para comprar la droga que rompería su vínculo. Estaba muy dispuesto a inyectársela, aunque todavía no decidía en qué momento lo haría.
—Buenos días, Alexander —saludó con amabilidad al entrar con magnificencia en la oficina y apoyando su cadera al lado del escritorio con total seguridad.
El aroma de Alexander le picaba el cuerpo, pero no de la misma forma incomoda y sofocante que había hecho la semana anterior. Su destinado lo observaba con atención recorriéndolo con la mirada una y otra vez. Magnus en ese momento se sentía poderoso y magnífico moviendo su cola sin ningún pudor.
—Te sentó bien el descanso —admitió Alexander siguiendo con la mirada el movimiento ondulante de su cola.
—Solo quise pasar a saludarte —comentó a la ligera—. Y avisarte que hubo un avance en la elaboración de la fórmula así que estaré trabajando con mi gente todo el día.
Ambos se miraron con atención y mucha tranquilidad, el lazo que los unía se sentía liviano como si las cosas entre ellos estuvieran bien. Ahora al estar tan tranquilos se sentía culpable de la jeringa que llevaba en su bata.
Sin querer echó para atrás sus orejas dando a saber que ocultaba algo, al mismo tiempo Alexander levantó las suyas como muestra de estar alerta.
—Debes saber algo —interrumpió en el momento que lo vio abrir la boca—. Ragnor encontró una droga experimental para romper el lazo que une a los destinados antes de consumar el vínculo. Estoy por aplicármela, tal vez lo haga en la tarde —esa mirada azul se volvió tan intensa que no pudo soportarla y tuvo que desviar la propia a esa cola esponjosa que lucía erizada—. Así ya no te verás obligado a atarte a mí y podrás casarte con la chica alfa que estás buscando.
Un silencio pesado se formó entre ellos, el omega que llevaba adentro se retorcía arrepentido por enfrentar al alfa de esa forma. Aunque su orgullo le decía que no debía doblegarse porque esa droga era la solución y no debería haber espacio para discusiones.
—Si es experimental te puede causar algún daño, no te la inyectes —gruñó Alexander levantándose con brusquedad.
La voz gruesa le erizó la piel al igual que el fuerte aroma que provenía de él, se dio cuenta de que estaba dejando salir a su posesividad territorial. Su omega interior sentía la necesidad de tomar la jeringa y romperla para cumplir la orden de su alfa. Aun así, levantó las orejas y se encaminó a la salida de la oficina.
—No te estoy preguntando, Alexander —siseó al mismo tiempo que sacudió su cola—. Lo voy a hacer hoy por la tarde después de preparar la nueva fórmula en la que ha estado trabajando Cat, así que por favor mantén tu distancia.
Dicho esto, salió de la oficina con su andar provocativo en dirección al elevador para ir al piso de arriba y tomar la investigación que no había podido leer todavía. El lazo en su muñeca ardía con furia, lo que lo hizo sacar las garras y arañarse el brazo con el deseo de deshacerse de esa maldita sensación provocándose heridas profundas y sangrantes en la piel.
Al abrirse el elevador se encontró con su equipo de laboratoristas y a Cat que lo miró con los ojos muy abiertos.
— ¿Qué te pasó en la muñeca? —Preguntó ella cuándo lo tomó del brazo y lo examinó con cuidado.
—Es ese maldito lazo, ya no lo aguanto —murmuró cuando todos los demás ya se habían dirigido al pequeño laboratorio.
Cat suspiró y lo miró comprensiva.
—Ven, te curaré porque si lo dejas así se puede infectar.
—Ahora no tengo tiempo, primero tengo que ir por la investigación —comentó sacudiendo su brazo para quitarse a Cat de encima, aunque ella no lo soltó.
—La investigación ya está en el laboratorio, el señor Lightwood la bajó para nosotros —respondió ella tirando de él al laboratorio. Magnus se sorprendió de que Alexander hubiera confiado de esa forma en Cat sin conocerla, al parecer esa extraña voz que salió de él funcionó a la perfección—, ¿qué le dijiste para que nos diera la investigación que guardan solo para ellos? —Susurró en el momento en que entraron al laboratorio.
Magnus volteó hacia la oficina de Alexander y lo vio muy ocupado con una pila de papeles. Recordó aquella llamada y de nuevo sintió que la garganta se le cerraba de esa extraña forma.
—Solo se lo pedí cuando hablamos por teléfono —susurró con la voz suave y melodiosa que le había hecho a Alexander.
Cat levantó las orejas con sus ojos desorbitados clavados en los suyos, un latido pasó y se echó a reír a carcajada abierta. Magnus le tapó la boca agachando las orejas y miró hacia la oficina de Alexander de nuevo, por fortuna se veía igual de concentrado.
— ¿Qué demonios te pasa? —Exigió trinando con frustración.
— Magnus, ¿le hiciste esa voz por teléfono? —Preguntó ella alejando su mano de la boca.
—Sí, es algo que se me salió sin querer… ¿Qué tiene de malo? —Preguntó dirigiéndose al lavabo para limpiarse la sangre de la muñeca.
—Eres un omega de los más puros y no sabes cómo funciona tu cuerpo —se burló ella sacando un rollo de gasas de una estantería—. Ese tono es la “voz omega”. Es la voz que utiliza tu especie para calmar a los alfas, en tu caso, la usaste para convencerlo de que nos diera la investigación. Es un arma muy funcional a decir verdad.
Cat lucía divertida mientras le colocaba la gasa alrededor de la muñeca. Magnus reconoció que eso era algo nuevo para él. Sí, era un omega, pero nunca había reaccionado de esa forma ante un alfa, nunca hubo uno lo suficientemente fuerte como para provocarle ni siquiera agachar las orejas.
Magnus le sonrió a Cat con complicidad porque era cierto, la dichosa voz omega era un arma que podía utilizar contra Alexander. En ese momento ya no se sentía en desventaja, ahora podría intentar manipularlo si la situación no le favorecía.