Aceptación

1896 Palabras
—Magnus, ya me voy. Nos vemos mañana —se despidió Cat besando su mejilla. Magnus sacó su celular con un poco de confusión y vio que ya eran pasadas de las diez de la noche, ni siquiera se había dado cuenta de a qué hora había anochecido—. Ve a casa y come algo, por favor, no te esfuerces mucho apenas vas saliendo de tu celo. Magnus volteó a la oficina de Alexander la cual estaba vacía, así que era el momento perfecto para hacer lo que tenía en mente. —Me quedaré a esterilizar el laboratorio —contestó al cerrar los documentos que estaba leyendo—. Por favor llama a Ragnor y dile que venga por mí, necesito que me ayude con unas cosas. Cat asintió sin preguntar y se marchó con el celular en la mano. Magnus se mordió la lengua porque no le gustaba mentirle a su amiga, pero no quería preocuparla. De verdad necesitaba a Ragnor para que le ayudara por si la droga de la cancelación del vínculo no funcionaba o tenía efectos secundarios que no pudiera controlar. Sacó el tubo con el líquido púrpura y lo examinó. Su muñeca le dolió al aceptar que en realidad no quería hacerlo. Alexander representaba todo lo que a él le gustaba, era lógico que no se hubiera enamorado de él todavía, aunque no podía negar el aleteo en su estómago cada vez que lo veía y escuchaba su voz. Sobre todo cuando lo escuchaba decir su nombre, le erizaba la piel de forma placentera. Suspiró con mucha tristeza al reconocer que era mejor cortar ese sentimiento de raíz. De todos modos su destinado no estaba dispuesto a estar con él y si era cierto lo que Izzy decía, tampoco estaba dispuesto a sufrir por alguien que no lucharía por él. Quitó el protector de plástico de la jeringa y la levantó con mano temblorosa. Después de unos cuantos segundos de duda la clavó con fuerza en su muslo. Antes de que pudiera apretarla para introducir el líquido en su sistema, una mano más grande que la suya le arrebató la jeringa. No necesitaba preguntar quién había sido porque el calor del cuerpo que se mantenía detrás de él era inconfundible. — ¿Por qué tienes que quitarme todo lo que debo de inyectarme? —Preguntó con frustración girando para encontrar a un furioso Alexander. —Te ordené que no te inyectaras esta cosa —espetó su destinado apretando tanto la mano en la jeringa que le hizo una pequeña grieta al vidrio. —Y yo te dije que no te estoy pidiendo permiso —desafió pegando su cuerpo al de Alexander. El contacto le aceleró el pulso al mismo tiempo que su boca picaba por devorar esos labios que estaban fruncidos por la furia. Su garganta se cerró y recordó el recurso que había descubierto para tener una ventaja sobre ese hombre. —Vamos, Alexander —susurró con esa suave y melodiosa voz mientras ondeaba su cola de manera hipnótica. Deslizó su mano por la tela de la camisa negra que cubría el firme torso—. Ambos sabemos que esta es la mejor forma para evitar el dolor… Vamos,  regrésame la droga. Vio con satisfacción cuando esos ojos azules se dilataron y la expresión de ese hombre se suavizaba. Desvió su mirada a la mano que estaba aflojando la medicina. Sintiendo el triunfo en sus manos apresuró un movimiento para tomarla, pero Alexander fue más rápido y levantó más su mano para alejarla de su alcance. Una risa grave hizo mover la manzana de Adán de la pálida garganta de su destinado. — ¿Crees que no sé lo que estás haciendo? —Murmuró sobre su oreja provocándole un estremecimiento que se concentró en la base de su cola. El cuerpo de Alexander se estaba recargando sobre el suyo y lo encerró por completo contra la blanca mesa—. Intentas seducirme con tu voz omega para convencerme de hacer lo que tú quieres. Sin embargo, mi orden fue directa, Magnus Bane —gimió cuando Alexander enterró su cara en el hueco de su cuello—. No te vas a inyectar esta droga. Por el rabillo del ojo vio que Alexander sacudió su mano y de inmediato escuchó el impacto del vidrio hacerse añicos sobre alguna superficie dura. Magnus abrió los ojos con amplitud cuando dos manos calientes y fuertes se colaron por dentro de su camisa para acariciar su espalda con fuerza. Extendió sus garras y las clavó en los hombros de Alexander cuando sintió que su cuerpo tembló por la cercanía de ese hombre. Los músculos de su destinado se tensaron bajo sus manos. —Espera —jadeó cuando esos labios se deslizaron por su cuello. —Vamos, deja salir ese aroma para mí —susurró Alexander rozando los labios sobre su piel hasta llegar a morder con suavidad su oreja. Magnus encajó más sus garras, aunque el alfa parecía no inmutarse. —No estoy en celo, ¿recuerdas? —Logró balbucear al mismo tiempo que sintió ese calor del inicio del mismo surgir en su vientre. Magnus estaba temblando en los brazos de ese hombre, más que por el placentero recorrido de las manos de su destinado sobre él. Tenía mucho miedo de que su celo llegara de nuevo, temía que su cuerpo se desbalanceara por tanta medicina que se había inyectado. Alexander aspiró con fuerza sobre su cuello. —Sí, así —gruñó apretando más su cuerpo contra el suyo. Jadeó cuando sintió la erección de Alexander chocar contra la suya por debajo de las capas de ropa que las cubría. Lo empujó un poco con la intención de huir de ese lugar, aunque solo logró ver la expresión de salvaje deseo, casi estaba seguro de que ese alfa lo devoraría en ese momento. Sus sospechas se hicieron realidad cuando los labios de Alexander chocaron contra los suyos en un beso castigador. No era un beso cariñoso, era cruel y lleno de ira. Puro instinto chocando entre sí, el alfa reclamando a su omega, a su destinado. Magnus se sentía tan abrumado que no podía corresponder al beso solo dejó que él tomara todo lo que quisiera y saciara su propia sed. Su cola se movió a voluntad y se enredó en uno de los brazos de Alexander al mismo tiempo que el calor abrasador inundó su sistema. Deseaba más, necesitaba más, anhelaba la mordida de su destinado sobre su cuello, ese lugar ardía y palpitaba como si sintiera la cercanía de esos colmillos que mordían con fervor sus labios. La mano de Alexander se movió a la base de su cola y apretó esa sensible curva donde terminaba el pelo y empezaba la piel. Abrió los ojos de par en par por la sorpresa y el placer. Se encontró con un ceño fruncido y los ojos cerrados con fuerza, se veía totalmente perdido en el feroz beso. Alexander apretaba ese punto una y otra vez, así que Magnus cerró los ojos y retrajo sus garras para abrazarlo por el cuello. Esta vez correspondió el beso logrando un gruñido bajo de Alexander, se sentía tan excitado al darse cuenta de que lo estaba aceptando como su destinado, él también deseaba el vínculo. Sus feromonas se regaron por toda la estancia, él mismo percibía la fuerza de aquel aroma dulce que inundaba el laboratorio. —Alec, ya fue suficiente —siseó una voz femenina, provocando que esos firmes labios se separaran de los suyos a la vez que gruñía en dirección a la voz. Magnus gimió frustrado aferrándose con más fuerza, sin embargo, se vio obligado a soltarlo cuando un brazo lo empujó detrás de la alta figura de Alexander. Parecía estar protegiéndolo de la amenaza que suponía ser la madre de él, la cual se mantenía en la entrada del laboratorio. —Vete —gruñó Alexander, aunque no estaba muy seguro de a quien le estaba hablando. —Hijo, no vengo a irrumpir tu territorio —dijo Maryse con mucho cuidado—. Recuerda lo que platicamos, si quieres que la empresa sea totalmente tuya debes casarte con una mujer alfa. No creo que quieras abandonar tu legado por una cosa estúpida como un destinado. Magnus no quiso ver a la mujer ni la expresión del hombre que lo mantenía detrás de él y menos cuando el silencio que se propagó en la estancia lo sofocó al punto de querer llorar. — ¿Alexander? —Gimió pegando su cara contra los omóplatos del aludido. —Vete, Magnus —susurró apenas audible volteando en su dirección—, no es el lugar correcto ve a tu apartamento y espérame allí —lo apretó con más fuerza y tiro de él hacia la puerta del laboratorio. Al cruzar el umbral vio con rapidez la expresión altiva y disgustada de Maryse. No estaba muy seguro si había escuchado bien lo que había dicho Alexander, así que se echó a correr al elevador. Estando en ese espacio en completa soledad, trató de retraer sus feromonas, pero ya no podía hacerlo porque su fuerza se había desvanecido. Solo esperaba que Ragnor estuviera en la salida para ayudarlo. Salió corriendo del elevador cuando se abrió en el primer piso y para su alivio ahí estaba él, recargado en su automóvil viéndolo con un gesto confundido. Magnus se lanzó a sus brazos sintiéndose muy indefenso y expuesto a las narices de los alfas que pudieran estar cerca. —Ayúdame, amigo —gimoteó enredando su cola en la del beta— por favor ayúdame.     ***** Alec casi empujó a su madre para dirigirse a su despacho. Detrás de él llovían regaños como si fuera un niño pequeño al que atrapó con las manos en el tarro de galletas. La ignoró por completo y se detuvo para mirar por los ventanales hacia la calle que estaba iluminada por farolas de luz amarilla. Vio un convertirle rojo aparcado justo en la entrada del edificio. Recargado en él, estaba aquel hombre que Magnus llamaba como Ragnor, se veía molesto azotando su cola sobre el piso, de pronto detuvo el movimiento para abrir los brazos. De inmediato Magnus salió disparado del edificio en dirección a esos brazos abiertos que lo envolvieron. Vio con disgusto cuando las colas de ambos se enrollaron juntas. Su lazo se sentía doloroso y caliente cuando las manos de Ragnor acariciaron la espalda de Magnus. Levantó las orejas y un gruñido salió de su garganta cuando vio a Ragnor sacar una jeringa y clavársela a Magnus en el trasero. Casi al instante lo vio desmoronarse en brazos de ese tipo dejando caer su cola del enlace que había formado. Ragnor lo tomó en brazos y lo subió a la parte trasera del automóvil y momentos después el vehículo desapareció de su vista a toda velocidad. Con sus manos hizo puños y trinó frustrado. — ¿Tan siquiera me estás escuchando? —Preguntó la furiosa beta. —Sí, madre —espetó irguiéndose—. Sé cuáles son mis responsabilidades y cómo debo cumplir con ellas. Tomó las llaves de su carro y se dirigió al elevador. Detrás de él los gritos de su madre se hacían eco, aunque eran innecesarios porque ya había tomado una decisión. Una decisión que no sería cuestionada por nadie si no querían enfrentar a un alfa furioso.
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